“ME GUSTARÍA SEGUIR HACIENDO PELÍCULAS COMO GENTE EN SITIOS, PERO SE ME HA ACABADO EL CUPO DE FAVORES”. ENTREVISTA CON JUAN CAVESTANY

Épocas extrañas requieren películas extremas…”. Así preconizaba, tal cual augurio, el tráiler de Dispongo de barcos (2010), quimérica película con la que Juan Cavestany (Madrid, 1967) comenzaba en 2010 su trilogía de las “Hechas a mano”. Antes de eso, el director había coqueteado con la comedia española más bizarra en El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo (2004) o la más negra con Gente de mala calidad (2008). Pero hace cuatro años, Cavestany decidió dar un giro de 360 grados hacia un cine totalmente diferente. Él lo describe como un camino de “sufrimiento” pero al mismo tiempo de libertad creativa que ha dado como frutos de madurez, el mediometraje El señor (2012) y Gente en sitios (2013). Calificada por algunos críticos como la mejor película española de 2013, este último trabajo, que se estrenó hace un par de semanas en el Centro Galego de Artes da Imaxe (CGAI), consiste en una treintena de episodios en los que cuenta con la participación de un extenso elenco de actores conocidos, tales como Ernesto Alterio, Maribel Verdú, Alberto San Juan o Antonio de la Torre. Cavestany compagina su intensa labor como dramaturgo (que ya le ha reportado un premio Max al Mejor Autor Teatral por Urtain) con la intención de continuar bregando en un panorama cinematográfico que define como “pocho” a nivel financiero, pero en plena ebullición de buenas ideas y nuevos formatos de producción low cost.

Tu trayectoria en el mundo del cine parece seguir un camino inverso al ortodoxo. Comienzas con un cine industrial para, a continuación, dar el salto hacia un cine autoproducido. ¿Cuándo y por qué tomas esa decisión? ¿Qué te ofrece y qué te resta hacer cine al margen de la industria?

La decisión de dar ese giro parte de una cuestión personal, pues hay un momento en que me planteo qué lugar ocupo en la industria y pienso que no me van a llamar nunca más. Hay algo de neurosis en esto, pero también elementos objetivos, pues las películas que había hecho tuvieron un recorrido discreto y pensé que, o me buscaba yo la vida, o iba a ser complicado. Además tenía la sensación en la industria de que era muy difícil que pasase nada y, a la vez, personalmente estaba en un momento peculiar de mi vida, muy extraño, con ciertas angustias, desesperaciones y una sensación de soledad, en lo personal y en el trabajo. Entonces hice una película algo oscura que tanto en la forma como en el contenido trata del aislamiento, de una forma de trabajar con lo que tienes. Según iba haciendo Dispongo de barcos y se la enseñaba a la gente me decían que parecía haber filmado cosas que me había encontrado por la calle, como si fuera metraje encontrado, una cosa extraña como mal hecha pero que parecía que decía algo. La hice con muy pocos medios, involucrando a la menor cantidad de gente posible, aunque tuve que pedir muchos favores, pero finalmente se montó y sonorizó bien de modo que pudimos estrenarla en la Sala Berlanga de Madrid. La película gustó en un circuito de culto, tuvo un cierto recorrido en festivales y filmotecas, la vendí a Canal Plus, estuvo en Filmin, pero han sido operaciones que financieramente no me han reportado nada. De hecho a nivel económico la aventura low cost es nefasta para mí, tengo que trabajar con actores a los que he intentado no explotar demasiado, con el compromiso de que si hay beneficios los compartiría, pero nunca los ha habido.

Después de Dispongo de barcos veía que el panorama era muy duro, no funcionaba económicamente y además sufrí bastante haciéndola con lo que me prometí a mí mismo no hacer nada similar nunca más. Pero al mismo tiempo que me hacía esa promesa estaba comenzando ya otra, que era El señor. En este caso me lo puse muy fácil pues comencé a grabar con un actor, por la calle, situaciones, cosas que nos hacían gracia, y fuimos construyéndola poco a poco, según la rodábamos. Mientras que Dispongo de barcos estaba escrita, era un guión que yo tenía, sabía que nadie me iba a producir y decidí grabarla de esa manera, en el caso de El señor la fuimos haciendo Luis Bermejo y yo sobre la marcha. Fue una película hecha aún más en soledad que la anterior, pues la monté en mi casa, la distribuí por internet desde una web que me hizo un amigo y mediante pago por Paypal, por descarga.

