INTERSECCION 2018: SOBRE FRONTERAS Y DIVERSIDADES. LA IMAGEN AUDIOVISUAL EN GALICIA MÁS ALLÁ DEL CINE

Fotografía:  Andrea Rodríguez López

Fotografía: Andrea Rodríguez López

En los últimos tiempos, hablar de audiovisual es hacerlo desde una perspectiva híbrida, expandiendo la mirada más allá de terminologías o fronteras técnicas para abrazar su sustancia desde la intersección, desde el camino fronterizo. A lo largo de la historia hemos aprendido que en el arte no existen las rupturas limpias o las delimitaciones. Hemos comprendido su permeabilidad y asumido que las agrupaciones en movimientos, periodos o categorías favorecen la comprensión y teorización del arte pero no deben entenderse de modo absoluto. Las disciplinas, por ello, deben tender a la fragmentación cuando hablamos en términos creativos y expositivos. El objetivo es sencillo: generar un espacio de encuentro entre los diferentes actores del sector que favorezca no solo el enriquecimiento, sino también un conocimiento mutuo que permita interacciones futuras. Esto es precisamente lo que hemos podido ver en INTERSECCIÓN. Encontro Internacional de Arte Audiovisual que se celebró en la Fundación Luis Seoane de A Coruña entre el 9 y el 11 de noviembre. A través de una programación confeccionada en torno a la obra de artistas plásticos, audiovisuales y otros creadores pertenecientes al ámbito de las artes vivas, la crítica o el comisariado se conformó un espacio heterogéneo de diálogo y visibilización de ese otro cine que no suele aparecer en las grandes pantallas ni llenar las salas, pero que inyecta nuevas posibilidades al lenguaje visual.

Inmersos, como estamos, en una globalidad artística y social que impulsa instintivamente la correlación dentro de la diferencia, la sesión dedicada al Arte Audiovisual Contemporáneo Gallego dio buena cuenta de ese interés por abordar los múltiples elementos de la gramática fílmica. Por abordarlo desde lo plural, abandonando los relatos hegemónicos para reivindicar el componente experimental. En esta línea fuimos descubriendo los trabajos de Edu Valiña, Lara y Noa Castro, David Catá, Ruth Montiel Arias, Claudio Pato, Carme Nogueira, Santiago Talavera y Edu Fernández. Sin poder determinar un sello distintivo, sí hablamos de creaciones de carácter vanguardista llevadas a cabo por autores de formación muy variada que apuestan por la libertad creadora buscando mayor implicación estilística y de significado. Todos ellos, a su ritmo y a su modo, están consiguiendo impulsar este otro tipo de cine que cada vez está cogiendo más peso no solo en Galicia sino también a nivel internacional. En este sentido, cuando nos preguntamos por el presente de la creación audiovisual contemporánea gallega podemos confirmar que existen diferentes trayectorias y velocidades.

Mi vida a flor de piel (David Catá)

Mi vida a flor de piel (David Catá)

Con una potente densidad estética y conceptual, las piezas presentadas en Intersección enuncian además un hecho clave: la necesidad de entender el audiovisual no solo como una disciplina artística, concreta e impermeable, sino también como herramienta de expresión que puede servir de documento gráfico para una acción, como medio de exploración formal de la imagen o como impulsor de nuevas realidades, expandiéndose en el espacio en forma de video-instalación. Lo cierto es que sería más sencillo trazar un hilo conductor que agrupase los proyectos presentados y generase un relato coherente. También resultaría probablemente inconcreto. Juguemos, por tanto, a desmontar el puzzle y dediquémonos a encontrar lo genuino en cada una de las piezas:

