IKARIE XB 1, de Jindrich Polák

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En una de las escenas paradigmáticas de Ikarie XB 1 (Jindrich Polák,1963) Michael, uno de los protagonistas, recorre los pasillos de su nave espacial movido por la desesperación tras haber sido contaminado por la radiación de un cuerpo astral desconocido. Polák, en la que era su primera incursión en el género, elige rodar esta secuencia desde la distancia, componiendo un todo geométrico entre el cuerpo del cosmonauta y las paredes circulares de la nave.

Para todo espectador contemporáneo, incluso aquel poseedor de un ojo inocente, resulta imposible no ver similitudes entre esta escena, tanto en la composición como en el cuidado diseño de producción, y otras de filmes capitales posteriores como Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972), Alien (Ridley Scott, 1979) y, especialmente, 2001: A Space Odyssey (Stanley Kubrick, 1968). Por eso no extraña que tanto el Festival de Cannes, encargado de mostrar la restauración de la copia durante el último Cannes Classics, como Capricci Cine, su distrubuidora en España, aprovechasen estas filiaciones para promocionar el filme como precursor de obras como la de Kubrick, cuyo director quedó impresionado después de asistir a un pase del remontaje americano de Ikarie XB 1.

Si como espectador es imposible no apreciar estos nexos, afirmar su existencia implica la necesidad de reflexionar sobre el valor per se de Ikarie XB 1, obviando la existencia de las obras que la seguirían en el futuro. T.S. Eliot ya reflexionaba en “La tradición y el talento individual” sobre la forma en la que obras contemporáneas condicionaban nuestra visión y aprecio de obras procedentes del pasado cuando decía aquello de “cuando se crea una nueva obra de arte, le sucede simultaneamente a todas las obras de arte que le precedieron”. Nos asalta entonces la pregunta: ¿es Ikarie XB 1 un filme valorado en exceso por lo que encontramos en el de obras maestras posteriores? ¿O es sin duda una obra fundamental para comprender la ciencia ficción de las siguientes décadas, el particular monolito kubrickiano que llevó al género a nuevas cotas artísticas como ya lo hiciera Fritz Lang con su Metropolis (1927)?

En primer lugar, es importante hablar de la película en relación con su contexto y su origen literario: en ese sentido, Ikarie XB 1 es una obra de absoluta propaganda, conectada directamente con el clima de júbilo posterior a la puesta en órbita de Yuri Gagarin. El texto original de Stanislaw Lem es simplificado por Polák y su guionista Pavel Jurácek, especialmente en el desarrollo psicológico de sus personajes y en su concepción argumental. Queda únicamente el viaje a los confines del espacio en busca de un nuevo planeta que sirva de escapatoria de una Tierra demasiado contaminada para seguir siendo habitable. La obra de Lem se ve así relegada a la metáfora del viaje espacial como tránsito de una sociedad corrupta hacia el estado socialista ideal. El argumento, pese a su origen literario y a contar con el apoyo económico total del poder político (doblaba el presupuesto habitual de una película de su contexto), nunca alcanza el vuelo suficiente como para poder acercarse a la profundidad humana de otros grandes filmes de ciencia ficción especulativa.

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El guión sí destaca, por su originalidad, en su tratamiento a la hora de construir su desarrollo argumental. Este avanza a base de fragmentos estancos que difieren tanto en su fondo temático (se alternan episodios más habituales en el género, como aquellos de exploración o alarde tecnológico, con auténticos rara avis, como el de baile de la tripulación, de claro espíritu prom, denominado como “twist del futuro” por un joven Umberto Eco) como en su tono (que pasa indistintamente de la comedia al romance y el drama). El conjunto deja un sabor único y muy original, independientemente de su persistencia a lo largo del tiempo tanto en la narración episódica televisiva, fácil ver su relación con soap operas como Star Trek o el remake de Battlestar Galactica, como en filmes contemporáneos, como en el caso de Bong Joon-ho y su mezcla de géneros en Gwoemul (2006).

Donde Ikarie XB 1 sí brilla indiscutiblemente es en su elaborada concepción visual. Apoyado por una nómina de colaboradores de talento (destacan Zdenek Seydl, ilustrador de futuro, y Josef Istler, que tendrá una importante carrera dentro del surrealimo checo) Polák construye su película en base a una serie de aciertos visuales que van desde el cuidado diseño de producción, pasando por vestuario y la puesta en escena; con su estilizada utilización del primer plano y del travelling de acompañamiento. Sin embargo, existe un pero a todos los aciertos de su dispositivo visual: Ikarie XB 1 exaspera al espectador por su repetitivo léxico: lo que por separado son aciertos claros terminan agotando por su uso indiscriminado. El montaje, anticlimático y acelerado en el peor sentido de los dos términos, acaba por ahogar la atmósfera desasosegante lograda durante el comienzo del filme.

En definitiva, Ikarie XB 1 resulta una obra irregular, que pese a su indudable atractivo y originalidad, no logra alcanzar en ningún momento el nivel de las obras maestras que le continuaron. Estos títulos sobre los que indudablemente influyó, terminan convirtiendose en una pesada carga a la hora de juzgarla, canibalizando sus victorias y haciendo más evidentes todos sus defectos. Debe ser valorada, esto es innegable, como esa fuente de “aguas inagotables,/ infinitamente llenas de vida”, que era para Rilke la ciudad de Roma; un filme lleno de detalles e imágenes de la que beberán muchos directores de talento. Pero la siguiente pregunta es inevitable: ¿Serían tanto 2001 como Solaris sendas obras maestras si eliminásemos todos los detalles en los que, indudablemente, beben de Ikarie XB 1? Una vez vista la película, la respuesta parece evidente.

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