CURTOCIRCUITO 2017: VER DONDE NADIE VE

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La programación de la 14 edición de Curtocircuito prestaba especial atención a todo aquello que giraba alrededor del sonido. Precisamente, con este mismo nombre, el festival agrupaba diferentes sesiones y actividades que tenían al sonido como eje central. “El cine no es visible y audible, si no que algo sucede en el medio de ambos sentidos. Si las imágenes se proyectan sobre la pantalla, el sonido es el modo que tiene el cine de proyectarse sobre nosotros”, decía Xoán-Xil López en el texto del catálogo que englobaba toda esta sonora programación.

Aunque que intencionalmente la línea programática de este año apostase por el que es, muchas veces, un gran olvidado al hablar de cine; de forma indirecta, también existía en el festival una fuerte conciencia de expandir la mirada del espectador más allá de la tradicionalidad. Así, la llegada de Peter Greenaway como director invitado parece un hecho que refuerza esta idea, ya que este director ha expresado en diversas ocasiones que el cine es un arte de hacer imágenes, siendo el texto lo menos importante de esta séptima arte. Quizá el eco de la voz de Greenaway impactó inconscientemente, trazando, especialmente en las secciones Radar y Explora, diferentes rutas alrededor de llevar la mirada más allá: de ver donde nadie ve.

Indefinite pitch (James Kienitz Wilkins)

Indefinite pitch (James Kienitz Wilkins)

Metalenguaje

Cine dentro del cine. Uno de los recursos más usado por muchos cineastas que se mueven, a veces, entre la crítica y la creación. Es el caso de Mark Rappaport, director que presentó en las anteriores ediciones trabajos como Becoming Anita Ekberg (2014) o Chris Olsen: the boy who cried (2016), que usando metraje de diferentes filmes alrededor de estas dos figuras del cine, creaba un discurso que, más allá de ser un documental sobre estes actores, giraba sobre el cine mismo. Michael Fleming parece querer seguir este camino, aunque de una forma más abstracta, más próxima a trabajos como Fast film (Virgil Widrich, 2003) que quizá a los filmes de Rappaport. En Over&over, el director parte de una gran variedad de cortes de diferentes películas para realizar un collage repetitivo que ratifica la hipótesis del título: el cine hollywoodiense es una repetición tras otra de los mismos clichés y escenarios. El ojo del esperactor sometido a esta continua repetición de secuencias e imágenes idénticas acaba por ver un todo idéntico en lugar de diferentes películas, casi como cuando miramos fijamente la línea intermitente de la carretera desde un vehículo a toda velocidad.

También de cine desde el cine habla Indefinite pitch (James Kienitz Wilkins), que desarrolla su discurso, aquí identificable a través de la voz off que nos acompaña durante todo el filme, sobre una presentación ficticia (un pitch) de una película por hacer. Sobre fotografías, la voz del autor comienza a presentarnos su idea original del filme para después dejarse llevar por las anécdotas de la localización del hipotético rodaje. La voz, que comienza a divagar sobre el estatismo de las imágenes, se mueve en zigzag dentro de la película, de un tema a otro, hasta chocar con la cuarta pared y romperla en pedazos al interpelar directamente al espectador. Ahora, desde la butaca, el autor comienza a conducir nuestra mirada por allí por donde no sabíamos transitar. De pronto, las fotografías estáticas se convierten en imágenes en movimiento.

Espacio

Volva (Edouard Decam)

Volva (Edouard Decam)

Urth (Ben Rivers)

Urth (Ben Rivers)

Dentro de la sección Explora, el festival suele recoger aquellas apuestas que huyen más de la narratividad para adentrarse en la experimentación y en la ruptura de las barreras fílmicas; la sección Radar, por el contrario, recoge aquel cine más convencional. A pesar de esto, a vees, dos filmes se confrontan, desde secciones contrarias, reivindicando cruzar las líneas entre secciones: es el caso de Urth (Ben Rivers) y Volva (Edouard Decam). Dos propostas observacionales donde el vacío y la inexistencia de actores en la imagen destacan como los rasgos más significativos. En Volva, el director se recluye en el observatorio situado en el Pic du Midi de los Pirineos para filmar el edificio. Como si tuviese vida propia, el edificio comienza a comunicarse a través de los movimientos de las diferentes partes de los diversos mecanismos que lo conforman. De fondo, resonando como ecos lejanos de otro tiempo, las antenas de radio captan las grabaciones de un mundo que desaparece más allá. Por el contrario, en Urth, la Biosfera 2 situada en Arizona guarda el testimonio de la última mujer viva en la Tierra. El espacio, de nuevo vacío, es el protagonista de una acción que es conducida por la voz de esta mujer, único testigo de un mundo que constata su declive. El nivel de oxígeno se reduce mientras que los días se acumulan, firmando el futuro inevitable de la mujer que ve como, impasible, la naturaleza sigue avanzando. Dos películas que discurren sobre los mismos escenarios pero, como anticipabamos, confrontándose: uno parece la conversión en deidad de un edificio capaz de ver más allá de las estrellas; el otro, parece certificar el caracter humano de las personas, a veces, borrachas de sueños divinos.

