SEFF 2019 (I): AUTOFICCIONES Y FANTASMAS

The Souvenir (Joanna Hogg)

La retrospectiva dedicada por el Festival de Sevilla a la británica Joanna Hogg dio su pistoletazo de salida con el estreno en España de su cuarto largometraje, el mismo que este año le está brindando una repercusión internacional superior a la obtenida hasta ahora con su obra previa. Tal decisión de programación, comenzar por el fin, resultaba lógica por muchas razones obvias, pero lo cierto es que además esta película entraña una visión directa sobre sí misma y los qués de su arte, que se antoja clave como puerta de acceso a su cine. The Souvenir es el retrato autobiográfico de Hogg, trufado de elipsis y sugerencias, a través del personaje de la cineasta Julie –encarnada por la espléndida debutante Honor Swinton Byrne–. Ésta, una joven de familia acomodada, intenta encontrar su propia voz en la Inglaterra de los 80 y comienza una relación tóxica con un hombre de esencia hermética, atrapado en la heroína. El conflicto se apodera lenta y silenciosamente tanto de ella como del film, que adoptando su punto de vista opta por soterrar en parte sus brutales consecuencias. 

En el camino, la directora se cuestiona sobre la forma en que las vivencias de cada uno graban a fuego el arte, así como también deja entrever las profundas huellas del camino recorrido hasta modular su propia voz como autora. Las menciones a las palabras teóricas de Hitchcock o Rivette, en las secuencias de la escuela de cine, sirven para enmarcar de forma inequívoca un estilo en el que late cierta tensión entre el retrato social británico de la época, de cuya influencia acaban por escapar Julie/Joanna, y otra herencia personalísima y muy distinta, plasmada en la distancia con la que Hogg contempla una narración a todas luces esquiva. Tal choque es sólo una de las capas que introduce en la película, cuya recreación en celuloide de los años 80, especialmente brillante en el diseño de interiores, se conjuga de modo sorprendente con el propósito de evitar cualquier nostalgia sobre la época. Un último tramo desgarrador da cuenta de los logros que acaricia The Souvenir, obra de espíritu austero a la que tan sólo el retrato de clase y cierto ahínco redundante en la cuestión cinéfila alejan definitivamente de los fértiles terrenos de Garrel o Pialat a la hora de condensar en un puñado de secuencias la devastación.

Tommaso (Abel Ferrara)

Si bien Abel Ferrara no necesita presentación a estas alturas, su último trabajo, a concurso en la Sección Oficial del festival, también opta por la autoficción, más oscura incluso que la de Hogg, para plasmar el mundo interior del creador y sus demonios. En Tommaso, Willem Dafoe da vida a un cristalino alter ego del director neoyorquino: como él en la actualidad, el cineasta al que interpreta vive en Roma con una mujer europea mucho más joven –la propia actriz Cristina Chiriac– y la pequeña hija de ambos –también real–. La aparición de la niña se ofrece como última oportunidad de redención a sus ojos, tras un pasado tortuoso no explicitado pero más que evidente en cada paso que retrata la cámara, con las formas irregulares y sucias de una home movie. Entre clases de italiano y terapias de grupo, su vida agitada aspira a encontrar cierta estabilidad de cara al final. Pero, como no podía ser de otra manera en una película del autor de la sensacional The Addiction (1995), la máscara de calma cede y los demonios interiores no tardan en apoderarse de su persona: si bien por momentos parecían haber desaparecido, tan sólo habían cobrado otra forma más sigilosa, la de los otros. Con el acto final, alegórico y desatado, se confirma el valor de una película que, aun estando algo lejos del mejor cine de Ferrara, refleja con rabia su necesidad imperante de seguir purgando tormentos mediante la realización y con la presencia de un rostro ajado, el de Willem Dafoe, ligado en estas últimas décadas al universo decadente de su director.

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