CURTAS 2016: GENEALOGÍAS EN ESPIRAL

Público y crítica tenían muchos motivos para estar a gusto en el último Curtas Vila do Conde: el reencuentro con los amigos, el gol de Éder, el sol del verano o las copas nocturnas. En este sentido, la experiencia del festival estuvo a la altura de las expectativas, pero el nivel de alguna sección, especialmente el de la competición nacional, estuvo un poco por debajo de otros años. El problema, como ya argumentaron mis colegas Luis Mendoça y Jorge Mourinha en sus respectivas crónicas para À Pala de Walsh e Ípsilon, fue que muchos de los títulos portugueses presentados a concurso volvieron a una serie de lugares comunes que, a pesar de seguir funcionando, alertaban de un cierto agotamiento y estancamiento creativo. Este uso y abuso de fórmulas ya testadas hacía que muchas películas se convirtiesen en dignos epígonos de sus modelos: películas notables, previsibles y reconocibles, en las que la voz de sus respectivos directores quedaba ahogada bajo el recurso a la caligrafía.

El jurado debió percibir el peligro de endogamia, porque decidió destacar dos coproducciones luso-francesas dirigidas por cineastas luso-descendientes: António, Lindo António (Ana Maria Gomes, 2015) y A Brief History of Princess X (Gabriel Abrantes, 2016), dos películas con un pie dentro y un pie fuera de la escena cinematográfica nacional. Esta elección refuerza una de las ideas que yo defendía hace unos meses en un artículo científico publicado en la revista Aniki, titulado “Mudar de Perspetiva: A Dimensão Transnacional do Cinema Português Contemporâneo”. En ese texto, yo argumentaba que había llegado el momento de pensar el cine portugués a partir de sus vínculos con otras cinematografías (vínculos estéticos, temáticos y económicos) en vez de partir de sus diferencias, de sus rasgos identitarios únicos, como si el cine portugués fuese un ecosistema aislado, autárquico y cerrado sobre sí mismo – cosa  que, por suerte, nunca fue, ni en los primeros tiempos de Manoel de Oliveira, que dirigió Douro Faina Fluvial (1931) bajo la influencia confesa de Berlin: Die Sinfonie der Grosstadt (Walter Ruttman, 1927).

Buena parte de las películas incluidas en la competición nacional habían sido concebidas a partir de una idea restringida de lo que es (y lo que debería ser) el cine portugués. Son películas demasiado parecidas a otras películas portugueses, películas réplica, películas rémora, películas que reconocen de forma excesivamente explícita su pertenencia a una determinada genealogía del cine portugués contemporáneo (aquella encarnada por Manuel Mozos, Teresa Villaverde, João Pedro Rodrigues, Miguel Gomes, João Nicolau y João Salaviza), sin darse cuenta de que esa declaración no le hace precisamente mucha justicia a los hallazgos de ese linaje, si no que los desvirtúa al convertirlos en un producto que se puede imitar y replicar. Mozos, Villaverde, Rodrigues, Gomes, Nicolau y Salaviza introdujeron nuevas formas e ideas en el cine portugués, muchas de ellas procedentes de otros paralelos internacionales, de las que hoy viven sus epígonos, quizás de forma inconsciente. Esta fidelidad a la genealogía se vuelve infelizmente en su contra, porque limita sus posibilidades de evolucionar a través del contacto con otras tradiciones cinematográficas, incluso cuando el resultado, en términos objetivos, es positivo. Esa fue la paradoja de la competición nacional del Curtas de este año: una selección de buenas películas rara vez capaces de desmarcarse de sus modelos.

