CINE PORTUGUÉS EN INDIELISBOA 2012


SERÁN CENIZA, MAS TENDRÁ SENTIDO

Cualquier visitante que haya pasado por Lisboa durante la segunda mitad de abril podría haberse llevado una inmejorable impresión del estado de salud del cine portugués actual. Bastaría para ello con echar un vistazo a la cartelera diaria que publican los periódicos y comprobar de buena tinta la presencia modesta, mas digna de encomio, de films con excepcional acogida crítica como Tabude Miguel Gomes (doblemente premiado en la Berlinale), É na Terra não é na Lua de Gonçalo Tocha (triunfador con escasas semanas de diferencia en festivales tan reconocidos como el BAFICI bonaerense, el de San Francisco y Documenta Madrid), Linha vermelhade José Filipe Costa (mejor film portugués en la anterior edición del Indielisboa) y A vingança de uma mulher de Rita Azevedo Gomes (visto en Rótterdam a comienzos de año, tras su estreno en Estoril). Además de éstos, otros títulos de producción nacional aspiraban a obtener buenos registros en las carteleras con propuestas de carácter más popular: Florbela de Vicente Alves do Ó, con cerca de cuarenta mil espectadores, y la finalmente menos exitosa Assim assim de Sérgio Graciano. Y los paneles publicitarios de las estaciones de metro anunciaban el inminente estreno de Capitães da Areia de Cecilia Amado y Guy Gonçalves y A teia do gelo de Nicolau Breyner. Un esplendoroso renacimiento fílmico, cabría imaginar. En 2011, los films portugueses vendieron en total 103.880 entradas, con Sangue do meu sangue de João Canijo encabezando el top ten; un resultado extremadamente pobre1 que dejaba la producción nacional con una raquítica cuota de pantalla del 0,7%, cifra que sirve por sí misma de metáfora de una industria necesitada de apoyo (también social) para su desarrollo. Poco más de cinco meses serán suficientes para superar esa catastrófica marca: en lo que va de 2012, y según o último recuento del ICA, actualizado hasta el 23 de mayo2, el cine portugués vendió ya 96.877 entradas. No está mal.

Los éxitos en festivales internacionales movieron a la mismísima Assembleia da República a realizar un acto público de enhorabuenas. Invitaron a los ya citados Miguel Gomes y Gonçalo Tocha y al jovencísimo João Salaviza, Oso de Oro en la Berlinale con Rafa. A su paso por la sede parlamentaria no dudaron en invocar el verdadero estado de la cuestión: la “situación de calamidad en el sector del cine”, con “hechos y conquistas que son resultado de una política cultural que, ahora mismo, está interrumpida”, en palabras de Gomes, remarcadas luego por la advertencia de Salaviza: “el éxito que estamos celebrando hoy no sucederá en los próximos años”. La rotundidad de estas afirmaciones se explica por la parálisis casi total de la industria portuguesa, que en este momento incluso carece de una Ley del Cine, sometida a discusión pública durante más tiempo del debido sin necesidad aparente (cuenta con el apoyo mayoritario de los profesionales) y que en el mejor de los casos no se publicará hasta el mes de junio. Aún más grave es la incapacidad, por falta de fondos, del Instituto do Cinema e Audiovisual para convocar nuevas subvenciones, o lo que es peor, para satisfacer los compromisos adquiridos en los concursos de 2010 y 2011. No es que haya menos dinero para el apoyo a la producción, sino que literalmente no hay nada. El malestar acumulado en el sector se reflejó en un manifiesto con el significativo título Cinema Português: Ultimato ao governo3 y en una acción singular: la proyección pública el pasado 9 de mayo de un montaje que homenajeaba un siglo de cine nacional, frente al edificio de la Assembleia da República, y con los espectadores sentados en sus escalinatas4. La dimisión, conocida unos días después, de José Pedro Ribeiro y Leonor Silveira, director y subdirectora del ICA, y la convocatoria de otras acciones de protesta, precipitó una reunión del Secretario de Estado de Cultura, Francisco José Viegas, con un grupo de firmantes del ultimátum, de representantes de la Associação Portuguesa de Realizadores y de la Associação dos Produtores de Animação. En ese encuentro Viegas garantizó la discusión en la Assembleia de la Ley del Cine antes de las vacaciones de verano, apuntó la posible abertura de concursos en el ICA este mismo año y aseguró estar trabajando en un “plan de emergencia” que había servido para paliar las dificultades financieras del Instituto y atender así los deberes contraídos5. El tiempo dirá si esas promesas se verifican en breve y en qué medida, pero la consecuencia de la crisis es evidente: después de una sorprendente primavera de estrenos, a corto plazo apenas habrá películas portuguesas en circulación, ni buenas ni malas, pues se cuentan con los dedos los proyectos y rodajes en marcha6.