En 2013 me lancé a hacer la tercera, pensando que había aprendido algo de las experiencias anteriores, y con la idea de seguir haciendo cine de esta manera pero intentando no entrar en historias tan oscuras. Realmente creo que El señor era una película un poco más poética que Dispongo de barcos, era más bonita, aunque se desarrollaba en un entorno de cierto feísmo, miseria y soledad, contenía un pequeño aliento poético. Pero esta tercera me la planteé como un disfrute, una experiencia que no me hiciese sufrir tanto ni pedir tantos favores, y que fuese un proyecto más inclusivo, menos neurótico y recluido. Gente en sitios por tanto, tiene una intención más positiva, aunque nunca sabes cómo va a reaccionar la gente y nunca hago las cosas con una intención concreta hacia el público.

Dispongo de barcos (Juan Cavestany, 2010)

El señor (Juan Cavestany, 2012)

Ese es uno de los enigmas de la película, como conseguir reunir a tanta gente…

Me lo preguntan a menudo y es algo que me gusta recordar. Yo les proponía lo que había, que estaba haciendo un experimento, una película de escenas que no sabía lo que iba a ser, ni cómo ensamblarla, que iba a ser dispersa, sin un hilo conductor. En cuanto a cómo coordinar a actores conocidos que tienen otros trabajos, no tiene mucho secreto, pues adapté el rodaje a sus agendas, como la película es fragmentada rodaba cada escena durante un día. La película se hizo a lo largo de seis meses, y yo rodaba un día por semana, en total hay treinta escenas, con lo que alguna semana rodé más de una.Mientras iba grabando seguía escribiendo e iba asignando como por intuición cada escena a los actores que quería que participasen. A cada uno les contaba el proyecto, les decía que no había producción, que no tenía dinero y yo creo que en general les provocaba mucha curiosidad el rodar de una manera tan desnuda, sin preparación.

¿Cuánto hay de escrito y cuánto de improvisado en la estructura de Gente en sitios?

La estructura se decidió en el montaje, porque así es como me había planteado las bases del experimento. No hay improvisación salvo algunas escenas, como la de Coque Malla, que interpreta el personaje de Eladio que él hace a menudo desde hace muchos años. Pero todas las escenas están escritas, pensadas y lo que no estaba previsto era el orden ni la estructura de la película. Según íbamos acumulando escenas las iba encajando de manera que a mí me parecía que fluían bien, que generaban pequeños bloques a nivel de tono o de temperatura, a veces había dos o tres más de risa y luego una tranquila, para pasar a otra terrorífica… El montaje buscaba combinar continuidad y ruptura. Algunas escenas estaban sólo esbozadas, otras sí estaban escritas y los actores en vez de memorizarlas asimilaban la idea y luego la hacían con sus propias palabras.

¿Tu labor como dramaturgo ha influido en tu obra fílmica? Lo decimos porque en muchas de tus películas, y especialmente en Gente en sitios, se nota cierta huella del teatro del absurdo.

Yo soy politólogo, una carrera que olvidé y de la que no me acuerdo ni de lo que estudié, luego hice periodismo, en la que no tuve ni que estudiar, trabajé de periodista y luego me dediqué a escribir. Con esto quiero decir que he sido siempre bastante intruso, me he puesto a escribir sin una formación o referencias claras. La gente a veces dice, “esto es muy beckettiano”, y yo he leído a Beckett pero no lo he trabajado, no lo he estudiado realmente, entonces cuando me preguntan por esas referencias me pierdo totalmente. Sí los he leído como mucha gente, o incluso menos. Creo que parte de la libertad que tiene la película, y creo que es un pequeño logro, es porque está hecha desde una especie de desprejuicio total. El no tener esos referentes me ha dado mucho descaro, pero claro, la escena del agente inmobiliario con Ernesto Alterio tiene algo de Beckett, y cuando aparece el tipo con los ojos vendados puede ser un personaje deEsperando a Godot en un páramo conceptual. También hay un texto de Kafka adaptado que es El puente, entonces sí, la película tiene sus ecos, pero no desde un trabajo muy consciente.

