CURTOCIRCUÍTO 2019: LAURA HUERTAS MILLÁN: MUJER, NATIVA, OTRO

En el capítulo III de su conocido ensayo Woman, Native, Other: Writing Postcoloniality and Feminism (1989), Trinh T. Minh-ha trataba de reflexionar, a través del estudio de su tradición oral -familiar, individual y cultural-, sobre cómo la antropología es la base sobre la que la ideología masculina occidental crea discursos hegemónicos. Para combatirla, cuestionando sus representaciones y ofreciendo alternativas, había comenzado su práctica cinematográfica.

En esta línea crítica, de larga tradición teórica y práctica, que toma lo íntimo y cercano como materia prima, es donde Laura Huertas Millán (1983) ha construído su obra. Una producción interdisciplinar que busca combinar “fantasía, ciencia ficción y falso documental, para desenterrar representaciones coloniales y desmontar sus proyecciones de poder” y en la que sus cortometrajes, tan solo la punta del iceberg de un conjunto mayor, han obtenido reconocimiento en festivales como FIDMarseille y Doclisboa, llegando a Curtocircuíto 2019 en la que será uno de los primeros focos en el Estado español.

Obra plástica procedente de la web de la autora

Nacida en Bogotá, pero formada en Francia dentro de las prestigiosa Escuela Nacional Superior de Bellas Artes, Huertas ha desarrollado una intensa labor investigadora culminada con su participación como visiting fellow del Laboratorio de Etnografía Sensorial de Harvard y con un doctorado en la Escuela Normal Superior de París. Simultáneamente, ha producido diversas piezas cinematográficas relacionadas con su trabajo teórico, clasificadas por la propia autora en dos series: Exotismo y Ficciones Etnográficas.

La primera incluye sus primeros trabajos, Journey to a land otherwise known (2011) y Aequador (2012), todos ellos, como bien señala Gilles Grand en el catálogo de FID Marseille de 2012, reflexiones sobre el contacto entre culturas, momento en que se crea la idea de otro, nativo y Nuevo Mundo. Desarrolla para ello un dispositivo fílmico que reflexiona sobre la “supervivencia de la imaginería exótica” que engendra este choque, buscando al mismo tiempo la reinterpretación de la historia” y sus imágenes, entendida como un reto estético y político.

Sus últimas obras hasta la fecha, Sol Negro (2016), La Libertad (2017), El Laberinto (2018) y jeny303 (2018) continúan el camino iniciado por las anteriores, pero incrementando considerablemente el abanico temático y formal. En líneas generales y según la propia Huertas trata de reflejar “situaciones de mímesis, alegorías, simulaciones y espacios de cine compartido, que buscan poner en una perspectiva política preguntas sobre la representación“. Todo ello para crear espacios de libertad y emancipación en comunidades e individuos políticamente marginados.

Pese a esta clasificación temática general, la riqueza de la obra de Huertas permite también acercarnos a ella desde ángulos alternativos, una serie de constantes temáticas que desgranan de un modo transversal las claves de su cine. Entre otras, la reflexión constante sobre el cine etnográfico, o sobre conceptos como cuerpo, arquitectura y naturaleza.

Cuerpos: de lo nocturno a lo concreto

Desde presencias fantasmales y cuerpos fragmentados hasta la propia directora y su familia bajo la máscara de la ficción. Fragmentos de Journey to a land otherwise known, Aqueador y Sol Negro

Es posible trazar un itinerario por el cine de Huertas a través de la progresiva materialización de los cuerpos. Así, en Journey to a land otherwise known estos son presencias extrañas y etéreas: vagabundos nocturnos que, como señala la directora, trazan vínculos entre etnografía y psicoanálisis para “indagar en la parte inconsciente, opaca, violenta, que reside en el deseo de lo exótico”. Estos se representan casi siempre fragmentados y parcialmente en fuera de campo, como en Aequador, mimetizados con la naturaleza y asociados a la práctica ritual. En ambos casos son representaciones del otro, contenedores iconográficos que la voz en off, tan presente como generadora de significado en las primeros trabajos de Huertas, trata de llenar.

Posteriormente, el cuerpo se vuelve completo, no solo respecto a su presencia en pantalla, también en cuanto a su identidad: toma nombre y apellidos. En Sol Negro, exploración sobre la enfermedad mental y la depresión que hereda título del ensayo de Julia Kristeva, estos destacan por su rotundidad, pero también por su interesante juego de máscaras y realidades: todos los papeles principales están interpretados por la directora y las mujeres de su familia en una suerte de exploración y exorcismo colectivo gracias al uso liberador de la ficción.