'Por aquí tudo bem', de Pocas Pascoal

Esta debilidad actual se dejó notar ya en la competición nacional de largometrajes del Indie, limitada a cinco películas, de las que tres son documentales de (muy) pequeñas dimensiones. Es el caso del de Júlio Alves, A casa, que registra la construcción de una vivienda y presta atención a sus primeros moradores: los obreros brasileños que participan en su edificación. El director nos hace partícipes de las rutinas de trabajo y de los tiempos muertos; atiende las conversaciones cotidianas y descubre aspectos de las vidas de los protagonistas. El ánimo observador deriva de vez en cuando en contemplativo para entretenerse con unas nubes que asoman entre las estructuras por cubrir. Nada que no hayamos visto antes, por otra parte. Más precioso resulta From New York with Love de André Valentim Almeida, una suerte de diario/ensayo sobre el individuo, la ciudad y la creación de imágenes que intenta muchas cosas (demasiadas) y, sin embargo, se queda ahogado entre citas de Roland Barthes, Susan Sontag y Robert Bresson y un tono cínico y resabido.

Por aquí tudo bem de Pocas Pascoal no es, ciertamente, un buen film, aunque nadie podrá discutirle su buena voluntad. Inspirada en su propia experiencia, la directora relata las penurias de dos adolescentes angoleñas que llegan a Lisboa en los 80 huyendo de la guerra civil. Maria y Alda aprenden a sobrevivir en una ciudad que no se lo pone fácil; pasan hambre y duermen en locales abandonados, pero no dejan de soñar con un mejor porvenir y disimulan su miseria en las conversaciones telefónicas que consiguen mantener con la madre (de ahí el título). La falta de pericia narrativa y la pobreza fotográfica son innegables, tanto como la sincera convicción que demuestran sus actrices principales, Ciomara Morais y Cheila Lima.

Mayor es la ambición autoral de Em Segunda Mão de Catarina Ruívo, pero los resultados se quedan lejos de ser satisfactorios. Jorge, escritor de novelas románticas, escucha un disparo en el cuarto contiguo al suyo en un precario hostal; a continuación discute absurdamente con el recepcionista sobre la necesidad de llamar a la policía y unas horas después recibe una grabadora con un intrigante mensaje que lo pone en contacto con una mujer, Laura, que ha sido abandonada por su marido, y su hijo pequeño, André. Jorge se enamora de Laura y desea formar parte de su vida; renuncia a la escritura y acaba por ocupar el lugar del hombre ausente. El film juega con la idea del intercambio de identidades y cuenta en su reparto con su principal virtud, concretamente su protagonista, Pedro Hestnes, recordado por su participación en A sangue de Pedro Costa o Xavier de Manuel Mozos. Su debilidad física era ya entonces notoria (falleció poco tiempo después), pero por sí sólo atrae toda la atención de una película con demasiadas flaquezas e incongruencias. La sensación es que no estaría de más un remontaje que aligerase su espesura y resolviese algunas soluciones rudas.

