CINEUROPA 2016: CONTRA LOS ESPECTADORES CARTESIANOS

Un año más, y van 3 décadas, Cineuropa llenó la Rúa Nova de Santiago de Compostela de colas infinitas esperado el pase de la nueva de Xavier Dolan y conversaciones sobre los referentes bíblicos de O Ornitólogo (João Pedro Rodrigues, 2016). Más de 300 títulos en un certamen imposible de abarcar en su totalidad, al que este año se unió la sala de cine NUMAX, que ya es la referencia del cine en Santiago. Entre los títulos, conocidos referentes (Eugene Green, Whit Stilman, François Ozon…) se juntaban con promesas ya consagradas (Oliver Laxe, Xavier Dolan, Albert Serra…) para dar un programa lo más heterogéneo posible.

Ambiente de festival na rúa Nova compostelana. Foto: Cineuropa

Ambiente de festival en la rúa Nova compostelana. Foto: Cineuropa

De nuevo, Mimosas (Oliver Laxe, 2016) obligó a colgar el cartel de “entradas agotadas. Y es que no solo el director estaba para presentar la película, sino también Shakib Ben Omar, que encarna al protagonista de este viaje espiritual por las montañas del Atlas marroquí. Durante el coloquio posterior, Laxe remarcó, además de la dureza del rodaje, que este filme supuso un viaje espiritual hacia un camino que permanece abierto. Al ser preguntado por las secuencias en las que las luces de lso taxis cortan la belleza nocturna del desierto, Laxe afirmó que “somos espectadores cartesianos: lo queremos entender todo. Pero, a veces, hay cosas que se sienten y no se entienden”.

Esta afirmación me persiguió en cada una de las películas posteriores. En lugar de descifrar el lenguaje de cada director o qué me pretendía transmitir, opté por buscar lo que querían hacer sentir. La peor respuesta la encontré en Malgré la nuit (Philippe Grandrieux, 2015), un ejercicio de resistencia entre las ganas de marchar de la sala y la lucha de los párpados por no cerrar el telón. Pero, dejemos la poca fortuna de ésta y sigamos buscando esos sentimientos como Fernando (Paul Hamy), el protagonista de O ornitólogo hace en su odisea por el norte de Portugal. Este filme, entre el delirio buñuelesco de Simón del desierto (Luis Buñuel, 1965) y una epopeya bíblica, narra el viaje personal (y espiritual) de un ornitólogo perdido en las montañas después de un accidente. El viaje trasciende su supervivencia y se transforma en una búsqueda del yo donde la religión cobra mucha importancia. Un grupo de caretos que sacrifica animales mientras danza alrededor del fuego, un ganadero de cabras sordomudo que se llama Jesús, dos chinas con una habilidad innata para el bondage… El universo que crea João Pedro Rodrigues es hermoso, acercando a su película una pureza estética que muchos desearían.

También la estética tiene una importancia crucial en The Neon Demon (2016), donde Nicolas Winding Refn vuelve a mostrar que en la composición de sus secuencias color y luz son los elementos más importantes. Con una Jesse (Elle Fanning) que parece que se puede romper en cualquier momento cual muñeca de porcelana, la película es una visión cruel y sádica del mundo de la moda donde la superficie es lo que cuenta. A pesar de que para la fama quedará la secuencia final, que no destriparé aquí, yo me quedo con el éxtasis estético que supone la transformación de Jesse cuando es devorada por su propia belleza. Un ejercicio hermoso de sutileza que aprovecha los excesos de la música electrónica y el neón. Alabada por unos, y aborrecida por otros, la cinta no deja de ser una constatación más de que Nicolas Winding Refn no deja indiferente. Ahora solo queda desear que, los que lo critican por no haber hecho nada después de Drive (2011), vean que antes hizo méritos de sobras con Bleeder (1999), Pusher II (2003) y Bronson (2008) como para vivir de rentas un tiempo.

The Neon Demon (Nicolas Winding Refn, 2016)

The Neon Demon (Nicolas Winding Refn, 2016)

Como comprenderán, dedicarse a esto de ver películas y escribir de las mismas tiene muchas cosas buenas, entre ellas, poder usar esta palestra para escribir líneas y líneas del cine que me gusta; pero también tiene contrapuntos: uno no puede verlo todo. Por eso, reconozco que soy un gran desconocedor de la obra de Xavier Dolan: si, es imperdonable… pero, nadie es perfecto. Juste la fin du monde (2016) fue mi iniciación en la filmografía de este enfant terrible adoptado por Cannes… y quizá no fue la mejor película para comenzar. El guión, adaptado de una obra teatral, forzaba excesivamente los espacios haciendo que las acciones estuviesen muy comprimidas en una u otra estancia. Pero, con todo, las secuencias en las que el personaje de Louis (Gaspard Ulliel) se abstrae en sus recuerdos son de una belleza tal que los defectos de la película se me olvidan pronto. Para más, la secuencia en la que Dolan saca de nuestro baúl de los recuerdos la infame canción de Dragostea Din Tei de O-Zone roza lo sublime. Me queda ahora hacer los deberes y ponerme las pilas con la filmografía de este director canadiense.