A mí me gusta sobre todo escribir y montar, que es como reescribir, en vez de con palabras o frases, con planos y contraplanos. Y el rodaje es algo necesario para poder llegar a ese montaje. Considero que esta película tiene mucho de escritura, aunque parezca improvisada, hay muchas ideas, conflictos, intercambios entre las personas. Tampoco es una película contemplativa, o de autor en el sentido ensayístico, es más dramatúrgica, por lo que entiendo bien la pregunta. La película empieza con el camarero que no puede parar de escribir en la libreta, y yo muchas veces fantaseo con que la película sea lo que él está poniendo ahí.

Gente en sitios (Juan Cavestany, 2013)

Gente en sitios combina tu interés por lo cotidiano con una dimensión más onírica.

Es verdad. Lo onírico, el mundo de los sueños, es algo que me ocupa tiempo y cuando lo veo bien hecho en el cine o en el teatro me fascina. Me gusta buscar el jugo en eso.

¿Algún sketch está basado en algún sueño que has tenido?

Sí… Por ejemplo, el de la agente de la inmobiliaria [protagonizado por Ernesto Alterio, Martiño Rivas e Irene Escolar] podría haber sido un sueño. Me recuerda mucho a Polanski, hablando de referencias, porque me gustan mucho sus películas de casas: Le locataire (1976), Rosemary’s Baby (1968)…

En una de las escenas del final, una mujer se da un golpe contra un bolardo y contempla borrosa una bandera de España. ¿Se trata de una metáfora explícita de un país a la deriva o simplemente una idea visual?

Es una combinación, me gustaría decir que no es una metáfora pensada pero es evidente que sí lo es. No muy pensada, pues fue la primera escena que grabé de la película, en enero de hace justo un año y ya al grabarla tuve la intuición de que iba a estar al final de la película. Es una imagen muy potente que no la grabas porque sí. A mí la bandera de España no me gusta estéticamente, y las implicaciones que tiene ya no digamos, cuándo la pones ahí estás diciendo algo y si está desenfocada más todavía, entonces algo hay de eso, un país que no se ve, que no se comprende, en el que estamos golpeados.

Aunque la película es fragmentaria y parte de historias concretas, creemos que es inevitable realizar una lectura política, como retrato de un momento, un país y un lugar. ¿Cuál es tu relación con Madrid como ciudad?

Madrid es una ciudad que no me gusta mucho, de la que he intentado escapar muchas veces: me he ido a vivir a Nueva York y luego al Mediterráneo, pero luego siempre volvía. Es como un sitio que no te gusta pero es tu ciudad y hay un amor-odio inevitable. Es una ciudad muy machacada, con una calidad de vida bastante lamentable pero que está llena de cosas también, y es en esa contradicción en la que mucha gente vivimos. Yo soy muy observador y me gusta ver a la gente y los sitios horribles donde vivimos y cómo somos capaces de convivir en estos entornos.

Por otra parte al rodar con tan poco equipo y poder ir yo con mi cámara, puedo meterte en sitios extraños en los que normalmente no se suele rodar. Una película convencional española suele planificar las localizaciones previamente, con un tiro de cámara y unos tiempos de rodaje muy estrictos. Eso me frustraba mucho al hacer Gente de mala calidad El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo. Ahora, al poder ir yo con mi cámara me cuelo en sitios donde otras películas no quieren entrar, y la película se llama Gente en sitios porque va tanto de la gente como de los sitios donde están. También me obligo a que haya una variedad de sitios, con una gran reacción contra el retrato de España que se hace en el cine y la tele, que me parece lamentable, una mentira enorme, no puedo ver platós como casas ideales, la realidad es muy distinta, hay que buscarla, contarla y documentarla y también me mueve eso.

Gente en sitios (Juan Cavestany, 2013)

¿Tu afán por promocionar un cine low cost en España entraña también una intención por adaptarse a los tiempos de crisis? ¿Subyace algún tipo de crítica al recorte de ayudas que vive el cine español?

