CURTAS 2015: BENDITO EXPERIMENTAL

Comentábamos de la edición del pasado año de Curtas Vila do Conde que, si bien se podían encontrar buenos títulos en la selección, a veces la línea divisoria entre la sección internacional y la experimental era muy fina, cuando no las propuestas bailaban de un compartimento al otro sin una gran definición. Cuestión corregida en una edición de 2015 que destacó precisamente por contar con una selección de cortos experimentales de grandísima calidad. Dejando de lado las películas más entre géneros o con juegos anovadores en sus narrativas, la selección de este año se inscribió más (siendo muy contemporánea) en la tradición del cine de vanguardia, caldo natural de esta sección, a nuestro entender. Grandes nombres del experimental como Jay Rosenblatt o Peter Tscherkassky compartieron lugar con nuevas promesas como el cineasta egipcio que se hizo con el premio de la competición, Masim Magdy, o los españoles Samuel M. Delgado y Helena Girón Vázquez.
Otro de los aspectos que nos llamó la atención fue el esfuerzo de los programadores por contar con cuatro sesiones que tuviesen sentido por sí mismas, normalmente ordenadas a través de un estilo o concepto.

'Beyond Zero: 1914-1918', de Bill Morrison.

‘Beyond Zero: 1914-1918’, de Bill Morrison.

Grandes nombres
Nada más llegar al festival, nos encontramos con una sesión que ponía el listón muy alto, al menos sobre el papel (si bien luego, nuestras altas expectativas no se vieron satisfechas). De todas las sesiones, quizás fuese la menos consistente, y la excepción de lo que acabamos de comentar. Esta proyección parecía confiar toda su fuerza en tres bombazos que dejaron un poco tibios a los asistentes. La primera de estas películas era Twelve Tales Told (2014), del austríaco Johann Lurf. Mucho se había oído hablar de este corto, que toma las cabeceras de varios estudios de Hollywood para crear una verdadera sesión de DJ, en lo visual y lo sonoro, con ellas. El efecto espectacular se vería acrecentado por el uso del 3D, formato de exhibición original (si bien en Vila do Conde no pudimos ver la versión estereoscópica). Conceptualmente interesante en lo que respecta a su crítica un Hollywood bulímico que repite éxitos ad nauseam; lo cierto es que el resultado no acababa de arrebatar, y se quedaba en simple experimento fallido al lado de la excepcional Optical Sound (Elke Groen, Christian Neubacher, 2014), en la tercera sesión.
A Long Way From Home (2014) suponía para nosotros el reencuentro con un viejo amigo, al que conviene revisitar de vez en cuando. Jay Rosenblatt es un maestro del cine de apropiación, una persona capaz de encontrar significados freudianos ocultos en imágenes aparentemente anodinas, y cargarlas de poesía. No vemos nada de ello en su último corto, sobre la crucifixión de Cristo, de apenas tres minutos, en los que no parece desarrollar nada. Nos duele decirlo, pero posiblemente se trate del peor trabajo de su carrera. Desde luego, es el más anecdótico que ha montado.
Bill Morrison, al que entrevistamos en su visita hace unos años al CGAI, es otro maestro de esta técnica. En Beyond Zero: 1914-1918 (2014), realiza un montaje con imágenes rescatadas del frente en la Primera Guerra Mundial, con música de la serbia Aleksandra Vrebalov para la ocasión. Quizás la estructura de la película no esté tan bien definida como en sus dos obras magnas Decasia (2002) y Spark of Being (2010) – que os recomendamos ver ya – pero Morrison es capaz de nuevo de realizar una crónica de un tiempo y encontrar una especie de belleza melancólica en sus imágenes. Como novedad – si la memoria no me engaña – diría que es la primera vez que muestra las perforaciones de la película, respetando cada formato de los múltiples que se han encontrado de esa temprana etapa del medio.
Las demás películas de la sesión parecían todas girar en torno a la idea del reciclado y la memoria, si bien de formas muy diferentes y difusas. A 4363’s Trip (Valentina Dumez, 2014) es un correcto filme abstracto psicodélico, From Satin Island (Johan Grimonpez, 2015) confía también toda su fuerza a la música de los Lights Out Asia, y Undead Sun (Louise Wilson, Jane Wilson, 2014) mezcla lo permormático con lo abstracto hasta fundirlo. Ejercicios todos interesantes, pero que dejaban con hambre de más. El empacho estaba a punto de llegar.

'The Liquis Casket / Wilderness of Mirrors', de Paul Clipson.

