SINAIS EN CURTO 2018. EN TORNO A LA MATERIA.

Fotografía: María Meseguer

Fotografía: María Meseguer

Como cada año, el (S8) Mostra de Cinema Periférico dedica una sesión al cine experimental y de vanguardia que se produce en Galicia. Obras de cineastas que no faltan en cualquier historia del cine gallego se yuxtaponen a otras de autoras jóvenes, demostrando tanto la riqueza intergeneracional que existe como, precisamente, la posibilidad de ese relevo. Los programas de carácter nacional difícilmente están atravesados por algún concepto que los hile, salvo su condición nacional. Sin embargo, en esta sesión preparada por Ángel Rueda, codirector del (S8), sí intuyo una línea que puede hilvanar de algún modo el programa: lo matérico.

El programa comenzó con A mosca, pieza de 2017 de Alberte Pagán, uno de los artistas experimentales referenciales de Galicia, creada dentro del “Proyecto Remolque” que coordina Cris Lores. Este es un proyecto al que Lores invita a diversos cineastas y artistas, así como personas de cualquier ámbito interesadas en participar. A cada participante, Lores facilita rollos de trailers de películas comerciales en 35mm, provenientes de antiguos cines cerrados o suplantados por el DCP, para que hagan con ello lo que consideren. Pagán aprovechó, como dijo en la presentación, para limpiar el piso de telas de araña y, de paso, asesinar a 24 moscas, materiales todos que pegó físicamente al film. Hicieron falta 24 moscas reales para que el espectador pudiera ver 1 en pantalla durante un segundo. El resto de la pieza está compuesta por trozos de película, acompañada de un zumbido que alude al título. Se trata de un trabajo en el que corta los trailers por todas partes, de manera que lo que vemos no es solo la imagen filmada, sino las perforaciones y la banda de sonido, subvirtiendo así cualquier pacto ficcional que se pudiera plantear adoptar con respecto a las imágenes y sus relaciones: Pagán deja bien claro que lo que allí vemos es el material fílmico en sí, y que con él es con lo que elabora su trabajo. Sin embargo, el hecho de destrozar, cortar, rascar y pegar imágenes de películas anodinas industriales hollywoodienses, no es baladí ni está carente de significado.

El segundo corto que pudimos ver fue M. (Manuel Moldes – Pontevedra Suite, 1983-1987) (2017), el retrato que el cineasta Ángel Santos realizó de Manuel Moldes, artista gallego muy vinculado al Grupo Atlántica, importante movimiento artístico gallego de los 80. Lo que a priori fuera un encargo en torno a una obra que no podría aparecer en la gran exposición retrospectiva que le dedicaría el Museo de Pontevedra al pintor y comisariada por Ángel Cerviño, Ángel Santos transformó en un retrato libre. Cuenta Santos que tardó en encontrar qué película hacer, y que fue fruto de la convivencia en el estudio de Moldes. Tras abandonar una idea preconcebida de cuál sería la película esperada y descartar para ello emplear el digital, hizo del encargo un trabajo personal, empleando para ello su Bolex de 16mm, cámara que también determinó el tipo de película que aparecería, debido al proceso físico que requiere. El film recoge de un bello modo lo matérico del trabajo de Moldes, en un soporte también físico, en el que los colores también responden a la comunión de la luz y su reacción con los químicos. El sonido, por su parte, apela a una sensación háptica y física, al roce del pigmento con el lienzo. También comentó en su presentación que durante la filmación, ambos artistas se adentraban hasta tal punto en sus procesos creativos que llegaban a sobresaltarse mutuamente al percibir la presencia del otro, momento el que la relación entre ambos continuaba en el bar, donde procedían a interactuar con otras materias.

M. (Manuel Moldes - Pontevedra Suite, 1983-1987)

M. (Manuel Moldes – Pontevedra Suite, 1983-1987)

Lara y Noa Castro presentaron su segundo trabajo en Sinais, tras participar el año pasado con O ollo cobizoso. En esta edición pasaron Pezas imposibles (2018), en torno a la cuál puede leerse la siguiente entrevista en este link. Querría subrayar la reflexión que realizan en torno al cuerpo como materia, planteando este trabajo en relación con lo escultórico. El espacio deviene también un elemento de una densidad compleja debido a las numerosas impurezas que aparecen, como hojas o tierra, así como a las burbujas y las formas que genera, modulando la luz a su paso a través de ella, y evidenciando su presencia material visualmente.