António, Lindo António (Ana Maria Gomes, 2015)

António, Lindo António (Ana Maria Gomes, 2015)

El Cine de la Diáspora

Ana Maria Gomes, la directora de António, Lindo António, título ganador del premio a la mejor película de la competición nacional, es una cineasta de la diáspora: portuguesa de origen pero francesa de nacimiento. Su película es un retrato familiar atravesado por la figura de un fantasma: su tío António, que se fue siendo muy joven a Brasil, para evitar el servicio militar, y del que nunca más se supo en cincuenta años. António es el hijo pródigo, el mal hermano, el desaparecido, el ausente. Ana María Gomes pregunta con mucha paciencia y cariño a su abuela y a sus tíos por este personaje, y todos liberan ante la cámara la rabia y el rencor que guardan hacia él, por haberlos olvidado. Estas secuencias están filmadas durante un verano en una aldea de la Serra da Estrela, en un paisaje de una belleza arisca y agreste que funciona como una metáfora perfecta para los sentimientos que suscita el tío Antonio entre sus allegados. A continuación, la película da un salto a Río de Janeiro, en donde la cineasta inicia una búsqueda quimérica preguntando a la gente que encuentra en las playas de la ciudad por su tío. António, Lindo António mezcla así elementos del retrato familiar y del cine-encuesta con una pequeña intriga al estilo de de Searching for Sugar Man (Malik Bendjelloul, 2012). El misterio creado alrededor de este personaje consigue capturar por completo el interés del público, que verá satisfechas sus expectativas en un final en el que la cineasta acierta a cortar plano y diálogo en el momento más significativo.

Gabriel Abrantes, por su parte, es otro cineasta de la diáspora, hijo de padres portugueses nacido en Estados Unidos. Su pieza A Brief History of Princess X es un divertido y vertiginoso ensayo filmado capaz de condensar en apenas siete minutos la biografía artística de la escultura ‘Princess X’, de Constantin Brancusi: un retrato de la princesa Marie Bonaparte que intenta representar la esencia de la feminidad a través de una figura que se asemeja a un gran falo dorado. Abrantes cuenta esta historia a través de una reconstrucción de época comentada por su propia voz con una retranca muy contemporánea, que incluso incluye un gag bastante logrado con el nuevo falo que ilumina a la humanidad: el palo selfie. Este juego le valió, con justicia, el premio a la mejor realización, en parte por su capacidad para convocar una inmensa variedad de recursos cinematográficos en este corto.

A Brief History of Princess X (Gabriel Abrantes, 2016)

A Brief History of Princess X (Gabriel Abrantes, 2016)

António, Lindo António y A Brief History of Princess X son dos buenos ejemplos del encuentro del cine portugués con el mundo a través de la mirada de dos cineastas que saben sacar provecho de su condición trasnacional. Otras películas de esta misma competición, no obstante, buscaron ese encuentro con menos fortuna, como le ocurre a Feitos e Ditos de Nasreddin II (Pierre-Marie Goulet, 2016), la continuación portuguesa de la serie de cortometrajes francesa Faits et Dits de Nasreddin (Pierre-Marie Goulet, 1993). Ambas partes están centradas en las historias de este personaje popular de la tradición sufí, contadas a través de una puesta en escena lacónica y mecánica que no ha cambiado mucho en los veintitrés años que las separan. En este caso, el triple encuentro entre las tradiciones francesa, portuguesa y sufí crea un híbrido que resulta falso en cualquiera de ellas, y que tampoco ayuda a actualizar o ampliar el legado de este personaje.

Sebastião, O Fantasma (Lúcia Prancha, 2015) es a su vez una pieza etnográfica filmada en el litoral brasileño, en la comunidad albina de los Lençois, en donde también transcurría el corto documental Sanã (Marcos Pimentel, 2013). Los miembros de esta comunidad se consideran descendientes directos del desaparecido Rey Sebastião, una leyenda que incita a la artista visual Lúcia Placa a buscar rastros de este mito en las tareas cotidianas y en la memoria oral de esta gente. El concepto de la película resulta bastante más interesante que su desarrollo, que nunca llega a ir más allá de esta premisa inicial. Por el contrario, el thriller psicológico Severed Garden (Gonçalo Almeida, 2015), realizado en la London Film School, funciona a la inversa: esta vez el desarrollo es notable, sobre todo en términos de puesta en escena y creación de atmósferas, a pesar de partir de una historia poco original y llena de agujeros narrativos. La calidad de la producción contrasta con la superficialidad de su propuesta, que gira alrededor de las pesadillas de una mujer ante su inminente maternidad. Las hechuras de este corto, junto a su voluntad explícita de crear imágenes poderosas y perturbadoras, da a entender que el principal objetivo de Gonçalo Almeida a la hora de salir al encuentro del mundo no era otro que el de integrarse en la industria como director de género, una aspiración muy legítima que bien puede llegar a buen puerto si por el camino el realizador se encuentra con los proyectos adecuados.

