RETAZOS DE UN FESTIVAL QUE SE ACABA

Tras once días de máxima actividad el IFFR nos regala una jornada de asueto en la que he decidido tomarme la mañana libre. Ayer superaba las 40 películas, una barrera que hace unos días parecía inalcanzable, pero que con el tirón final ha llegado un día antes de que las pantallas se apaguen. En la oficina del festival miro por la ventana la nieve que ayer caía con fuerza y que hoy nos da un respiro para disfrutar del fin de fiesta. Por mi parte voy a contaros un par de cosillas sobre mis últimos visionados y otros retazos de esta semana.

El reputado director rumano Radu Muntean y su compañero Alexandru Baciu presentaron el documental Visiting Room, producido por la HBO. FOTO: IFFR

El rumano Radu Muntean, ganador en Gijón hace dos ediciones con Tuesday After Christmas, y su compañero Alexandru Baciu (que en esta ocasión es co-director, pero normalmente guionista), presentan su documental Visiting Room. Una mirada sobre las relaciones de pareja entre presos de ambos sexos que demuestra que el amor infantil se puede producir en los lugares más insospechados. Este ensayo en forma de batería de totales recoge declaraciones de unos enamorados que cuentan cómo, cuándo y por qué decidieron estrechar lazos, revelando de forma divertida las triquiñuelas que utilizan para engañar al sistema y poderse ver con mayor regularidad. Una sala de visitas a la que el espectador entra gracias a la cámara de esta pareja de directores rumanos que han dejado de lado la ficción para explorar la realidad con un proyecto muy personal auspiciado, nada más y nada menos, que por la cadena americana HBO. Las emocionantes declaraciones de los protagonistas se interrumpen con planos de recurso que muestran cómo es el ambiente en los exteriores de la cárcel. No me he quedado al Q&A, pero intuyo que esto se debe a que no permitieron que Muntean grabara mas allá de las paredes de la celda y de los lugares públicos de las prisiones que aparecen en su película.

El actor James Franco juega al metacine en 'Francophenia'. FOTO: IFFR

Pausa, café y cigarro; un mal hábito que repito con frecuencia (esta vez en casa mientras escribo). Ayer pisé por primera vez la sala 1 del Cinerama, la reservaba a grandes películas. Francophenia (or: Don’t Kill Me, I Know Where the Baby Is) es la última creación del actor James Franco y de su amigo Ian Olds. La pieza recorre el último día de rodaje de la serie General Hospital, que nunca llegó a mostrarse al publico en Estados Unidos. Acompañamos a Franco (apellido el protagonista y también nombre de su personaje en el otro lado del espejo) por los pasillos del MOCA (The Museum of Contemporary Arts, Los Angeles) en un viaje psicotrópico que se sustenta sobre la voz de un yo interior perdido y confuso, a través de planos que se congelan, que se saturan de color o se sumergen en efectos bizarros, para también confundir al espectador. El coqueteo de James Franco con las drogas es pasto del humor y las siluetas de la puerta del servicio de caballeros cobran vida para rebatir al señorito sus delirios de grandeza, sus argumentos filosóficos de andar por casa, y un primer ensayo a los mandos de una cámara que no te deja indiferente, pero que se queda solo en eso.

'Now, Forager: A Film About Love & Fungi' traza una curiosa analogía entre la micología y la vida. FOTO: IFFR

Un punto y aparte merece la cinta Now, Forager: A Film About Love & Fungi. Los realizadores Jason Cortlund y Julia Halperin nos llevan a recorrer los bosques de la costa este de Estados Unidos en busca de todo tipo de setas (comestibles, gourmet, otras raras y amargas, las que te hacen flipar, y las que te matan), para construir una analogía muy bien ejecutada entre estas pequeñas habitantes de la naturaleza otoñal y la vida misma. Valiéndose de numerosos planos detalle, como si de una guía para el aficionado a la micología se tratase, construyen un recetario sobre las relaciones de pareja, las expectativas frustradas, y al mismo tiempo critican el Fast Food y la superficialidad llena de prejuicios de la clase alta ‘made in USA’. La construcción de la historia, pausada y reflexiva, está en la línea de Paul Gordon, que ya abría un camino en cine sobre el Slow Food (en tono cómico) con The Happy Poet. De hecho, se nota la influencia de la Universidad de Texas en estos nuevos talentos que tienen su punto de apoyo en el festival South by Southwest.

Buen cine y éxito de público no están reñidos en el heterogéneo festival de Rotterdam. FOTO: 31pictures.nl / (c) 2012

Cambio de tema a modo de último apunte. Fuera de los premios del 41 IFFR se han quedado dos de mis favoritas (no las iba a acertar todas). Al ruso Vasily Sigarev le habrá pesado esta última noche su frase “quizá lo podré explicar luego” cuando el presentador de la gala le preguntó sobre la escena de Living que el cineasta ruso había escogido para la ceremonia (ese “luego” nunca llegó). Tampoco han querido reconocer los jurados el valor de Voice of My Father. Y es que los tres Tigres empiezan a quedarse cortos para la competición central de Rotterdam. Ahora recuerdo algún comentario sobre lo insólito de haberme puesto como objetivo ver todas las propuestas de la Tiger Competition. Desconozco la calidad de la selección en ediciones anteriores, pero en 2012 creo que el listón se ha puesto muy alto. Me voy con la espina clavada de haberme perdido 38 témoins de Lucas Belvaux, Oslo, August 31stdel danés Joachim Trier; de nuevo me he quedado sin ver Abrir puertas y ventanas. Pero me voy contento, con grandes descubrimientos, la satisfacción de haber visto las salas llenas (siempre una buena noticia) y la retina saturada de cine “de autor” (¿acaso hay otro?). Esto no es una despedida, es un hasta luego. Y ahora, con vuestro permiso, me voy a emborrachar. 

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