Como también sucedió el año pasado, este pase de Sinais contó con la presencia en la sala y participación de Manolo González, figura fundamental para entender el cine contemporáneo en Galicia. Fundó y coordina la Chanfaina Lab, festival de cine en San Sadurniño, un pequeño pueblo de interior que ya se convirtió en una cita anual ineludible, y caracterizado porque en lugar de ser un lugar donde solo se presentan películas, la Chanfaina es generador de todas las piezas que se muestran allí. A lo largo de sus 4 ediciones ya pasaron por allí cineastas consagradas como Óliver Laxe, Lois Patiño, Eloy Enciso, Diana Toucedo, Eloy Domínguez Serén, Carla Andrade o Ángel Santos, y sirvió como plataforma para jóvenes cineastas como Abel Vega o Cruz Piñón. Manolo destacó la relevancia también del corto realizado por Ángel Rueda, quien por motivos evidentes decidió no programarse a sí mismo, pero instó a otros programadores en la sala a hacerlo, aunque fuera en el mes de diciembre, y anunció la participación para el próximo año de Helena Girón y Samuel Delgado.

Esta pareja de cineastas presentaron el cuarto trabajo que pudimos disfrutar: Plus Ultra (2017). Con este van ya tres año seguidos participando en Sinais, siendo así los cineastas que más veces pasaron por esta sección, tras hacerlo hace dos años con Sin dios ni Santa María y Montañas ardientes que vomitan fuego en la edición de 2017. Plus Ultra llega al (S8) tras un brillante recorrido por festivales que comenzó en Locarno y que aún continúa en importantes citas como el Festival de Lima Independiente o Filmadrid. En este trabajo, Samuel y Helena continúan trabajando en las Islas Canarias con elementos que replantean su historia como territorio, principalmente en el relato oral y popular. En esta ocasión fabulan en torno a un incidente que pudiera suceder en tiempos de la Conquista de América, cuando un marinero de una de las carabelas hubiera robado una de las velas. Esta película reduce al mínimo los elementos, dejando un mínimo hilo que condensa de un modo extremadamente eficiente y elegante su narrativa. Su pieza se divide en dos partes: la segunda que contiene la historia, fue filmada con una cámara de 16mm profesional y procesada en laboratorio, mientras que el prólogo, el retrato de una momia del Museo Canario, está filmada, tal y como venían haciendo en sus dos trabajos anteriores, con una cámara doméstica, película caducada y procesada manualmente. De este modo, buscan la coherencia entre la momia filmada y el material con el que filman, además de lograr conferirle un aura de otro tiempo o, incluso, extraerla del tiempo y dejarla levitando en la dimensión cinematográfica. Este corto fue concebido como una suerte de ensayo para su próximo trabajo y primer largometraje, Eles transportan a morte (título provisional), que fue apoyado por diversas instituciones y por el Ikusmira Berriak del Festival de San Sebastián.

Fogos (Marcos Pérez e Martin Pawley, 2017)

Fogos (Marcos Pérez e Martin Pawley, 2017)

El programa finalizó con Fogos (2017), un trabajo de Marcos Pérez y Martin Pawley. En el coloquio, Marcos Pérez explicó que la pieza surge de la voluntad de experimentar con un dispositivo que poseen en el Planetario de A Coruña para filmar vídeos en 360º, los cuales posteriormente son proyectados en la cúpula semiesférica de este museo. Para este vídeo, el más radical hasta la fecha, contó con el crítico y cineasta Martin Pawley, quien se encargó del montaje de la obra. Tras pasar por dos planetarios españoles fue estrenado en el prestigioso Festival de Gijón en pantalla plana, para lo cual resolvieron disponer el vídeo dentro de un círculo, lo cual origina una serie de aberraciones que generan una experiencia muy sugerente al subvertir los ejes espaciales convencionales, tal que las líneas rectas se transforman en curvas, “arriba” es el centro de la imagen y el horizonte el perímetro del vídeo. La propuesta consiste en observar un espectáculo pirotécnico durante 14 minutos desde el punto de vista de los artificieros. Marcos Pérez recordó, durante el coloquio, la experiencia de su infancia de vivir el espectáculo desde dentro, en contacto con la realidad del suceso, frente a la experiencia meramente contemplativa debido a las medidas de seguridad modernas. Piezas como esta nos hacen replantearnos lo complejo o no del cine experimental y, en una intervención muy acertada, el actual director de la Academia y también cineasta experimental y film performer, Miguel Mariño, destacó la vital importancia de poder comunicar mejor y llegar a la gente, puesto que como bien apuntó, nadie que asista a un espectáculo pirotécnico se quejaría de “no entender” el show, mientras que es algo siempre aducido tras una sesión de cine experimental o frente al arte contemporáneo. Así, esta pieza recurre al material pirotécnico para realizar una reflexión acerca del cine experimental y un comentario a su ontología: observar y disfrutar del cine como espectáculo de luz, sombra y color.

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