COLUMBUS, de :kogonada

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Durante los últimos años, a través de las diversas plataformas de vídeo online y medios especializados, se ha producido una interesante renovación del “vídeo-ensayo” como herramienta de crítica cinematográfica. Esta evolución es el resultado de la proliferación de numerosos canales y artistas que ofrecen su particular versión de este formato, que ha alcanzado una considerable audiencia. Kevin B. Lee, Jacob T. Swinney, Lessons from the Screenplay (especializado en análisis de guion) o el recientemente clausurado Every Frame a Painting son tan solo algunos de los ejemplos más populares de esta nueva corriente. Tanto críticos profesionales como amateur utilizan este medio, y la difusión de las citadas plataformas, para ofrecer una vía de entrada accesible y amena a conceptos complejos relacionados con el análisis fílmico. Se trata de un panorama de difícil clasificación, y ampliamente heterogéneo, pero entre todos los ensayistas que trabajan en la actualidad es justo destacar el estilo depurado y la mirada singular de :kogonada.

Bajo este seudónimo (un homenaje al guionista japonés Kogo Noda, colaborador habitual de Yasujirō Ozu), se esconde la identidad de un profesor, artista y realizador americano de origen sur-coreano. Sus obras son pequeñas piezas llenas de lirismo y significado, sin apenas texto ni narración, centradas en analizar la dimensión estética de obras y directores como Bergman, Hitchcock o incluso Ozu. No son reflexiones puramente didácticas, :kogonada no intenta imponer una tesis o lectura determinada al espectador. Al contrario, en sus vídeos prima la exploración libre y pura de la forma, de los mecanismos internos que emplean estos grandes cineastas y que acaban por conformar lo que llamamos su “marca” o “sello personal”. Colaborador habitual de ‘Criteron Collection’ y del ‘British Film Institute’, :kogonada siempre tuvo como meta dirigir su propio largometraje. Después de alcanzar notoriedad internacional gracias a sus ensayos, que lo han llevado incluso a formar parte de jurados oficiales como el de Las Palmas, el director estadounidense ha visto este año cumplido su objetivo.

Estrenada en el Festival de Sundance, y tras pasar discretamente por diversas competiciones internacionales como la de Rotterdam o Mar de Plata, llega a nuestras pantallas Columbus (2017). Escrita, dirigida y editada por el propio :kogonada, la película supone al mismo tiempo la materialización de un sueño y la consagración de un estilo largamente anunciado. Se trata de un debut humilde pero rotundamente sólido, en el que resulta imposible no buscar (y encontrar) conexiones con los trabajos previos de su autor. Desmontando la aparente “dicotomía” entre crítico y cineasta, :kogonada se pone detrás de las cámaras para incidir en su fascinación ante las posibilidades formales y estéticas que ofrece el cine. Junto al director de fotografía Elisha Christian (In Your Eyes), logran componer una impecable experiencia visual que toma como eje principal el poder de la arquitectura y su profunda influencia en las vidas y relaciones humanas.

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El reparto está encabezado por John Cho y Haley Lu Richardson (en una de las interpretaciones más discretamente conmovedoras del año), personificando dos actitudes vitales aparentemente distintas, pero que en el fondo comparten una misma sensación de confinamiento. La historia comienza cuando Jin (Cho), traductor para una editorial en Seúl, recibe la noticia de que su padre, un reputado profesor de arquitectura, cae gravemente enfermo durante una estancia en Columbus (Indiana). A pesar de que siempre han mantenido una fría relación, y de llevar más de un año sin dirigirse la palabra, Jin se siente obligado a viajar a Estados Unidos. Una vez allí conoce a Casey (Lu Richardson), una joven de 19 años apasionada por la arquitectura, que acaba de terminar el instituto y trabaja a tiempo parcial en la biblioteca local. Por su parte, la chica ha optado por permanecer en la ciudad cuidando de su madre (con un pasado marcado por las drogas y las relaciones tormentosas), en lugar de continuar estudiando y perseguir sus sueños. Mientras el padre de Jin atraviesa un coma del que no es seguro que vaya a despertar, él se ve forzado a dejar su vida en suspensión y permanecer a su lado. Parecen las dos caras de una misma moneda, que se irán reforzando y complementando mutuamente. Y entre ambos está Columbus, una auténtica “meca” de la arquitectura moderna, cuyos enclaves y construcciones inspiran multitud de conversaciones en las que los protagonistas reviven fragmentos de su propia vida.

:kogonada ha confesado en alguna ocasión la gran influencia que ha tenido su padre en su forma de entender el arte. Una actitud que se basa en la observación constante, en no pasar por alto aquello que nos rodea. Mirar es el primer paso para comprender, para descubrir lo que se esconde detrás de las formas. Del mismo modo, el realizador convierte su primer largometraje en una indagación sobre las sutiles conexiones entre el medio arquitectónico y los seres humanos, entre los edificios y los recuerdos, entre los diseños y los sentimientos. Aparentemente, podríamos pensar que estamos ante una confrontación entre forma y contenido, pero solo “observando” sin prejuicios descubrimos que estas logran una simbiosis. Son las percepciones y actitudes de los personajes, su conexión con la arquitectura, las que le otorgan valor al espacio. Donde Casey ve una vía de escape, un refugio contra la desesperanza, Jin tan solo encuentra heridas abiertas que se remontan a un pasado marcado por el abandono paterno. De este modo, la pareja protagonista eleva la dimensión humana de la obra hasta colocarla en el legítimo centro de interés, en un verdadero ejercicio de equilibrio artístico. De hecho, se antoja casi irónico calificar de ópera prima una cinta que destila tanta madurez y buen hacer como Columbus, fruto de largos años de experiencia y estudio constantes del medio cinematográfico.

En cierto momento de la película asistimos a una discusión acerca del concepto de “arquitectura curativa”, aquella que defiende el diseño y construcción de espacios desde una perspectiva ética, siempre pensando en las personas que los van a ocupar. Según esta teoría, los propios materiales, las texturas, luces y colores pueden combinarse y actuar conjuntamente para que un edificio adquiera propiedades ‘reconstituyentes’. Jin critica abiertamente esta postura, promovida por su padre, argumentando que se trata tan solo de una “fantasía que a los arquitectos les gusta contarse a sí mismos”. Sin embargo, a medida que avanza el relato, parece que el resto de elementos, personas y situaciones conspiran contra su escepticismo. :kogonada ofrece una obra brillantemente construida, en la que lo técnico y formalista nunca ensombrecen lo humano, y donde las influencias e intereses del crítico encuentran armonía con una visión personal de autor. Para algunos la película se verá lastrada por un ritmo pausado y un excesivo academicismo, llegando a resultar pretenciosa cando defiende su propio valor como obra a través de los diálogos. Con todo, es un ejercicio preciso y honesto al que merece la pena acercarse. Viendo Columbus algunos queremos creer que también existe un “cine que cura”, uno capaz de edificar sensaciones, personajes y lugares en los que poder transitar y vernos reflejados. Una suerte de fantasía habitable.

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