LUX FILM PRIZE: CINE E IDENTIDAD EUROPEA

© European Union 2017 - Source: EP

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El Parlamento Europeo acaba de celebrar una vez más la entrega de uno de los galardones más singulares del panorama cinematográfico actual: el LUX Film Prize, que este año fue para la cinta sueca Sami Blood (Amanda Kernell, 2016), ópera prima de la directora Amanda Kernell. Esta distinción, que alcanza ya su undécima edición, fue creada en el año 2007 con la intención de promover aquellas películas que muestran y ponen en valor la identidad y cultura europeas, así como su diversidad y riqueza (temática, lingüística…). Todos los años, un panel de expertos hace un seguimiento de la producción cinematográfica europea para seleccionar un total de 10 obras que se dan a conocer durante el mes de julio, en el marco del Festival Internacional de Karlovy Vary. Tras varios meses de deliberación, reducen esta lista a tres finalistas, desvelados en el Festival Internacional de Venecia. Finalmente, son los miembros del Parlamento Europeo los que votan la cinta ganadora en una ceremonia que se celebra en noviembre en la sede de Estrasburgo.

Las películas que forman parte de esta selección suelen presentar un fuerte compromiso social, promoviendo el debate sobre cuestiones de gran relevancia comunitaria y que, a pesar de ser tratadas de forma local, tienen un gran eco internacional. Para las tres obras finalistas el premio supone su promoción y subtitulado en las 24 lenguas oficiales de la Unión Europea, con la intención de facilitar su circulación y distribución en los estados miembros. Por su parte, la cinta ganadora recibe un mayor impulso para su difusión, así como una ayuda para producir una versión adaptada para personas con discapacidad visual o auditiva. Como curiosidad, la estatuilla del LUX consiste en un rollo de película cinematográfica que forma una Torre de Babel, representando la diversidad cultural y lingüística de Europa. Además de la entrega del galardón, desde el año 2012 el Premio Lux alcanzó un nuevo impulso con la instauración de los Lux Film Days, que tienen lugar todos los años entre octubre y diciembre en los diferentes estados miembros. Durante estas fechas, las tres obras finalistas viajan por el continente a través de varios eventos como festivales y proyecciones simultáneas, en las que la iniciativa adquiere una nueva dimensión en lo que se refiere a la participación e intercambio entre las audiencias de distintos países.

Desde el Parlamento Europeo defienden este premio como una “iniciativa única”, que ayuda a difundir obras y problemáticas que, de otra forma, tendrían muy difícil traspasar las fronteras de sus respectivos países de origen. En su primera edición, la obra ganadora fue el film germano-turco Al otro lado (2007), de Fatih Akin. Desde entonces, la lista de ilustres premiadas incluye películas como Ida (Paweł Pawlikowski, 2013), Mustang (Deniz Gamze Ergüven, 2015) o la vencedora de la pasada edición, Toni Erdmann (Maren Ade, 2016). Todas ellas continuaron obteniendo grandes éxitos, tanto en festivales europeos como internacionales, llegando en algunos casos a alzarse con el Óscar a la Mejor película de habla no inglesa. Sami Blood (2016), que fue estrenada durante los Giornate degli Autori en el anterior Festival de Venecia, se convierte en el último eslabón de esta cadena. La película gira en torno a una joven de la etnia Sami, pueblos tradicionalmente nómadas que habitan en la región de Laponia (a pesar de que la localización concreta de la película nunca llega a especificarse). La historia, ambientada mayoritariamente en la Suecia de entre guerras, se centra en la crisis de identidad que atraviesa su protagonista. A causa de los prejuicios y vejaciones racistas a las que se enfrenta diariamente, la resuelta Elle Marja (de tan solo 14 años) decide romper con sus lazos familiares para intentar iniciar una nueva vida lejos de la comunidad.

Sami Blood (Amanda Kernell, 2016)

Sami Blood (Amanda Kernell, 2016)

