CURTOCIRCUITO 2016: A VUELTAS CON LA IDENTIDAD

Fotografía: Curtocircuito

Fotografía: Curtocircuito

Encontrar la identidad siempre es un proceso de diferenciación. Muchas veces se trata de aprender a convivir con nuestra verdadera personalidad, desconocida o oculta para no caer bajo el juicio de una moral caduca. Otras, la identidad es el conjunto de un trabajo social donde cada persona aporta un grano de arena. Pero la identidad también puede ser el paso final de un proceso de creación; el resultado de una imagen que se lleva articulando paso a paso durante un período de tiempo largo o corto.

Esta última es la identidad que, en esta edición 2016, el Festival Internacional de cine Curtocircuíto encontró y mostró, ya en plenas facultades, en la ciudad de Santiago. No será el que firma estas palabras el que diga que esta edición es mejor o peor que otra, pero si que es cierto que este año fue la consolidación de un paso más allá de la dirección del festival que, posiblemente, prosiga en 2017 en una dirección que, aunque desconocida, promete ser sorprendente.

Pero, esta reflexión acerca de la identidad no es una excusa para alabar al festival, sino que también es una línea programática que parece expandirse por la selección de cortometrajes del festival desde sus secciones oficiales hasta a las paralelas.

Identidad sexual

Bajo el nombre ‘Sex tapes: autorrepresentacións’, Miquel Martí Freixas escogió una selección de cortometrajes que analizaban la autorrepresentación de la sexualidad, especialmente ligada a los nuevos lenguajes que trae la red. Así, trabajos como Spunk (Antonio da Silva, 2016) empleaban este nuevo lenguaje para llenar de penes la pantalla del cine mientras recogía las experiencias de hombres que se dedicaban a hacer shows porno online. Como en la vida misma, el ojo del espectador recorría la pantalla entre anuncios falsos de sexo para encontrar la información. También 6Lola6 (Tomás Peña, 2016) usa esta nueva lengua para retratar la amistad, o relación sentimental, entre dos personas que sólo se han conocido en el espacio virtual y para hablar de esa necesidad de filmar/fotografiar compulsivamente para colgarlo en Internet; algo similar a lo que hace Flor Aliberti en (Self)exhibitions (2016) construyendo un discurso sobre la autoestima en la red y sobre los monotemas que la juventud expone en la misma: el peso, la belleza, salir del armario o tener un paquete grande. A través de vídeos de Youtube, Aliberti hace un collage de visionado obligatorio para comprender a una juventud que, como reflexionaba Martí Freixas en el coloquio posterior al pase, “ve totalmente natural hablar de estos temas en la red”.

Ya en la sección oficial, Notre Héritage (Jonathan Vinel, 2016), mención especial del jurado Radar de esta edición, explora la vida del supuesto hijo de Pierre Woodman. Para aquellos que no conozcan la figura de este francés, es el padre de un género pornográfico: el casting-sofá. Jonathan Vinel trata de enseñar la relación del hijo con la profesión del padre. Siempre ausente, aunque evocado a través del sofá, el padre comienza a convertirse en una obsesión de su hijo, algo que acabará por afectar a su vida personal.

No podía faltar en esta edición un conocido ya de Curtocircuíto: Jan Soldat. Siempre sorprendente en su apuesta cinematográfica, Coming of age (2016) vuelve a repetir los patrones observativos que Soldat ya mostrara en filmes como Hotel Straussberg (2014). En esta ocasión, una pareja de hombres mayores adoptan roles de padre e hijo (bebé) en un juego sexual que les permite expresarse en libertad. En un momento de la película, los dos hombres, conversan con el director sobre como surgió esta filia sexual. Una cinta que rompe con los estereotipos y clichés que persiguen y critican las diferentes expresiones sexuales y que aboga por filmar estes comportamientos de una forma natural.

Ocean Hill Drive (Lina Sieckmann y Miriam Gossing, 2016)

Ocean Hill Drive (Lina Sieckmann y Miriam Gossing, 2016)

Identidad geográfica

Aunque no me guste usar el término ‘geográfico’ para estes aspectos, es el único término que me permite englobar los siguientes cortos. Hablamos aquí de la identidad de un espazo, natural o no, que se construye a través del discuros de los actores que participan de él. Así en Trazos (Alberte Branco, 2016), el director se convierte en una especie de estudioso que trata de filmar la identidad de un espacio, San Sadurniño, valiéndose sólo de las imágenes de su cámara y de los testimonios presentes. En ocasiones, el propio sonido de la película recoge la voz del director hablando de qué filmar, como un cuaderno donde las anotaciones del espacio se mezclan con la propia descripción del mismo Alberte Branco dibuja los trazos identitarios, no a través de lo reconocible para el visitante externo, sino a través de las vivencias del colectivo.

Son también las vivencias de los habitantes de Ocean Hill Drive (Lina Sieckmann y Miriam Gossing, 2016) las que convierten un “error” del paisaje en un signo identitario que transforma al vecindario. En una mezcla que parece más próxima a la ficción que a un documental, imágenes y sonido van separadas para describir los episodios paranormales que se viven en este barrio de Boston. Cabe señalar que la potencia de la película reside, sobretodo, en el uso que se hace de las sombras y el juego a través de las ventanas de las viviendas. Pero, como un suceso paranormal pierde su encanto una vez explicado, mejor dejar que sea el espectado el que lo descubra.