‘The Liquis Casket / Wilderness of Mirrors’, de Paul Clipson.

Quién necesita drogas, ya tenemos filmes
La siguiente sesión fue literalmente un viaje que fue pasando de lo más lúdico a lo profundamente político. Una muestra de cómo el cine abstracto, en sus diferentes modos, puede proponer toda suerte de variaciones.
Color Neutral (Jennifer Reeves, 2014) es un filme pintado a mano que juega a desarrollar ciertos patrones de color con una inspiración en el pop art. La autora parece moverse siempre en lo microscópico y lo abstracto, construyendo un universo propio con evocaciones continuas a la cultura popular.
Sin Dios ni Santa María (Samuel M. Delgado, Helena Girón Vázquez, 2015) fue filmada con película caducada revelada de modo casero, lo que da como resultado una película de aura fantasmal. La cinta toma una grabación de sonido antigua sobre ritos de brujas y la utiliza en un contexto difícil de situar, en las colinas canarias, con una mujer agricultora. Lo que podría parecer a priori un filme patrimonial, acaba por convertirse por la textura de la imagen y la narración sonora, en un ejercicio de género que evoca culturas paganas asociadas al terror. La película transmite bien esa atmósfera de oscurantismo y evoca una cierta espiritualidad alternativa. Fue, aún con esa evocación, la propuesta más figurativa de la sesión.
Nada que ver The Liquid Casket / Wilderness of Mirrors (Paul Clipson, 2015), pura abstracción. Hecho a base de exposiciones múltiples sobre una misma película, este corto cuenta con una banda sonora de Lawrence English usada de modo tscherkasskiano. Filmada en Londres, Leeds, San Francisco y Glasgow; juega con reflejos y transparencias en espejos y otras superficies refractarias para componer un apabullante espectáculo visual a varias capas. Todo está construido en cámara, cual alquimista que mezcla precisa y preciosamente todos los ingredientes de una verdadera joya.
Por el contrario, Moon Blink (Ralner Kohlberger, 2015) y Cyclops Observes the Celestial Bodies (Ken Jacobs, 2015) obtienen imágenes abstractas a través de programas de ordenador. Digamos que usan sintetizadores de imágenes. En la primera, el autor logra descomponer una serie de líneas blancas, desarrollando todo un estudio de gamas y tonalidades, formas y movimientos, sobre el mismo motivo. Al establecer estos cambios, se juega con la perspectiva y la profundidad, el grado de nitidez de la imagen, y se producen por momentos efectos estroboscópicos. Algo así consigue Jacobs – hace poco hablamos con él de este y otros temas -, dedicado casi por completo a este efecto en la etapa más avanzada de su carrera, en su último filme. Comentario político sobre el 9/11, logra tridimensionalidad a través del parpadeo en un conjunto de gotas de agua (o algo similar) suspendidas en el aire.
Más directa es la crítica política de Psychic Driving (William E. Jones, 2014), una de las joyas ocultas del festival, comentada por pocos, y verdaderamente reivindicable. Tomando un programa de la televisión sobre los experimentos de la CIA con el LSD como herramienta de control mental, el film pervierte la idea original del archivo, al modificarlo considerablemente. Aplicando un efecto psicodélico a la imagen, el espectador experimenta el programa como si estuviese bajo los efectos de la droga, potenciando la voluntad política del filme mediante este método expresivo. El resultado es una experiencia estética irrepetible, que ahonda en nuevas maneras de entender el cine documental, interrogándose sobre la esencia de este cine: ¿qué es real?

'Optical Sound', de Elke Groen e Christian Neubacher.

‘Optical Sound’, de Elke Groen e Christian Neubacher.

