BERLINALE 2020: SECCIÓN OFICIAL (2/3)

Never Rarely Sometimes Always, de Eliza Hittman © Focus Features

Puedes leer la versión original de este texto en inglés.

Continuamos con nuestra crónica de la Sección Oficial de la 70ª Berlinale.

Never Rarely Sometimes Always, de Eliza Hittman, es una de esas extrañas experiencias transformadoras: una invitación a observar algo cotidiano a través de una perspectiva diferente. Una de esas ocasiones en las que entras al cine sin saber qué esperar, y te marchas sintiendo que has visto algo realmente notable. La ‘mirada femenina’ es un término que se ha empleado frecuentemente en los últimos años, pero tras un siglo de cine donde la mirada masculina ha sido la norma hegemónica, ¿cuántos de nosotros somos realmente capaces de comprender el concepto?

Algunos asistentes al festival describieron la película, de forma muy inexacta, como «la nueva Juno«, despertando cierto escepticismo. Tras la proyección, descubrimos que la película se había presentado anteriormente en el Festival de Sundance, lo cual no suele ser habitual (debido al requisito de algunos festivales de contar con las obras en estreno). Sin embargo, es fácil entender por qué el equipo de programación de la Berlinale insistió en incluir la película en su Sección Oficial a pesar de todo. Del mismo modo, es justo que la película se llevase el segundo premio más prestigioso del encuentro: el Gran Premio del Jurado.

La dirección de Eliza Hittman no permite una mirada pasiva; de hecho, exige en todo momento el compromiso de los espectadores. La actriz debutante Sidney Flanagan carga sobre sus hombros con el peso de la película, ofreciendo una interpretación notable en el papel de Autumn. Aún así, es la sensibilidad y la precisión del guion lo que impulsa realmente la película. La cinta explora cuestiones de gran relevancia, como los aspectos legales o la desinformación acerca del aborto, la (des)igualdad de género y los innumerables problemas que impone el patriarcado a distintas generaciones, y lo hace con una determinación sin precedentes. Lo que podría haber sido una representación sobredramatizada y simplista de una sociedad sombría y patriarcal se presenta de una forma más sutil, donde Hittman explora la importancia de la sororidad a través de la relación entre Autumn y su prima Skylar (Talia Ryder), desafiando nuestros prejuicios sobre las dinámicas de poder entre géneros cuando un joven (Théodore Pellerin) muestra interés por Skylar. Tal vez la interpretación de Flanagan no sea impecable, pero logra encogerte el corazón cuando finalmente se revela el misterioso título de la película.

Hablando de títulos crípticos, The Woman Who Ran de Hong Sang-soo probablemente se lleva la palma. Asistir a la proyección de la última película de uno de los directores más aclamados del cine contemporáneo, sin estar familiarizado con el impresionante grueso de su trabajo, impone cierto respeto. Sin embargo, a través de una especie de ensueño rohmeriano, la exploración que hace Hong Sang-soo de lo cotidiano logra atrapar al público en una atmósfera de seguridad y familiaridad, con su descarado sentido del humor, sus juegos de cámara y su particular música (escrita por el propio director). Si a esto le sumamos una memorable y divertida secuencia con un gato, el resultado es una película totalmente accesible.

En sus 77 minutos de duración, The Woman Who Ran narra un día (o tres) en la vida de Gam-hee (Kim Min-hee), una mujer ‘felizmente casada’, mientras visita a unas amigas. La narración presenta una estructura en tres actos, en los que Gam-hee pasa un rato conversando con tres mujeres en situaciones diferentes: primero visita a una amiga divorciada para disfrutar juntas de una barbacoa; más tarde se pone al día con una amiga soltera durante el almuerzo; y finalmente comparte una manzana con la esposa de un exnovio al que visita en su cine. La película consiste básicamente en una serie de conversaciones informales, con diálogos torpes y entrañables propios de la vida cotidiana, filmados en largas secuencias con simples movimientos de cámara y zooms ocasionales a los personajes.

Es «la primera vez en 5 años» que Gam-hee y su esposo están separados, debido a que él se encuentra en un viaje de negocios. Esta información se repite en cada una de las secuencias. “Él dice que las personas enamoradas siempre deben permanecer juntas. Es lo que él quiere», confiesa Gam-hee. Son precisamente estos comentarios fugaces, en medio de un intercambio por lo demás hilarante y casi intrascendente, lo que nos lleva a sospechar que Gam-hee podría estar realmente huyendo de algo. Aún así, lo hace con absoluta calma y discreción. Citando a la propia Gam-hee cuando habla de la película que ha visto en el cine, esta es una obra muy tranquila.

Hong Sang-soo se hizo con el premio al Mejor Director de la Sección Oficial, continuando una impresionante racha para el cine surcoreano este año, tras el éxito histórico de Bong Joon Ho con Parasite. A pesar de ser una obra con un encanto y una belleza más sutiles, The Woman Who Ran es un auténtico regalo para la vista.

The Woman Who Ran, de Hong Sang-soo © Jeonwonsa Film Co. Production

No se puede decir lo mismo de Favolacce, la cinta con la que los hermanos D’Innocenzo regresan a la Berlinale. Dos años después de presentar su primer largometraje, La Terra dell’Abbastanza, estrenada en la sección Panorama, los gemelos Damiano y Fabio vuelven con una historia igualmente sombría sobre las tragedias modernas de los suburbios italianos.