Por Diabos (Carlos Amaral, 2016)

Por Diabos (Carlos Amaral, 2016)

Por Diabos (Carlos Amaral, 2016), por último, fue uno de los pocos trabajos presentados en la competición nacional, realizados desde y sobre Portugal, con una fuerte voluntad renovadora. Se trata del relato de la misteriosa desaparición de una maestra de Trás-os-Montes en los años setenta contado exclusivamente a través de fotografías y metraje de archivo. El mayor hallazgo de este corto es el giro que da hacia la ‘etnoficción’ –una expresión muy afortunada con la que Francisco Noronha describía esta película en el catálogo del festival– en el momento en el que el comentario sugiere que los responsables de esa desaparición podrían ser los demonios encarnados por los caretos del entrudo transmontano. La idea se agota a los pocos minutos, pero esta mezcla de thriller, etnografía y metraje de archivo consigue importar al cine portugués una idea que ha funcionado relativamente bien en otras cinematografías, comenzando por la argentina – y estoy pensando, en concreto, en Balnearios (Mariano Llinás, 2002).

El Linaje Consanguíneo

Los mejores herederos son siempre aquellos que guardan una mayor cercanía con sus ancestros. Por eso, entre todos los cortos que seguían modelos ya asentados en el cine portugués, conviene reconocer que O Dia do Meu Casamento (Anabela Moreira & João Canijo, 2016) tiene el mérito de ampliar los retratos familiares que lleva dos décadas filmando João Canijo hacia un universo más íntimo y menos tremendista, en el que las crisis –un vestido de novia que no se cierra– y la tragedia –el asesinato sádico de un pato a manos de una niña inconsciente– quedan diluidas en la apisonadora de lo cotidiano. El corto reconstruye las rutinas domésticas previas a una boda paisana, echando mano para eso de un registro de ficción documental: Anabela Moreira se sitúa de esta vez delante y detrás de la cámara, interpretando a la novia con la ayuda de su propia familia (su madre y su hermana encarnan a la madre y a la hermana de la novia), mientras Canijo, que interpreta a un de los invitados, conserva su buen ojo compositivo para los interiores domésticos. El corto resulta tenso y empático, ocurrente y recurrente, a pesar de que queda lejos del nivel conseguido en otros trabajos de esta pareja –especialmente, Sangue do Meu Sangue (João Canijo, 2011).

O Dia do Meu Casamento (Anabela Moreira & João Canijo, 2016)

O Dia do Meu Casamento (Anabela Moreira & João Canijo, 2016)

Otro caso de un heredero honroso es Eduardo Brito, que se sitúa con Penúmbria (2016) en el miso territorio estético y conceptual que Ruínas (Manuel Mozos, 2009). La filiación, en este caso, vuelve a ser directa, porque Britos es el guionista de uno de los últimos cortos de Mozos, A Gloria de Fazer Cinema em Portugal (2015). Su Penúmbria, igual que Ruínas, es un viaje cinematográfico por paisajes arquitectónicos abandonados, en los que la figura humana está ausente hasta los dos últimos planos. El comentario nos habla de una ciudad fantasma, la Penúmbria del título, que sus habitantes deciden abandonar después de comprobar, generación tras generación, la imposibilidad de vivir en ella. Esa ciudad es una metáfora para estos tiempos troikados, al igual que Ruínas había sido su premonición. El espectador gallego reconocerá enseguida las localizaciones escogidas, porque Brito ha creado esta ciudad imaginaria a partir de imágenes espigadas de varios pueblos de la Costa da Morte, como Muxía, Fisterra o Corcubión. Esta decisión le da un valor documental añadido a la película, ya que el espacio de la metáfora surge del espacio real de tres pueblos golpeados desde hace años por el infortunio, del chapapote del Prestige a los recortes del austericidio.