El premio en el apartado de largometrajes fue a parar al mejor de los vistos: Jesus por um día, de Helena Invierno y Verónica Castro (con producción de O som e a fúria). Conviene recalcar que no fue “la decisión menos mala”, sino una magnífica decisión por sí misma, ya que el documental es realmente bueno. En la tradición del mejor cine antropológico, sin voz en off ni subrayados de ningún tipo, Jesus por um día se ocupa de una representación de Semana Santa en Trás-os-Montes, que debido a la progresiva pérdida de habitantes de la región se mantiene en la actualidad únicamente gracias a la participación de reclusos del penitenciario de Bragança. De los moradores de la cárcel no sabremos apenas nada, ni falta que hace; las directoras concentran sus energías en su objetivo: la exploración, con rigor y naturalidad, del ritual, los preparativos, las reuniones previas y la convivencia -por un día- de los presos y los vecinos.

'Rafa', de João Salaviza

Motivos para la alegría hubo unos cuantos en la selección de cortos. Casi es inevitable comenzar hablando del genuino golden boy Joao Salaviza, que suma el ya citado Oso de la Berlinale a la Palma de Oro que había ganado en Cannes 2009 con Arena. Sus tres trabajos -los dos citados más Cerro negro– tienen todo lo que debe poseer un gran film y prueban, uno tras otro, el talento inmenso del cineasta para moverse en el territorio del cine social sin caer en el moralismo ni pecar de excesiva distancia. A Salaviza le interesan los desheredados de la fortuna, las personas “que sienten algún tipo de incomodidad en relación al sitio donde viven” y “parten siempre hacia deambulaciones algo inconsecuentes?. En Arena era un hombre (Carloto Cotta) en arresto domiciliario que se iba de casa para recuperar el dinero que le habían robado y vengar la afrenta, y en el intento redescubría el goce efímero de estar en libertad. Rafa es un muchacho de trece años que sale en busca de su madre al ver que ésta no regresa a la casa en la que viven, en el extrarradio lisboeta. En el tránsito entre la infancia y la edad adulta, acelerada por las duras circunstancias que le toca experimentar, Rafa irá padeciendo al largo de las horas el absurdo de los procedimientos burocráticos -sensacional el interrogatorio en la comisaría- y la crueldad implícita de un sistema que fabrica más problemas de los que resuelve. El peso del film recae en el debutante Rodrigo Perdigão, verdaderamente memorable. El otro curto de Salaviza en el Indie, Cerro Negro, Premio Obviosom/Gripman/Restart, es un encargo de la Fundação Calouste Gulbenkian que forma parte del programa Próximo Futuro, al que también pertenece una excelente pieza de la paraguaya Paz Encina, Viento Sur. En Cerro Negro nos encontramos de nuevo con dos seres descolocados, en esta ocasión en un casal brasileño: el hombre en la prisión de Santarém y la mujer que va a visitarlo sin el hijo. La misma precisión de siempre, el mismo soberbio trabajo con los actores, para completar una trilogía involuntaria y de máxima coherencia. Habrá que ver como sale de esta Salaviza.

No sin cierta sorpresa, Cama de gato de Filipa Reis y João Miller Guerra se llevó el premio destinado al mejor corto portugués. Es fácil dejarse seducir por esta ficción de aire documental sobre una madre adolescente: la vida alegre y triste de una joven con bebé a bordo, encarnada con solvencia por Joana Santos, que con enorme espontaneidad da al personaje las dosis de fortaleza y vulnerabilidad que necesita. Menos convincente fue el premio FNAC Joven Talento para Salomé Lama por Encounters with Lanscape (3x), propuesta contemplativa más molesta que radical, y en cualquiera caso menos irritante que La chambre jaune, ejercicio auto-referencial de André Godinho que invoca en vano a Bresson. Nunca consigo entender lo que hace Edgar Pêra, y One way or another (Reflections of a psychokiller) no es una excepción. Luz da Manhã de Claudia Varejãlo une tres generaciones de mujeres de una misma familia; un inexplicado desencuentro surgirá después de un momento de placer en el río, que justifica la existencia de imágenes hermosas que no evitan una sensación general de indiferencia. La sorpresa más agradable nos la dio Pedro Peralta con Mupepy Munatim, que sigue el retorno a Portugal desde Francia de un hombre en busca del lugar donde está enterrada su madre. Su viaje es una suerte de peregrinación, y su deseo de hacer a su madre un tardío homenaje fúnebre termina siendo un acto afirmativo, de comunión con la vida.

