DÍA 5: DE ROTTERDAM A BURMA… SIN MOVERSE DE LA BUTACA

Resacón en Rotterdam. Hoy he descubierto que los años no pasan en vano y que el cuerpo ya no está para hacer muchos excesos. Pese a todo, y tras romper mi ritual desayunando un broodje frikandel, he llegado a tiempo a la primera sesión del día. Una gran suerte, porque he viajado al otro lado del mundo gratis y sin tener que moverme de la butaca.

Birmania (República de la Unión de Myanmar) es un país del sudeste asiático bordeado por China, Laos, Tailandia y la India. Esta excolonia del Reino Unido tiene 54 millones de habitantes. Uno de ellos vuelve a casa tras doce años trabajando en Taiwán para llevarle a sus tíos las cenizas de un primo con el que trabajaba en la construcción Su madre le recibe con un simple: “¿Has comido algo?”. Esta escena, que detona el segundo acto de Return to Burma, rodada en un único plano y en el que podemos ver al protagonista Wang Xing-hong sentado frente a frente con la mamá en la entrada de la residencia familiar, define el drama del conjunto de la población birmana. El realizador Midi Z recurre a su biografía para construir la que es la primera película rodada en la nación de la “felicidad disciplinada”. Es paradigmática la parábola que el hijo pródigo comparte con los estudiantes del templo y cuya moraleja es que no existe tal cosa como una comida gratis. No Pain No Gain!

La fórmula es sencilla, lo que no quiere decir que esta obra sea simple. Xing-hong deambula por el pueblo y las ciudades aledañas para interrogar a todo el mundo sobre su salario, sus labores, el precio de las cosas. Dinero y trabajo. Lo segundo implica también una serie de conversaciones en las que vemos a los personajes soñar despiertos con poder irse a China o a Malasia, incluso a Estados Unidos, donde un trabajador de McDonalds gana 30 mil kyates por hora (una barbaridad). La cámara de Midi Z se mantiene a una distancia prudencial, casi siempre utilizando planos abiertos o generales, sin cortes y con un encuadre muy cuidado. Ficción sí, pero con una constante sensación hiperrealista propia de la Nueva Ola del cine taiwanés, cuyo filme fundacional fue In Our Time (1982) dirigida por cuatro realizadores: Edward Yang (Taipei Store, A Confucian Confusion), Te-Chen Tao, I-Chen Ko (Soul Hong Kong) y Yi Chiang. El discurso no carece de quejas ante un gobierno que es incapaz de llevar agua a las regiones más remotas, mantener el servicio eléctrico activo las 24 horas o producir cigarrillos decentes (esto es lo que más preocupa a un gracioso taxista). Pero la crítica se hace con sutileza. Un chiste aquí, una canción sobre la “legalidad” de los resultados electorales por allá. La banda sonora la completan los temas que interpreta el grupo de jóvenes soñadores y que hacen alusión al amor (tranquilos, las letras estaban subtituladas, yo no hablo birmano).

Pausa. Me voy a un restaurante japonés porque me ha entrado el gusanillo al ver a tanta gente comer con palillos. De vuelta al trabajo. Muchos me reprocharán la segunda (y última elección de un día muy corto), Wuthering Heights. ¡Pero cómo no habías visto antes esta película! Y eso mismo me pregunto yo. Antes de comentar la que es la décimo octava adaptación cinematográfica de la novela de Emily Brontë me detengo en un par de apuntes. En Rotterdam no hay ruedas de prensa, la organización prefiere apostar por el uno contra uno en entrevistas que organizan para todo aquel que lo necesite. Lo que sí que tienen son esas “charlas grandes” (Big Talk) en las que alguna personalidad del periodismo holandés se sienta con el director para hacerle una serie de preguntas sobre lo que vamos a ver a continuación. Hoy ha sido el turno de la británica Andrea Arnold.

Odio mi película… En realidad odio todas mis películas, pero esta por encima de las demás” (y yo me caigo del love seat del teatro Oude Luxor en el que estaba sentado). Arnold se lamenta porque no tuvo una relación fácil con una producción en la que están presentes los instintos más básicos del ser humano: odio, crueldad, brutalidad, sadomasoquismo. Se explica: “no es algo bonito tener que lidiar con ello 12 horas al día durante muchas semanas”. Con todo, y aunque no ha visto ninguna de las versiones anteriores exceptuando la de Laurence Olivier, la realizadora cree que no ha conquistado la aventura de adaptar la obra de Brontë, “nadie lo ha conseguido y deberíamos dejar de intentarlo”. La ganadora del Oscar al Mejor Cortometraje por Wasp (2003) y artífice de Fish Tank hace una aproximación naturalista sobre Cumbres borrascosas empleando con frecuencia el plano detalle y abriendo el encuadre a los paisajes en los que se desarrolla gran parte de la acción.

La realizadora Andrea Arnold, entrevistada en una de las Big Talks de Rotterdam. FOTO: TITO RODRÍGUEZ

La hierba, plumas de diferentes aves, el pelo de Catherine, el de Heathcliff (el protagonista), ojos que ven a otros ojos, unos antojables labios, son elementos fundamentales. “Sentir, ver, escuchar, tocar, fueron acciones importantes que ya tenía claras desde un primer borrador del guión, porque cuando estás tan cerca de la naturaleza sientes el frío, la textura de la tierra, oyes el viento”, así es como justifica su narrativa y también la ausencia de música. Bien es cierto que el círculo que dibuja con numerosos flashback se cierra sobre la canción ‘The Enemy’ de Mumford & Sons (tema principal de la película). Stop. No quiero profundizar más porque hay cientos de críticas (seguramente mejores) sobre un filme que muchos profesionales incluyen en su Top 10 de 2011 (entre ellos Alejandro Díaz, que se quedó con las ganas de llevársela al 49 FICXixón).

Y eso es todo lo que tengo que decir sobre el día de hoy (a lo Forrest Gump). Perdón, me olvidaba del segundo apunte. No sólo hubo sold out en el mítico teatro en el que se proyectó (con quince minutos de retraso) la película de la que acabo de hablar, sino que se produjo un apelotonamiento masivo de espectadores en la entrada del Oude Luxor. Por un momento pensé que iban a echar la puerta abajo, pero al final incluso quedaron butacas vacías. Paranoicos y además tocones, ni que fuésemos a coger un vuelo de Air India entre Mumbai y Nueva Delhi. Desgraciadamente yo ya he pasado por eso.

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