RENÉ, de Helena Třeštíková

Las historias de perdedores suelen guardar un cariñoso espacio en los espectadores. Es sencillo simpatizar y empatizar con personajes a los que la vida no deja de hundir golpe tras golpe. Aún así, la historia de René no encaja en el estereotipo ‘born to lose’ habitual. Tras un primer paso por la cárcel, René entra en un bucle infinito de entradas y salidas de la misma. Una espirar que acaba por confundir con la vida. Cada vez que entra, una promesa retumba, de nuevo, en las mismas paredes de la celda: “no vuelvo aquí”. Helena Třeštíková filma a René durante veinte años siguiendo estas entradas y salidas desde la adolescencia hasta la etapa adulta. Este método de trabajo con la directora checa nos permite conocer la evolución de René y entender, que no compartir, sus acciones. De forma paralela, el contexto social se hace presente a través de las imágenes en los televisores que René usa. En ellos, la disolución de Checoslovaquia, la constitución de la República Checa, la Unión Europea…

RENE

Como sabiendo lo que viene por delante, Třeštíková filma a uno y otro presidente jurando el cargo, incluso a si misma en su breve paso por el Ministerio de Cultura chego, mientras vemos como René va cayendo más y más en un abismo, en una brecha del sistema en la que la gente como el no recibe ninguna atención por parte del Estado. La película adopta, en su transcurso, dos posiciones. La primeira, la de la representación de una persona; la segunda, la de la autorrepresentación, y de la que hablaré más adelante.

Třeštíková filma a René sin limitar o censurar sus palabras o acciones. Un punto de vista casi observacional en el que, de no ser por el diálogo que René mantiene en todo momento con la directora/cámara, podría parecer el de un filme de Wiseman. La película avanza con la presencia periódica de textos que nos describen la historia de René durante las elipsis de tiempo. Todo desde un punto de vista casi externo, como desde fuera, evitando insertar en la pelicula la relación entre directora y protagonista.

“Soy un objeto de estudio?”

René mantiene una correspondencia con la directora, cartas que el mismo le para usar como voz en off. Declaraciones sinceras y directas en las que René se abre dejando brotar sus sentimientos. Año tras año, entre René y Helena se va formando un vínculo muy próximo que apenas es reflejado en las imágenes, donde pocas veces comparten plano. El momento crucial de la película llega cuando, René, harto de la distancia que Třeštíková mantiene le pregunta por su relación, por las cartas que intercambiaron: “¿Qué soy para ti? ¿Un amigo o un objeto de estudio?”.

Aquí la película entra en la segunda posición que antes avanzabamos: la autorrepresentación. Por una parte, las palabras de René entran en la película, girando la atención hacia la directora por primera vez. No es durante las imágenes de su nombramiento como ministra cuando pensamos en ella, es cuando René la acusa directamente de estar usándolo como experimento, como historia. A partir de ese momento, la película adopta una nueva lectura. Incluso el hecho de que René robe en casa de Třeštíková adopta un nuevo significado: al fin y al cabo, si ella lo está usando, ¿por qué él no lo puede hacer?

Por otra parte, el hecho de que la directora deje estas palabras dentro de la película delatan una intencionalidad hacia ese debate. Třeštíková es plenamente consciente de qué va a sentir el espectador cuando vea esa secuencia, es consciente de que todo lo anterior tendrá una nueva lectura; es consciente de esto porque ella misma lo experimenta. René no es un delincuente outsider como llevamos viendo toda la película, alguien que ni dentro ni fuera de la cárcel sabe vivir; René es un humano, con sentimientos y circunstancias.

Non hai artigos relacionados.

Share SHARE

Comments

comments

Deixa o teu comentario