De descomposiciones va la cosa
En la siguiente sesión estaba la vencedora The Dent (2014), poética propuesta observacional que indaga en la construcción ideológica de un cosmopolitismo homogeneizador, ejercida mediante unos opresivos y evocadores textos en off. Masim Magdy habla de un concepto difuso, no muy asible, que se desmorona, la descomposición de todo un sistema podrido. Quizá se pueda encontrar semejante metáfora en Planet Z (Momoko Seto, 2014), aunque quienes conozcan la obra de la japonesa, sabrán que su interés es netamente visual. Filme de animación que explora con estética realista el mundo microscópico de las abejas, en él se acelera la vida de un enjambre, que acaba por caer muerto tras su esplendor, hasta descomponerse. Estructura circular por tanto, de las cenizas a las cenizas.
Estas indefiniciones estaban en el centro del discurso de otros filmes como The Kiss (Luis Macías, 2014). Partiendo del filme de T. Edison, lo va descomponiendo hasta la abstracción pura, ejecutando un discurso conceptual en torno a la pérdida de la memoria. La película original está grabado con diversas cámaras, desde la 35mm más pesada a la más ligera y etérea cámara digital, por lo que se establece también una reflexión sobre el devenir del cine, ligado a la técnica.
Construido en cámara, Brouillard#15 (Alexandre Larose, 2015) consigue un etéreo travelling a un lago a través de un camino lleno de flores que no acaban de definirse. Es el resultado de múltiples y largas exposiciones sobre la misma película, llevando a cabo el mismo camino. Un corto evocador que se centra en lo pictórico, como Chromatic Aberration (Aura Satz, 2014), curioso experimento en torno a las observación de los primeros globos oculares por la ciencia, ofreciendo una variedad cromática sin igual en esta colección de pupilas.
Por su parte, como antes apuntábamos, Optical Sound lleva a cabo una impresionante pinchada de bandas de sonido en metraje encontrado vario – colas, principalmente – dejando también visible la imagen que les viene asociada y, por lo tanto, componiendo un cadáver exquisito al estilo de mucho música electrónica de apropiación. Reutilización soberbia de materiales robados, por tanto, con un toque psicodélico que hace entrar en trance.

'The Exquisite Corpus', de Peter Tscherkassky.

‘The Exquisite Corpus’, de Peter Tscherkassky.

El reencuentro con Tscherkassky
El austríaco Peter Tscherkassky llevaba más de un lustro sin sacar trabajo alguno. Su último filme, el maravilloso Coming Attractions (2010) tomaba distintos recortes de anuncios para componer una bella y feroz crítica a la mercantilización del cuerpo. The Exquisite Corpus (2015) sigue la misma estela, mucho más explícita, al tomar el autor fragmentos de filmes pornográficos. Solarizaciones, sobreexposiciones, exposiciones múltiples, flickeo, recortes sobre la película, montajes de todo tipo… Al espectador le cae encima una bacanal de imágenes que componen, en efecto, un cuerpo exquisito, que no cadáver, porque los modelos se muestran muy vivos. Con la melodía de Dirk Schaffer acompañando estas apabullantes imágenes, uno se reconcilia con el cine más básico, artesanal e intuitivo; la obra de un artista sin igual. Hay quien le critica que siempre haga lo mismo. Bien, quizás no evolucione, pero a mí me sirve. Si conocéis otros trabajos de él, sirvan de termómetro, porque esta arma que usan contra él sus detractores es totalmente cierta.
Siempre es bonito también reencontrarse con Thom Andersen, sobre todo si el autor de Los Angeles Plays Itself (2003) entrega una obra de tanto interés como The Tony Longo Trilogy (2014). En ella, toma varias interpretaciones del actor Tony Longo en papeles situados en su ciudad natal, L.A., para componer un retrato de los clichés del cine de género sobre el matón local a través de su figura. Lúdica hasta la médula, hizo reír a toda la sala. ¡Una comedia experimental! Sin palabras.
No menos interesantes fueron los cortos Sites (Volker Schreiner, 2015) y Muerte blanca (Roberto Collío, 2014). El primero, todo a base de metraje robado, divide la pantalla para realizar un tríptico de curiosas relaciones compositivas; mientras que el filme de Collío sigue la senda de filmes en rotoscopia como Vals con Bashir (Ari Folman, 2008) para realizar un ejercicio de la topografía como memoria, donde destaca un trabajo de sonido potente. Por último, Deborah Stratman volvía a la selección tras llevarse el premio el pasado año con Second Sighted (2014). Este trabajo es una reinterpretación de archivos del Chicago Film Archive, en el que reflexiona sobre la relación entre la figura humana y el paisaje en un montaje frenético, que no da respiro al espectador.
Nos quedaría por valorar lo último de Edgar Pêra, A Caverna (2015). Digamos que todo festival, por pequeños que sean, tiene sus peajes, muchas veces autoimpuestos. La insistencia de incluir a Pêra año tras año puede responder a una obstinada defensa del cineasta luso – lo cual celebraría – pero también puede ser resultado de un cumplimiento de cuotas. A todo el mundo le parece lo segundo, y eso, honestamente, no creo que, paradójicamente, ayude a Pêra en absoluto. La familia del experimental en Curtas Vila do Conde 2015 fue excelente. Pero bueno, siempre hay ovejas negras. Es inevitable.

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