SO LONG, MY SON, de Wang Xiaoshuai

Durante la pasada edición de la Berlinale, el realizador chino Wang Xiaoshuai presentaba en competición la monumental So Long, My Son, posiblemente la cinta más sólida de una Sección Oficial con bastantes altibajos (puedes leer nuestra crónica completa aquí). Reconocido como uno de los componentes de la llamada “Sexta Generación” del cine chino, Xiaoshuai es un rostro habitual en el encuentro berlinés: su película Beijing Bicycle fue galardonada con el Gran Premio del Jurado en el año 2001, mientras que In Love We Trust recibía el premio a Mejor Guión en el 2008. En muchos de sus trabajos, Xiaoshuai aborda los problemas de la clase trabajadora, especialmente aquellos relacionados con la rápida transformación política, económica y social experimentada por su país a lo largo de las últimas décadas. En este sentido, su último trabajo bien podría considerarse el epítome de esta tendencia. So Long, My Son se postulaba desde el primer momento como una de las principales favoritas para alzarse con el codiciado Oso de Oro, un honor que recayó finalmente en Synonyms, de Nadav Lapid. Con todo, la cinta de  Xiaoshuai no se fue de Berlín con las manos vacías. La película acabó arrasando en los galardones interpretativos, que reconocían el excepcional trabajo de sus protagonistas: Yong Mei y Wang Jingchun.

Hablamos de una obra de dimensiones épicas: una pieza de casi 3 horas de duración que se desarrolla a lo largo de 30 años, cubriendo la historia del gigante asiático desde los últimos años de la Revolución Cultural hasta el frenético crecimiento económico del siglo XXI. Sin embargo, la magnitud del relato no va en detrimento de su enfoque personal e intimísimo, que logra conectar los dramas internos de una familia con las heridas abiertas y los traumas nacionales de la sociedad china. La cinta presta especial atención a los devastadores efectos que tuvo la política del hijo único, centrándose en la experiencia de una pareja (Mei y Jingchun) asolada por el duelo tras perder a su hijo en un dramático accidente. Con la intención de huir de su pasado y comenzar una nueva vida, Yaojun y Liyun deciden marcharse a un pueblo “apartado del mundo”, donde adoptan a un joven con el que tratan sin éxito de cubrir el vacío que dejó la muerte de su hijo biológico. El destino de la pareja está íntimamente ligado al de Haiyan y Yingming, otro matrimonio que representa un modelo totalmente distinto de adaptación al sistema y los cambios sufridos en el país, pero con los que comparten un insondable sentimiento de culpa que los acompañará durante gran parte de sus vidas. “Hace mucho que el tiempo se paró para nosotros”, sentencia Yaojun en cierto momento, reconociendo el limbo en el que habitan desde el trágico incidente.

Cabe destacar que la obra presenta una narrativa fragmentada, saltando constantemente entre distintos lugares y arcos temporales, pero manteniendo siempre un tono consistente y un excelente manejo de los tiempos. Esto se debe en gran medida al magistral trabajo de edición de Lee Chatametikool (colaborador habitual del tailandés Apichatpong Weerasethakul en cintas como Uncle Boonmee Who Perro Recall His Past Lives o Cemetery of Splendour). Lo que en un primer momento fue un mecanismo escogido por el director para acortar la duración de la película (escrita inicialmente de manera cronológica), se convierte en uno de los grandes activos del filme. Centrándose en los momentos clave que marcan de forma irreversible la vida de los protagonistas, la obra va tejiendo con maestría los distintos hilos y subtramas sin descuidar el componente de intriga que acompaña todo el relato. Por otra parte, la fotografía de Kim Hyung-seok también contribuye en gran medida al perfecta ensamblaje de la película, dotando a cada época de una estética y tonos característicos. La cinta está compuesta principalmente por secuencias largas y pausadas, que nos permiten acompañar a los personajes hasta habitar sus mismos espacios. No obstante, la cámara siempre mantiene una cierta distancia, observando a través de los marcos de las puertas, respetando su intimidad y su luto. En la banda sonora, envolvente pero quizás demasiado subrayada, encontramos el único punto débil de un apartado artístico sin apenas fisuras.

So Long, My Son se presenta como un melodrama orgulloso, con una profundidad emocional y narrativa poco habituales. Xiaoshuai hace una exploración minuciosa de la psique de sus personajes, con una sutileza que se beneficia de posteriores visionados, sobre todo en lo que concierne a las comedidas interpretaciones del dúo protagonista, que no solo carga con el peso dramático de la historia, sino que eleva todo el relato a otro nivel. El paso del tiempo, la pérdida y las relaciones humanas conforman el núcleo temático de la película, cargada de reflexiones de carácter político y social. Tampoco se puede acusar al realizador de buscar la lágrima fácil. En todo momento asistimos a un proceso lento y meditado, un auténtico trabajo de orfebrería en el que se va cimentando toda la carga emocional de la historia, que acaba por desbordar ante nuestros ojos. En definitiva, una obra que nos agarra el corazón durante tres horas, con una de las rectas finales más demoledoras que hemos visto en el cine reciente.

Comments
2 Responses to “SO LONG, MY SON, de Wang Xiaoshuai”
  1. Jean Michel dice:

    Encantame o feito de que encontrara esta páxina de milagre. Busco información sobre unha das miñas películas preferidas do ano pasado e encontro esta marabilla de sitio que he da miña terra. Tedes un lector máis.

    Firmado: Un galego no exterior.

Deixa o teu comentario