El espacio, pero el del cuerpo humano, es también el campo de análisis de la película de la directora Jessica Sarah Rinland Expression of the sightless. Tomando por protagonista a un ciego, la directora dispone una escultura ante el para que, tan solo con el tacto, pueda ver la figura. La voz del protagonista, que puntalmente descibe lo que sus dedos tocan van modificando la imagen mediante la elección de palabras con las que expresa lo que siente/ve. No es casualidad que la escultura que se muestra frente al protagonista captura el momento del rapto de Hylas, sirviente de Hércules, cuando las ninfas, presas de su belleza, lo raptan y ahogan.

Find, fix, finish (Mlla Zhulutenko e Sylvain Cruiziat)

Find, fix, finish (Mlla Zhulutenko e Sylvain Cruiziat)

Historia

Volver a mirar la historai es algo a lo que estamos acostumbrados, especialmente si tenemos en cuenta que gran parte de los trabajos documentales son, precisamente, alrededor de hechos pasados (sean colectivos o íntimos). A pesar de esto, en esta edición de Curtocircuito se dio la suerte de que cuadrasen dos apuestas singulares de mirar la historia pasada y reciente. La primera es Find, fix, finish (Mlla Zhulutenko e Sylvain Cruiziat), que basa su discurso visual en una verticalidad extrema, reforzando así las diferentes voces off de los testimonios de pilotos de drones militares. Las voces, que se mueven entre la frialdad militar y la conversación informal, acompañan a las imágenes creando una tensión que va en aumento a medida que la película avanza. Visualmente, esta cenitalidad fuerza nuevas perspectivas y, por tanto, nuevas realidades. El éxtasis visual llega en la secuencia en la que la cámara filmar una plaza forzando nuestra visión a identificar las sombras como individuos y los individuos como sombras. Aquí el filme consigue la, probablemente, más hermosa imagen de este festival (cinematográficamente hablando) y convierte a la vez a la película en una especia de distopia propia de la ciencia ficción.

La segunda obra que visualiza de forma diferente la historia es The space shuttle Challenger (Cecilia Araneda). Cogiendo como comienzo el estallido del Challenger el 28 de enero del 1986, la directora nos lleva, de nuevo con el uso de la voz en off, por diferentes hechos históricos íntimos y colectivos que repasan tres hitos cruciales para su trayectoria vital: el golpe de estado de Pinochet, el accidente del Challenger, y la prisión de Omar Khadr en Guantánamo. Mediante la repetición de diferentes momentos, o ángulos, de los mismo acontecimientos, Cecilia consigue transformar lo personal el político, logrando que, con cada vez que volvemos a uno de estos tres escenarios, nuestra visión sea más rica y más crítica. Un ejercicio de responsabilidad y memoria que destaca por su honestidad en el relato.

Fuddy Duddy (Siegfried A. Fruhauf)

Fuddy Duddy (Siegfried A. Fruhauf)

Abstracción

Como todos los años, en la sección Explora se reunen diferentes películas que ahondan en la abstracción como virtud visual. Las retinas, sometidas a un bombardeo constante de estímulos visuales de todo tipo, comienzan a confundirse y a construír imágenes donde tan solo hay impulsos. O, quizá, el ojo aprende durante la propia proyección a ver donde nadie ve, a diferenciar aquello que yace oculto tras esos bombardeos. Al igual que en Indefinite pitch, donde la quietud comenzaba a cobrar movimiento a medida que el discurso del director calaba en nuestra mente, aquí las imágenes aparecen casi de forma fantasmagórica en segundos. Este es el caso de Fuddy Duddy (Siegfried A. Fruhauf), Keep that dream burning (Rainer Kohlberger) y On generation and corruption (Takashi Makino).

Tres apuestas apoyadas tan solo en la imagen que crean diversos motivos visuales y que requieren, también, diferentes formas de ver. Fuddy Duddy, por ejemplo, parece estar observando el interior de la electricidad misma. Los patrones visuales, que se hacen y deshacen en segundos, muestran un comportamiento cuadriculado que inherentemente nos lleva a pensar en la tecnología, electrónica o en la electricidad, especialmente si tenemos en cuenta esa intermitencia imparable que la película desplega. Por otro lado, Keep that dream burning recuerda al ruído blanco de los antiguos televisores: un mar de puntos blancos y negros que, al observalos de forma continuada, comienzan a formar diferentes imágenes que remiten a explosiones. Finalmente, On generation and corruption, apuesta por una abstracción menos compleja al manipular imágenes reales según diferentes procesos, ocultando, aunque no en su totalidad, el verdadero origen de las mismas. Una película que, como remite el título, centra su tesis en la imposibilidad de detener el cine, que se desarrolla, constatamente, en un vaivén de generación y corrupción.

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