La euforia y fascinación que sentí al terminar de ver Penúmbria tuvo que ver con el hecho de que mi trabajo de investigación gira precisamente en torno a la construcción cinematográfica de espacios reales e imaginarios. Las localizaciones gallegas y las alusiones metafóricas a la crisis económica también ayudaron, por supuesto, pero las otras dos películas de la competición nacional basadas en el mismo modelo –identificado, en su versión portuguesa, con Ruínas, como ya he dicho– no consiguieron despertar en mí tanto interés: uno, Fiesta Forever (Jorge Jácome, 2016), reconstruye mediante animación 3D los espacios de varias discotecas abandonadas en donde todavía se escuchan como un eco las conversas de antiguos juerguistas, atrapadas en estos lugares como tantos objetos personales que allá se perdieron; mientras que la otra película, A Casa ou Máquina de Habitar (Catarina Romano, 2016), emplea una animación más artesanal y de estilo onírico para ilustrar los testimonios de cinco personas que reflexionan sobre los recuerdos de las casas en donde vivieron. Ambas propuestas parten de ideas sólidas llenas de posibilidades, pero poco a poco van decayendo por culpa de su excesiva duración –Fiesta Forever– o dispersión – A Casa ou Máquina de Habitar.

Pedro (André Santos, Marco Leão, 2016)

Pedro (André Santos, Marco Leão, 2016)

La diferencia entre un heredero y un epígono es siempre algo difusa, una cuestión de matiz, según se quiera ver en positivo o en negativo. Las películas de João Salaviza, por ejemplo, podrían considerarse como herederas de los de Teresa Villaverde, pero cortos como Setembro (Leonor Noivo, 2016), Pedro (André Santos, Marco Leão, 2016) o Cidade Pequena (Diogo Costa Amarante, 2016), todos ellos centradas en relaciones conflictivas materno-filiales, serían más bien epígonas de este linaje – Pedro incluye incluso alguna referencia al universo de João Pedro Rodrigues, y también una secuencia copiada de forma evidente de L’inconnu du lac (Alain Giraudi, 2013). La misma afirmación podría realizarse de las películas de Miguel Gomes y João Nicolau, herederos de las de João César Monteiro, frente a Zootrópio (Tiago Rosa-Rosso, 2016) o À Noite Fazem-se Amigos (Rita Barbosa, 2016), epígonos del espíritu lúdico asociado con las producciones de O Som e a Fúria – À Noite Fazem-se Amigos está, de hecho, producida por O Som e a Fúria, y cuenta incluso con la presencia de João Nicolau y Mariana Ricardo como actores, aunque carece por completo del encanto de sus mejores trabajos.

Herederos o epígonos, yo reconozco que disfruté, como espectador, de la puesta en escena distanciada y desapasionada de Setembro, del montaje crudo y seco de Pedro, y de los diálogos en bucle de Zootrópio, pero reconozco, como crítico, que estas propuestas están varadas en la estela de sus referentes. ¿Qué es entonces lo que debemos valorar como espectadores y como críticos? ¿Que los cineastas compartan nuestros gustos o que sean capaces de ampliárnoslos? Toda arte surge de la repetición, pero toda repetición necesita también alguna variación.

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One Response to “CURTAS 2016: GENEALOGÍAS EN ESPIRAL”
  1. Olá! Obrigado pela referência ao meu texto do catálogo. Parabéns pelo site, que já acompanhava. Um abraço, FN (www.obosforo.blogspot.com)

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