Claro, hay algo de adaptación, y un instinto de supervivencia de decir, no voy a conseguir dinero pero lo voy a hacer, y eso me provoca muchas contradicciones a la vez, porque estás demostrando que puedes trabajar sin nada y eso me provoca un gran conflicto. Se están haciendo cantidad de películas sin medios que están recorriendo festivales por todo el mundo, el cine español independiente está viviendo un momento muy especial, y ya no es que no se apoye sino que parece que se quiere obstaculizar, el panorama cada vez es más hostil. Yo intento que la moraleja de mis películas no sea demostrar que se pueden hacer gratis sino hacer ver a los productores y los poderes políticos que si se hace esto sin dinero y en condiciones de miseria total se podría hacer mucho más con un poco de cuidado. Por otro lado la piratería no sólo no está combatida sino que parece que hasta se fomenta, la sensación es de total desprotección. A las productoras no se les va a pagar el dinero que se les debe de años anteriores, la debacle es muy grande. Es un debate político que responde a una situación de crisis general, global y personal, pero prefiero no mezclar los recortes al cine con la película en sí. En general no se trata solo de reclamar subvenciones, no sabemos cuál es el modelo, igual el que había tampoco era el mejor, pero una protección del cine es esencial, en un contexto de protección y fomento de la cultura de un país.

Y medidas como la subida del IVA cultural parece que van hacia el lado contrario.

Es demoledor, y alcanza al teatro, la danza, la música. Hay un boom teatral impresionante y hasta las compañías que van muy bien no pueden subsistir. Animalario es una compañía que se ha disuelto, por ejemplo, aunque estamos haciendo proyectos como cooperativa, sin cobrar a priori. Pero lo mismo les pasa a muchas otras compañías que funcionan muy bien en Madrid y que solo dan para pagar los sueldos y el IVA.

Viendo las dificultades de los dos modelos, ¿te planteas continuar dentro de este tipo de producciones de bajo presupuesto?

Eso es lo que me cuestiono ahora mismo. La forma en que hago las películas ahora me gusta. Si me contratasen para hacer una película en otras condiciones igual lo aceptaba porque necesito trabajar, pero me interesa seguir indagando en esta forma de hacer. Lo que pasa es se me ha acabado el cupo de pedir favores. Tengo que encontrar la manera y los aliados para contar con algo de dinero, primero para pagar a la gente, porque si no estoy haciendo aquello que denuncio, que es trabajar por nada. ¿Cómo conseguir esto? No lo sé, el Estado no me va a dar ese dinero. Hay gente que se lo ha montando bien, como Manuel Martín Cuenca. Tengo la sensación de que ha encontrado una fórmula intermedia: sin llegar a estar en un escalafón absolutamente industrial, consigue financiar sus proyectos personales. Eso me gusta, pero yo no sé hacerlo.

La repercusión que está teniendo Gente en sitios podría facilitar nuevos proyectos…

La acogida de la película ha sido bastante buena. La primera capa han sido los festivales con gente muy interesada en el cine que ha defendido mucho la película y luego la crítica y la prensa se han volcado. En las pocas salas en las que se ha estrenado también ha ido bastante bien y además ha salido muy rápido en DVD y en Filmin. Me sorprende el ruido que ha hecho esta película, para no tener una producción al uso. Dinero no ha entrado ninguno, pero valoro que la gente aprecie la cosa pequeña y honesta que tiene la película.

De hecho, en muchos medios la han calificado como la mejor película española de 2013.

Yo oigo eso y, bueno… no puedo decir que no me guste, pero lo relativizo bastante. Creo que como el panorama del cine español está tan pocho (y lo digo a nivel financiero, porque salir salen películas buenas todos los años), el estado de ánimo es de tal abatimiento que cuando salen cosas que sacuden un poco, la crítica se vuelca. Hay como mucha hambre de señalar con un entusiasmo que está muy bien.

Para finalizar, ¿tienes algún proyecto en mente?

Cinematográfico de momento, no. Tengo un impulso que me empuja a seguir con el formato de Gente en sitios, porque es fácil e inagotable. A diario me encuentro o pienso en actores con los que me gustaría hacer algo así, pero creo que tengo que reservarlo y ahora mismo no puedo lanzarme otra vez a eso. Mientras tanto estamos haciendo teatro. Se trata de una adaptación de Macbeth, ambientada precisamente en Galicia y protagonizada por Javier Gutiérrez. Mañana mismo empezamos los ensayos con muchos de los actores de Animalario.

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