CURTOCIRCUITO 2017: F.J. OSSANG Y LA SUBVERSIÓN. CINE PUNK Y FILM NOIR

Ossang 1

“1, 3, 5, 7, 12 & RETOUR AU CHAOS!”

F. J. Ossang es probablemente el único cineasta capaz de concebir una película en blanco y negro sobre luchas clandestinas de gladiadores punk underground a ritmo de música psychobilly. Poeta, músico, cineasta y actor; hablar de Ossang es hablar de subversión y delirio a la deriva sobre un océano de referencias. Su obra fílmica vuelve borrosas las fronteras entre géneros y disciplinas, construyendo en el eclecticismo la identidad de su arte. Un universo punk noir post-apocalíptico donde la sinergia entre música, poesía y cine es indivisible. Todo se funde y dialoga con una expresividad propia de un lenguaje de rebelión punk. Una filmografía con un universo consistente, explosivo, rebelde, con una capacidad de sorprender y provocar poco común en el cine contemporáneo.

La Dernière Énigme (1982), primera película estudiantil de Ossang, constituye un manifiesto político y poético sobre el terrorismo de Estado inspirado en el libro El terrorismo y el Estado de Gianfranco Sanguinetti. Los conceptos de tiranía y rebelión desarrollados a través de la recitación, del discurso público y la declaración universal son elementos del punk que Ossang convirtió en una piedra angular de toda su filmografía. Una llamada a la anarquía y un grito anti-establishment.

Un año después, en su segundo cortometraje Zona Inquinata (1983) desarrolló las características formales que se repetirían casi religiosamente en toda su obra posterior, conformando su original y reconocible estilo visual. A medio camino entre cine primitivo, noir y de experimentación, Ossang usa intertítulos que funcionan como una manifestación poética que contribuye a la experiencia, como un espacio subliminal y sensorial más que narrativo, un arma metafísica que nos ayuda a entender el caos. La poesía se inserta en las entrañas de los films casi como un órgano trasplantado no deseado, como un intruso fuera de lugar pero intrínseco a la criatura fílmica. Otro de los recursos con los que rinde tributo romántico al cine mudo (concretamente al expresionismo alemán) es el uso del iris sin discreción, como elemento plástico para enfatizar la emoción o dirigir la mirada a través del viñeteado. Extraños encuadres en blanco y negro, profundos claroscuros, conversaciones y monólogos que basculan entre lo poético y lo explicativo, una voice over mística que interactúa o se contrapone a la imagen y, sobre todo, la música casi omnipresente, que mantiene una tensión claustrofóbica a través de la repetición industrial, son solo algunos de los recursos estéticos del universo alienado del director francés.

L’Affaire des Divisions Morituri (1985), su primer largometraje, es una consolidación de lo que se insinuó en los cortometrajes anteriores. Una historia sobre gladiadores punk gobernados por Ettore, figura mesiánica que amenaza la estabilidad de un estado represivo aficionado al método de la “privación sensorial”. En Morituri al igual que en el resto de sus obras, la música experimental e industrial de grupos como Throbbing Gristle o M.K.B. (uno de los grupos de Ossang) será un pilar fundamental, un referente tanto en temas y estilo como en la ambientación post-industrial o incluso en el casting, formado en parte por miembros de bandas punk, como el propio director.

Le Trésor des Îles Chiennes (1990)

Le Trésor des Îles Chiennes (1990)

Pasarán cinco años hasta su siguiente largometraje, Le Trésor des Îles Chiennes (1990), comúnmente considerado como su obra más destacable. En ella narra el viaje de cinco hombres dirigidos por un Ulises contemporáneo, enviados por una gran corporación a una isla que está condenada a la perdición. Una película sobre drogas y la mujer como objeto de deseo, intriga y traición. Una pesadilla post-atómica catastrófica, un viaje a las tripas del inframundo, un camino delirante hacia el olvido. La puesta en escena la convierte en un viaje sinestésico: se puede oler y sentir la textura metálica de las imágenes, el polvo acumulado en la garganta, asqueroso y repugnante. Quizás sea el ejemplo más característico de la influencia del cine negro y de ciencia-ficción en su obra. Se trata de una reconfiguración de códigos del noir en el diálogo, la narrativa y la intención, entendiendo Ossang este género como una experiencia post-traumática. Lo mismo ocurre en Docteur Chance (1997) donde Angstel, un traficante de arte, se ve obligado a abandonar el país y embarcarse en un viaje en el que el film noir se convierte de nuevo en una suerte de road movie lisérgica. La presencia de estructuras industriales, sobre todo de medios de transporte como coches, barcos o aviones contrapuestos con la naturaleza, el ínfimo ser humano ante los elementos, es otro de los recursos transversales a la filmografía del cineasta. A diferencia del resto de sus obras, salvo escasas excepciones como Morituri en la que intensos virados amarillentos y verdes habían abierto la paleta de blanco y negro, Docteur Chance se desarrolla en un mundo en color, con un espectro cromático de una expresividad única que le otorga una naturaleza expresionista.

“La trilogía del paisaje”, como la llama Ossang, son una serie de cortometrajes entre Docteur Chance y Dharma Guns. Esta trilogía telúrica comienza con Silencio (2007), un viaje a través de un vasto paisaje. Silencio es una meditación sobre la catástrofe y el fin del mundo. Vladivostok! (2008), abiertamente experimental y fragmentaria, debe gran parte de su pulso al expresionismo y al cine mudo. Se trata de una reflexión existencialista sobre el viaje que es la vida, al igual que Ciel Éteint! (2008). En este caso dos amantes en un horizonte de tristeza. En los tres el paisaje transmite una analogía de la emoción humana.

Y tras el fin del mundo, el más allá. Dharma Guns (2010) es un descenso dantesco al inframundo. Experimentos, muerte, resurrección y el propio cine nos llevan al infierno. Una película de ciencia ficción conspiranoica, con un revestimiento órfico común en toda su filmografía, manifestación de un oscuro romanticismo punk. Los personajes de Ossang están a menudo al borde de la locura: sus impulsos primarios los arrastran a través de la historia como mera consecuencia de una determinación superior. Todos son víctimas del destino, héroes inexplorados que se rebelan contra lo inevitable. Dharma Guns lleva este nivel de locura en la misma estructura narrativa: realidad y ensueño chocan entre sí sin descanso, sepia se incrusta en blanco y negro, que se bloquea con el color. Flashbacks, conciencia y abismo, una experiencia desorientadora de tránsito de la vida a la muerte.

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