Dentro de las películas con presencia gallega programados, María y los demás (Nely Reguera, 2016) comparte con la obra de Dolan el escenario: una comida familiar. En la de Reguera la reunión familiar para celebrar el cumpleaños del padre de María (Bárbara Lennie) provocará el cambio radical de la vida de la misma. Sorprende la película en dos cosas: en lo diferente que graba la ciudad de Coruña, donde apenas aparecen lugares emblemáticos que permitan localizarte en el mapa de la ciudad; y en el acierto al retratar una crisis personal sentimental sin caer en el drama fácil. Que sería un éxito estaba casi garantizado desde el momento en que se sabía que Bárbara Lennie sería la protagonista, y es que esta actriz es capaz de levantar sola cualquier película; pero lo que quizás no esperaba era que el film se fuese fiel a si mesmo. Me refiero con esto a que no traicionase la narración que construye durante todo el metraje en un falso final feliz, o que optase por endulzar la situación incluso en los momentos de crisis más grave. Personalmente, una de las mejores comedias que se han hecho en el cine español reciente.

María y los demás (Nely Reguera, 2016)

María y los demás (Nely Reguera, 2016)

Bárbara Lennie aparecía por partida doble en el Cineuropa de este año, y es que en Las furias (Miguel del Arco, 2016) la actriz tenía un rol secundario pero crucial para el desarrollo de la historia. De nuevo, una familia en el epicentro de una crisis: la madre quiere vender la casa familiar. Además, una boda, un romance secreto, la quiebra de un matrimonio y más. Y es precisamente en ese ‘más’ donde la película falla, ya que el exceso trágico acaba jugando en su contra. Si bien en la mayor parte de los giros de la trama el espectador no se queja, hacia el final de la misma, son tantos los giros que uno acaba desorientado sin saber qué está viendo y por qué se cae en los mismos clichés de siempre. Todo esto acompañado por una protagonista, María (Macarena Sanz), nada creíble y exagerada. Pero, por otra parte, el trabajo de Carmen Machi o Mercedes Sampietro es sublime. Nota aparte para José Sacristán que, en su interpretación de un abuelo con alzheimer, es capaz de hacer que se te encoja el corazón con tan solo un gesto en su rostro.

Con su clásica postura autoimpostada de rebelde, Albert Serra presentó su cinta La mort de Louis XIV (2016) como “la mejor película que vereis en este festival”. Lo peor de todo es que no se equivocó, con permiso de Mimosas. Su sobria y banal apuesta de retratar la muerte del rey francés despertó sentimientos encontrados. Si bien algunos, pocos, abandonaron la sala durante el pase (lo cual explicaría por qué una puntuación tan baja en las notas del público), fueron muchos los que quedamos hasta el final esperando lo que el título ya anunciaba. Sin salir de la habitación del monarca, Serra presenta al rey como una contradicción: el representante del poder absoluto exento de poder, postrado en su cama, esperando a la muerte. Si, la película se repite y embarulla en diálogos extraños que no llevan a ningún lugar y la acción destaca por su ausencia, pero, ¿qué otra forma más fiel existe de filmar la muerte? Además, el diseño sonoro se expande por la cinta haciendo que la unidad temporal se diluya y nunca tengamos referencia de cuantos días llevamos encerrados en aquella habitación con el monarca.

Una de las sorpresas del festival fue Il solengo (Matteo Zopis y Alessio Rigo de Righi, 2015), documental que se centraba en la vida de Mario de Marcella, un ermitaño que vivía en un bosque italiano. A través de los testimonios de aquellos que lo conocían, los directores dibujand a Mario de Marcella, un hombre traumatizado especialmente por una madre violenta y mística. En poco más de una hora, pasamos a formar parte de ese paisaje de leyendas y cuentos que narran los vecinos de la zona y creemos conocer al ‘Solengo’ pero el nunca aparece en la pantalla. Hacia el final, la silueta de un hombre en la camilla en lo que parece un hospital. ¿Es él, la persona de la que tanto oímos hablar y no vimos? Los créditos comienzan a salir y la pregunta queda colgada sin respuesta. Cada quien que saque sus conclusiones.

Il solengo (Matteo Zopis y Alessio Rigo de Righi, 2015)

Il solengo (Matteo Zopis y Alessio Rigo de Righi, 2015)

Para finalizar esta revisión de esta edición de Cineuropa, nada más apropiado que Voyage à travers le cinéma français (Bertrand Tavernier, 2016). El documental de casi 200 minutos desgrana las mejores obras del cine francés clásico bajo el criterio de Tavernier. Lo que podría ser una muestra de egolatría resulta ser una clase magistral del director francés donde la pasión con la que habla de los clásicos se acaba por contagiar al espectador. Usando imágenes de las películas, testimonios de entrevistas y demás, la película se convierte en una especie de archivo donde conocer aspectos ocultos del cine de Renoir o Grangier. Al finalizar no queda más que la envidia, la envidia de poder hacer una película de este tipo donde se nota el placer de Tavernier al conversar con el espectador de las secuencias que marcaron su vida.

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