Las últimas obras de Huertas, siguiendo la línea de Sol Negro, muestran un cuerpo que no solo se materializa, sino que también se feminiza. En La Libertad las protagonistas, mujeres de Santo Tomás Jalieza, comparten una búsqueda de espacios de libertad e independencia mediante la fabricación artesanal de telares, según Huertas “un archivo paralelo a la historia oficial de los procesos de colonización, mestizaje e independencia”. El dispositivo fílmico de la directora se transforma, en consecuencia, buscando tejer redes de enunciación y colaboración efectivas, convirtiéndose en una herramienta política más para la emancipación de unos cuerpos tradicionalmente marginalizados.

Arquitectura: ruina, puerta y simulación

Pie: Edificios tratados como barcos, arquitecturas virtuales y la ruina como puerta de entrada. Fragmentos de Journey to a land otherwise known, Aqueador y El Laberinto

En Trees Down Here (2018), presentada en la última edición de Curtocircuito, Ben Rivers mostraba de forma amable y humanista la realización de una vieja utopía: la convivencia en igualdad entre naturaleza y arquitectura, materializada en los edificios universitarios del Churchill College, reformados recientemente por el estudio 6a Architects. El joven director rodaba allí con sensibilidad mekasiana aquellos espacios intermedios donde se entrelazan ambos mundos: un recibidor, una pared de cristal o un paseo arbolado.

La forma en que Laura Huertas se acerca en jeny303 al emblemático Edificio 303 de Bogotá es radicalmente opuesta, y parece resumir el constante contraste que su obra establece entre arquitectura y naturaleza. Construido a mediados de los sesenta siguiendo los pasos de esa utopía arquitectónica que el movimiento moderno había llevado a varias ciudades sudamericana, es ahora una ruina que habita Jeny, una joven transgénero cuyo relato se entremezcla con el del edificio que la cobija. El resultado es un retrato conjunto en el que resuenan con naturalidad los múltiples fracasos de la sociedad colombiana.

Esta idea de ruina, de arquitectura como cuerpo extraño y cambiante que cobijó esperanzas de una sociedad distinta y muchas veces impuesta verticalmente, recorre una y otra vez la obra de Huertas con distintas variaciones. Ya en la primera mitad de Journey to a land otherwise known esta aparece asociada a un carácter engañoso y de significado esquivo, a la representación no naturalista de la misma. Mediante un interesante uso del diseño sonoro y a la sugerente voz en off, el cuerpo de cemento del Jardín Botánico de Lille, realizado en 1948 por Jean Dubuisson, se transforma en la proa de un barco repleto de narrativas sobre el Nuevo Mundo y sus habitantes, un navío que nos permite desembarcar en una selva representativa de los niveles más profundos del subconsciente colonizador.

Este carácter engañoso de la arquitectura se puede transformar en una no disimulada virtualidad  en el caso de Aqueador. Aquí aparecen como espacios completamente ajenos a la naturaleza que las rodea, propuestas sociales para un territorio que no los acepta. Un conjunto que, como señala Julien Farenc “explora la naturaleza como un espacio de emergencia de otredad, un paisaje donde la imprenta del hombre, sus narrativas y sus monumentos permanecen bellamente frágiles”.

El caso de El Laberinto, la arquitectura resume varios de los temas tratados anteriormente. Esta vuelve a ser ruina, de nuevo puerta a un sueño hurtado de futuro. Mientras que Cristóbal recorre los restos de una antigua narcomansión situada en la selva colombiana, Huertas liga su narración con las imágenes de las grandes construcciones de Dinastía (Richard y Esther Shapiro, 1981-89). Materiales de un origen distinto, pero de nuevo representativas de una arquitectura ficcional que, como casa de ensueño, cobija el deseo de riqueza de una parte de la sociedad colombiana al mismo tiempo que refleja la relación subyacente entre los países responsables de ambas imágenes.

Documental etnográfico

Si existe un punto en común entre todas las piezas de Laura Huertas, es el modo en el que se intenta reflexionar sobre cómo y dónde pueden encontrarse ficción y etnografía. Un debate central a lo largo de la historia del documental que la autora colombiana deja atrás para abrazar sin vacilación una concepción abiertamente híbrida del mismo.

Así, desde Journey to a land otherwise known hasta jeny303, Huertas muestra su interés  por representar la alteridad a través de diferentes formas de ficcionalización, desprendiéndose de la pretensión de objetividad científica de la antropología mediante distintos mecanismos formales. Juegos de identidad que esconden tensiones familiares reales (Sol Negro), la inclusión de material procedente de series de ficción como Dinastía, tratada del mismo modo que el discurso de su protagonista (El  Laberinto), el trabajo metafórico y no naturalista a la hora de filmar localizaciones como el Jardín Botánico de Lille (Journey to a land otherwise known) o el trabajo de puesta en escena constante en su obra (La Libertad). Como señala la directora para este último “el film se plantea como una ficción etnográfica, ya que todas las escenas, aunque hayan sido captadas en momentos de la vida cotidiana, son consideradas como puestas en escena; tanto ellos como yo estábamos en un situación performativa creada por el rodaje, conscientes de estar construyendo también una representación”.

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