A pesar del esfuerzo evidente por hacer que la película resulte visualmente atractiva, parece que los realizadores carecen de cualquier tipo de empatía hacia sus personajes. Un narrador nos presenta las vidas entrelazadas de varias familias a través del diario de una niña misteriosa, que más tarde identificamos como una de las protagonistas. Sin embargo, su punto de vista en la historia no parece ser más importante que el de cualquier otra persona, resultando en un incoherente cambio de perspectivas a lo largo de la película. El espectador adopta un punto de vista omnisciente, mientras la cámara sigue el drama de las diferentes familias por turnos.

A pesar de que el guion presenta algunos momentos destacables, la narrativa no acaba de encajar. De hecho, el narrador concluye admitiendo que tal vez ha sido su propio aburrimiento lo que le ha llevado a contar estos relatos. A diferencia de algunas obras análogas como las de Alejandro González Iñárritu, donde las vidas de los distintos personajes están unidas de forma poética a través de algunos giros inesperados del destino, los personajes de Favolacce son simplemente vecinos o conocidos con una cosa en común: tienen unos padres terribles. La cinta presenta algunos momentos atrevidos, pero se diluyen en los 100 minutos de duración, durante los cuales la película carece de un enfoque claro y de actuaciones creíbles. Es cierto que algunos niños tienen una vida familiar horrible, pero la película podría haber profundizado mucho más en el tema. El hecho de que Favolacce haya ganado el Oso de Plata al Mejor Guion seguirá siendo para nosotros uno de los grandes misterios de esta edición.

Por otra parte, fue una sorpresa realmente agradable que Delete History, dirigida por Benoît Delépine y Gustave Kervern, se alzase con el Oso de Plata de la 70ª Berlinale (galardón que sustituyó este año al ya infame Premio Alfred Bauer). En general, se considera muy difícil escribir una buena comedia. De hecho, aquellas que no encajan mínimamente en el género dramático rara vez aparecen seleccionadas en las competiciones de grandes festivales, y mucho menos reciben premios importantes. Por eso, ejemplos como Delete History consiguen restaurar nuestra fe en las narraciones humorísticas.

El guion está repleto de críticas contemporáneas, tan divertidas como implacables. De hecho, es evidente que esta película no ha sido premiada precisamente por su sutileza. Si alguien pregunta por la definición de slapstick, aquí tiene la respuesta. Toda la cinta mantiene el ritmo de un incesante monólogo: justo antes de que desaparezca la última carcajada del público, los personajes ofrecen una nueva respuesta ingeniosa.

Marie (Blanche Gardin), Bertrand (Denis Podalydès) y Christine (Corinne Masiero) forman un trío de inadaptados, cuyas desafortunadas decisiones vitales dan lugar a una historia muy entretenida. Marie es una madre arruinada y recientemente divorciada, que se niega a aceptar que su hijo ya no vive con ella; Bertrand es su vecino, un padre soltero que parece ignorar a su hija adolescente mientras trata de contratar un servicio telefónico que claramente no necesita; y Christine es la conductora a la que llaman cuando se dan cuenta de que necesitan mantener el kilometraje de sus coches lo suficientemente bajo como para poder venderlos a buen precio. Cuando un extraño comienza a chantajear a Marie con filtrar un vídeo de contenido sexual, el trío se embarca en una aventura descabellada, ofreciendo una de las críticas más evidentes y exageradas del consumismo que hayamos visto en la gran pantalla.

A pesar de algunos aspectos cuestionables sobre la representación que ofrece de la clase trabajadora, nos extrañaría mucho que la película de Delépine y Kervern no se convirtiera en un éxito internacional de masas.

Desgraciadamente, no ocurrirá lo mismo con la última obra de Tsai Ming-Liang, Days. Lo cierto es que la película no ofrece mucho en términos de trama. En una escena vemos a un hombre pelando hortalizas durante dos minutos, y a continuación la secuencia de un masaje que dura al menos quince. Sin embargo, en medio de todo eso sucede la magia. La película está compuesta principalmente por una serie de planos fijos, mostrando lo mundano y lo magnífico, hasta lograr difuminar la frontera entre ambos.

Observamos los mercados callejeros en Taiwán, el reflejo de un hermoso amanecer en un edificio monótono y a un hombre solitario jugando con una caja de música, todo ello en medio del caos de una ciudad frenética que parece ignorar estos pequeños detalles. No obstante, nosotros sí los percibimos. La yuxtaposición entre la lentitud que nos impone el director y el ritmo acelerado que rodea a los dos protagonistas es absolutamente poético.

Days no es una película para todo el mundo. Nadie parecía odiarla durante la Berlinale, pero pocos se sintieron realmente cautivados por ella. Se trata de «una película presentada intencionadamente sin subtítulos», tal y como señalan los créditos de apertura, donde Tsai Ming-Liang nos sumerge en una experiencia de dos horas sin diálogos. Aunque muchos se mantendrán alejados de la película por este motivo, aquellos dispuestos a acercarse a ella sin prejuicios se encontrarán con una hermosa obra sobre los temas universales del envejecimiento y la soledad, así como la naturaleza efímera de las conexiones humanas. A pesar de que no pudimos ver un número significativo de películas LGBTQ en el festival, nos alegra que esta cinta lenta y conmovedora, fácil de pasar por alto, recibiera algo más de atención después de alzarse con el Teddy Award a la mejor película queer.

Days, de Tsai Ming-Liang © Homegreen Films

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