Lo original, lo auténtico, puede advertirse por ejemplo en Non dorme ninguén polo mundo, donde Lara y Noa Castro eligen un modelo de representación que parte del error como aliado. Utilizando una cámara estropeada, se aprovechan del desperfecto para transformar la realidad semántica y plástica de su contexto alternando en diferentes secuencias surrealismo y cotidianidad. La predilección por lo cercano también aparece en la obra de Claudio Pato (Do que complota unha imaxe), quien cartografía lo urbano y lo natural proyectándolo a modo de haiku sin dejar de ofrecer, al mismo tiempo, una reflexión sobre las modificaciones del espacio motivadas por la acción del hombre. Para David Catá la cotidianidad la escriben las personas que integran su vida. Mi vida a flor de piel registra un acto performático que pone de relieve el uso del cuerpo como vía de exploración de lo artístico. El vídeo actúa aquí como catalizador de sensaciones y el artista juega con el zoom digital para hacernos experimentar una pulsión casi epidérmica.

Si pensamos el arte como impacto, algunos de los trabajos presentados en el marco de Intersección destacaron por su capacidad incisiva; por desmoronar los códigos instaurados para facilitar un grado de empatía desde el cual replantearse ciertos roles o patrones de conducta. Edu Valiña apunta con A ninguén lle importa a túa historia a la idea incomunicación y ocultación del mensaje como una de las pandemias de la sociedad globalizada. Así, a través del sonido y la repetición compone una atmósfera envolvente que parece señalarnos como coautores de toda esta crisis discursiva. Desde una resolución estilística que escenifica el exceso de una sociedad hiperconectada, The passion of Edu Fernández (Edu Fernández, EDU) se construye a partir del humor ácido y la autoficción, apropiándose del filme de Dreyer (La pasión de Juana de Arco, 1928) para investigar conceptos como la otredad y el control de las masas.

The passion of Edu Fernández (Edu Fernández)

The passion of Edu Fernández (Edu Fernández)

En otro ángulo Leith Walk. Our share of the profits, de Carme Nogueira, da voz a las personas para vehicular territorio e historia, rescatando las memorias más allá de sus especificidades geográficas o arquitectónicas: resonancias del pasado con las que mirar el presente. También Santiago Talavera acude a la historia, pero lo hace interrogándose por la capacidad del ser humano para provocar el mal, una reflexión que tiene como origen la investigación sobre las consecuencias del primer ataque nuclear. Materializada a modo de found footage El destructor de mundos explora, casi a modo de extensión del lienzo, la capacidad plástica del cine al tiempo que aborda el dilema de la acción bélica. Si analizamos Bestiae, de Ruth Montiel Arias, advertimos un juego entre lo analítico y lo emocional que busca penetrar en las entrañas del universo de la caza. Los contrastes lumínicos, las combinaciones cromáticas, la distorsión y la superposición de planos avanzan un proceso de ocultación y desocultación en el que corresponderá al espectador la tarea de complementar la obra.

Estos ejemplos, que se conforman como elementos de una constelación mucho mayor, escenifican claramente la efervescencia del lenguaje audiovisual y sus múltiples ramificaciones dentro de la creación contemporánea. Pudiendo constituirse desde una mirada cinematográfica, pictórica, fotográfica o instalativa, todos estos creadores parecen tener en común no un modus operandi sino más bien una forma de mirar, una potencia estética que se origina en el espacio intermedio. Sin embargo, actuar desde los márgenes puede resultar incómodo. Si bien la hibridación y convivencia entre los binomios cine-sala oscura y artes plásticas-museo es una buena noticia que plantea nuevos retos sobre cómo mirar, también es necesario plantearse cómo se distribuirá y recibirá la obra por parte del público. Desde el mercado, la crítica, la producción, el comisariado, la academia, la museología y todo aquello que engloba el sistema artístico en general, debemos cuidar estos diálogos diferenciando las necesidades específicas de cada caso y creando nuevos espacios que posibiliten y normalicen estas conexiones. Si estos trabajos, creados habitualmente con recursos mínimos pero con mimo y dignidad, logran rebosar fronteras, conviene preguntarse qué sucedería si contaran con mayor apoyo a la producción y difusión, si se cediera al público la posibilidad de reposar en la reflexión, de saborear el cine en todas sus vertientes.

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