Identidad ausente

Ser sin ser. Todos jugamos papeles en nuestras vidas, tratamos de ser quien no somos e interpretamos un papel una vez que entramos en la sociedad. A veces, este rol se acaba confundiendo con nuestra propia identidad y nos transformamos en el rol que jugamos. Nos convertimos en seres sin ser, ausentes de nosotros mismos. Decorado (Alberto Vázquez, 2016), una especie de The Truman Show (Peter Weir, 1998) más oscuro y cruel, reflexiona sobre la vida como un escenario donde cada uno tiene unas líneas que leer, que interpretar. Como un dulce amargo, Alberto Vázquez relata, ayudándose del humor negro y del gag repetitivo, una historia esquizofrénica donde es imposible separar realidad y apariencia y sólo se puede escoger entre la comodidad de lo que ya fue decidido para nosotros, o la indeterminación de lo que hai más allá.

Decorado (Alberto Vázquez, 2016)

Decorado (Alberto Vázquez, 2016)

Sobre roles apropiados también va Valeria (Erin Vassilopoulos, 2016) que se centra en una mujer que acaba de recibir un transplante de cara y la extraña conexión que siente con su donante. Es posible recuperar recuerdos de un tejido transplantado? Es posible crear una conexión con alguien que no conocemos y del que nunca supimos nada? Preguntas que se repiten en la mente de una Eva que acaba por apropiarse de la identidad de su donante, ya muerta, y a la que comienza a suplantar.

Quizá la aproximación más interesante a la identidad ausente sea la de B Roll with André (James N. Kienitz Wilkins, 2016) que se aprovecha de imágenes tomadas de todo tipo de soportes (CCTVs, GoPro, GoogleStreetView,…) para hacer un relato de un ausente André que tan solo existe en las palabras del protagonista. Parapetado bajo una capucha, el rostro permanece oscuro y su voz sale distorsionada, al igual que su relato, que de cuando en cuando se pierde en detalles inútiles que huyen de la imagen que tratamos de construír de un André que nunca sabremos si existió en algún lugar además de en nuestra imaginación. La película ganadora del premio Explora demuestra que es posible enganchar al espectador con la promesa de conocer a un personaje falso e inexistente pero, no es eso el cine a fin de cuentas?

Identidad política

Para cerrar este bloque de cuatro identidades presentes en la programación del Curtocircuíto es preciso hablar de política. Política no entendida solo como la representación de una idea a través de un sistema, sino como motor de la sociedad y como creadora de estigmas. Import (Ena Sendijarevic, 2016) se centra en la vida de una familia bosnia que vive en la Holanda actual. La aparente normalidad y los episodios humorísticos que rodean esta historia ocultan la problemática de la integración en un país ajeno. Por ejempo, mientras las niñas protagonistas comparten sus galletas con sus amigos, se las niegan a otro por ser gitano; poco después, todos los nilños les gritan que se marchen a su país de vuelta. El contraste con el tono ‘humorístico’ de toda la película sorprende con una fuerza quizás mayor que si el tono de la película fuese uno más blanco. Tan lejos están estes comportamientos de los que podemos vivir en nuestro propio país?

Por su parte, Luis E. Parés en El cadáver del tiempo (2016) reflexionaba sobre la necesidad de la sociedad española de apropiarse y destruír la simbología del fascismo franquista para así, poder superarla. En un cortometraje más performativo que narrativo, el director tacha los rostros del dictador de una revista del corazón de la época o rompe un vaso que lleva la imagen del mismo. Pero eso no llega para olvidar la dictadura. En otro momento, Parés recuerda la ley que el PP con el apoyo de UpyD tumbaron en el Congreso para hacer del 18 de julio el día de homenaje a las víctimas de franquismo con el argumento de que “nosotros no construímos la historia”. Una vez más, el fantasma del dictador, de esta vez metamorfoseado en el brazo más rancio y casposo de la política, sigue manejando los controles del país en su favor.

Una reflexión similar a la de Luis E. Parés la hacen Xurxo Chirro, Fernando Redondo y Isabel Sempere en Retransmisión da chegada dos restos de Castelao a Galicia. A pérdida da inocencia no relato da Transición (2015). Posiblemente la película más urgente de todas las programas y la que mayor importancia política tenía. Quizás porque toca de cerca a los gallegos, quizás porque Castelao es una figura política que los más conservadores quisieron hacer suya. En este vídeo ensayo, se estudia la retransmisión de la llegada de los restos de Castelao al cementerio de Bonaval, acto promovido por la izquierda gallega pero que el conservadurismo aprovechó para anular la figura del padre del galleguismo a un mero referente literario y pictórico. A través de un vaivén de imágenes, la voz de Tereixa Navaza (presente en el pase en el Teatro Principal) y del texto en la pantalla, la cinta desmonta el acto como un momento histórico de Galicia para convertirlo en un vergonzoso uso de la memoria del ideólogo nacionalista.

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