Otra de las finalistas de este año ha sido la aclamada Western (Valeska Grisebach, 2017), cinta alemana que acaba de ganar el Gran Premio del Jurado en el Festival de Sevilla. Como explicamos en nuestra crónica del certamen hispalense, la última obra de Grisebach, que ya había atraído miradas en Cannes, es una sorprendente reformulación del género cinematográfico del que toma su nombre. La obra profundiza también en los conflictos de identidad y las relaciones de poder entre dos comunidades obligadas a entenderse, ofreciendo una experiencia cinematográfica de lectura compleja pero gratificante, y de gran trascendencia social y política. El trío de esta edición se completa con 120 BPM (Beats per minute), del realizador francés Robin Campillo. La cinta gala es además la candidata para representar a su país en la próxima edición de los premios Oscar, y fue otra de las favoritas en Cannes, donde obtuvo igualmente el Gran Premio del Jurado. Ambientada en los años 90, se centra en las actividades del grupo activista Act Up, organización en defensa de las personas con VIH/SIDA. Basándose en sus propias experiencias como militantes, el director y guionista de BPM reconstruyen el pasado para llamar la atención del presente, con una obra apasionante y llena de vitalidad, en la que se reviven los años más duros de la epidemia. En esta edición del LUX, la única película de nacionalidad española que pasó el corte inicial fue Estiu 1993, el resplandeciente debut de la directora catalana Carla Simón, del que ya hemos dado buena cuenta hace unos meses en este medio.

Entre las tres obras finalistas, todas de altísima calidad, Sami Blood es sin duda la más convencional, tanto a nivel estético como formal y narrativo. El voto de los parlamentarios no suele ofrecer sorpresas en este sentido, ya que acostumbra a premiar la obra con mayor vocación pública. No obstante, en esta ocasión, el galardón a la película sueca tiene un valor añadido. En un año marcado por debates sobre el encaje de las distintas regiones y estados en Europa, y en el marco de un premio que defiende de manera tan firme una identidad comunitaria fuerte, es casi un milagro encontrar una obra que le de voz a todas esas etnias y culturas minoritarias que se ven amenazadas por la ‘deriva global’. A pesar de caer en ocasiones en un cierto reduccionismo con vocación pedagógica, el film de Kernell es una obra sorprendentemente sólida y concisa, trabajada con ligereza narrativa pero con una decidida atención al detalle. Si sus bondades cinematográficas no parecen suficientes, debería serlo el hecho de que ponga el foco en una realidad que tantas veces pasa desapercibida: la encrucijada en la que se encuentran algunos pueblos y minorías en Europa.

“Este año, las finalistas son tres películas que abordan cuestiones que afrontamos todos los días en el Parlamento”, dijo Antonio Tajani, presidente del hemiciclo, durante el discurso de entrega del premio. Tajani también resaltó la dimensión más pragmática del galardón, aquella que busca apoyar a la industria cinematográfica europea como un sector industrial clave, con la intención de que sea más competitivo a nivel internacional. Por su parte, las actrices laponas Lene Cecilia Sparrok y Mia Sparrok, encargadas de recoger el premio, dieron un discurso mucho más emotivo que giró alrededor de la dura realidad que vive su pueblo: “Todavía estamos aquí; todavía existimos. Cada día, nuestra gente sufre los efectos del pensamiento colonial y racista, así como las consecuencias del cambio climático”. Hablaron también de la destrucción a la que se enfrentan su tierra y su lengua, y asumieron el reconocimiento como “una compensación para las generaciones de lapones que fueron tratados como ciudadanos de segunda”. Para terminar, pidieron a la Unión Europea que le diera la espalda a las nuevas corrientes de pensamiento xenófobo, y que dejase de “pensar en términos de ‘nosotros’ contra ‘ellos’”.

Una vez terminada la ceremonia de entrega del galardón, el Parlamento acogió una conferencia y varios seminarios en los que tomamos parte los miembros de la prensa, algunos representantes de las películas finalistas y diferentes cargos políticos, con la idea de abordar diversas cuestiones de actualidad relacionadas con el sector audiovisual europeo. Se habló principalmente de los nuevos modelos de exhibición a nivel internacional, y de la capacidad del cine europeo para posicionarse y promover cambios legislativos. Los miembros del Parlamento pusieron especial énfasis en su intención de preservar la “diversidad cultural europea, el crecimiento industrial y la capacidad de decisión de los consumidores”. Durante los sucesivos discursos de carácter político, más próximos a la auto indulgencia y a la promoción que a proponer líneas reales de debate, se repitieron en innumerables ocasiones los conceptos de “cine europeo” e “identidad”. Por supuesto, no faltaron voces que se adelantaron a criticar el empleo indiscriminado e impreciso de estos términos, pidiendo acciones reales para defender la producción comunitaria. Philippe Mangeot, guionista de 120 BPM, elogió las buenas intenciones del Premio Lux y la calidad de las películas presentes, para finalmente sentenciar: “Esperemos que el Parlamento esté a la altura de las películas que selecciona”. Esperemos que sí.

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