'O que arde cura', de João Rui Guerra da Mata

El mejor film de la sección -y posiblemente también el mejor de los que conocí en el Indie, en general- es el primero que dirige en solitario João Rui Guerra da Mata, O que arde cura. En la mañana del 25 de agosto de 1988, el día que ardió el Chiado, un hombre habla por teléfono con su pareja, no sabemos si un hombre o una mujer (y tanto da); la relación llega a su fin y en la conversación asoman los reproches. El referente explícito es La voz humana de Jean Cocteau, pero Guerra da Mata reconduce el monólogo (o para ser más exactos, la parte de diálogo que escuchamos) a dimensiones más amplias y profundas, también políticas: la relación de amor y odio se va también hacia Portugal (“odio este país atrasado”, dice el protagonista). Hay una necesidad de romper con el pasado y empezar de cero, “sin mierdas”, tal y como revela el propio título: la tierra necesita ser quemada para ser labrada de nuevo y las cenizas “sirven de adubo”, aunque la esperanza coexistirá siempre con la saudade de los tiempos idos, de lo que no volverá a ser. Guerra da Mata regala el personaje principal al director con el que lleva muchos años colaborando, João Pedro Rodrigues. Se recrea en su cuerpo y en su voz mientras deambula por la habitación, en el que se proyectan imágenes que transforman ese único escenario en una hermosa vídeo-instalación, apoyado en la espectacular fotografía de Rui Poças, cuya excelencia conocíamos ya por las películas de Rodrigues y Gomes. Por encima de su pasmoso cuidado visual, O que arde cura es una poderosa llamada a suturar las heridas, las íntimas y las colectivas, y eso hace de él un film necesario, aquí -sea cual sea el “aquí”- y ahora.

________________________________________________________________

1 El total parece aún más pobre se recordamos que de esos cien mil billetes algo más de un 20% fueron para dos obras que tuvieron su estreno el año anterior y siguieron arrastrando público durante varios meses más, Filme do desassossego de João Botelho y José e Pilar de Miguel Gonçales Mendes. 

2 Merece elogio el rigor del Instituto do Cinema e o Audiovisual, que actualiza los datos de recaudación de las salas portuguesas un par de veces por semana y compila modelicamente la información referida a la producción nacional. Nada que ver con la opacidad habitual en España y el vago e inaceptable comportamiento del ICAA al respecto.

3 http://www.peticaopublica.com/?pi=ULTIMATO

4 http://actodeprimavera.blogaliza.org/2012/05/11/en-defensa-do-cinema-portugues/

5 http://apr-realizadores-portugal.blogspot.com.es/2012/05/o-secretario-de-estado-da-cultura.html

6 Todavía hay varios films de interés pendientes de estreno: Deste Lado da Ressurreição de Joaquim Sapinho (vista en Toronto 2011), las aún inéditasSe eu fosse Ladrão… Roubava de Paulo Rocha y el documental Esquecimento de João Vladimiro; e, por supuesto, los nuevos trabajos de Manoel de Oliveira (Gebo e a sombra, probablemente en Venecia), João Pedro Rodrigues e João Rui Guerra da Mata (A última vez que vi Macau) y Pedro Costa (que todavía tardará).


Non hai artigos relacionados.

Comments are closed.