SEFF 2017: SECCIÓN OFICIAL (1)

western_2Un año más, el Festival de Cine Europeo de Sevilla propuso en su sección oficial una selección de las películas europeas que marcan la temporada.

A Fábrica de Nada (Pedro Pinho, 2017), aquí Giraldillo de Oro, sorprendió en la pasada edición de Cannes, siendo la película más unánimemente elogiada por la crítica en la Quincena de los Realizadores. Dirigida de manera cooperativa por Terratreme, productora que suele trabajar con esta estructura, el filme traslada la metodología a su diégesis. Una serie de trabajadores van a ser despedidos de una fábrica en plena crisis económica en Portugal. El filme sigue, un poco en la línea de Numax presenta… (Joaquim Jordà, 1980), toda una serie de posibles soluciones que los operarios intentan desarrollar. Si en el clásico de la Transición eran los propios obreros los que ponían en escena una situación que les había acontecido, el modelo asambleario se mantiene aquí mezclándolo con actores profesionales, que fueron grabando a lo largo de varios meses una historia que evolucionaba sobre la marcha.

Esa experiencia se acaba trasladando a la pantalla de forma muy clara, en una película que funciona con varios niveles narrativos que se superponen y que, con el drama social militante como principal modelo, no tiene miedo a adentrarse en otros géneros como el musical, rompiendo toda posible anticipación por parte del espectador. El resultado es una actualización del género, lejos del estilo Ken Loach que lo caracteriza, en una película sin duda frágil y un tanto dislocada, como sus protagonistas. Un filme que vaga, tropieza y recorre sinuosos caminos en busca de respuestas. Imperfecta e irregular. También única y audaz.

Sobre la clase obrera también va Western (Valeska Grisebach, 2017), aunque en realidad se trata de un filme luminoso y complejo que escapa de todo reduccionismo. Sensación en este caso de Un Certain Regard, puede interpretarse la cinta también en clave metafórica. Su título marca la pauta de lectura al espectador, guiando la interpretación de las imágenes desde el primer minuto. En la sinopsis, un grupo de trabajadores alemanes que van a operar en una zona minera aislada de Bulgaria. En realidad estamos ante un western actualizado, con todos los elementos reconocibles del género. Por la película se pasean una serie de rudos pioneros que levantan un campamento, izan la bandera nacional, cruzan un río a lomos de una máquina motorizada, se encuentran con indios que hablan en un idioma que no comprenden, hacen tratos con ellos, les engañan y roban, intentan tomar a sus mujeres… en esencia, la película pivota en torno a la ley del más fuerte en un territorio inhóspito y desconocido para estos visitantes.

Al trasladar la acción a Europa, estas herramientas le sirven a Grisebach para trazar un retrato de nuestro marco socioeconómico. Si en el Salvaje Oeste era la violencia física la que imponía las normas, aquí parece que el imperialismo económico es el que prima, en una Europa a dos velocidades donde la idea de la frontera, con refugiados incluidos, también se desliza. Así, Western puede leerse como una deconstrucción crítica del género para realizar una lectura sobre nuestro contexto. Se corre así el riesgo de cargar las tintas sobre la metáfora e imponer una visión al espectador. Nada más lejos de la realidad. A nivel narrativo, el filme se construye con una serie de acciones con una mínima línea de sucesos causales, donde el conjunto cobra sentido a través de la unidad de las escenas. Cada escena es una transposición de lugares comunes del western, todas rodadas de un modo tan elemental que al final la película se convierte en el retrato de un hombre, hasta quedarse con su esencia.

Lo defiende de forma soberbia Meinhard Neumann. Podríamos describirlo como un espectador de la tensión creada entre alemanes y búlgaros. Como un flaneur que estudia el lugar, parece el único interesado en integrarse en una sociedad que lo va acogiendo con cariño a través de su observación y camaradería. Meinhard es el blanco bueno que se va a vivir con los indios. Pero encarna también atributos de los que estamos muy faltos en la contemporaneidad: la paciencia, la concordia, la curiosidad y la fe. Es un hombre que busca paz, porque quizás en el pasado ha ejercido violencia y eso le asusta. Es el único que busca redención, el que no enarbola ninguna bandera. En un mundo cada vez más globalizado, la política parece haberse vuelto recientemente proteccionista. Vuelve a agitarse la identidad para ejercer posturas de cerrado clan. En un ambiente tan cavernario, se agradece un filme tan crudo pero a la vez luminoso como este. Grisebach, al no ceñirse a un guion de estructura cerrada y no querer contar nada en especial, yendo a lo esencial, logra en realidad intuir muchas cosas. Western es una de las películas más libres y polisémicas de los últimos tiempos. Una que fluye con sencillez ante nosotros, pero que encierra complejas lecturas a las que habrá que volver con más calma en el futuro.

zamaEl retorno de la hija pródiga

Por su escaso conocimiento de la historia política de Argentina, este cronista no podría precisar si Lucrecia Martel hace algo parecido en Zama (2017) volviendo a tiempos pretéritos, aunque su intuición le dice que, en parte, sí. La historia de sitúa en el siglo XVII, con un oficial de la corona española destinado en Asunción que se esfuerza por conseguir un traslado a la ciudad de Lerma. Si Grisebach actualiza un género caduco, Martel lleva las constantes de su cine a un tiempo pasado. En su primera película de época se reproducen las mismas ceremonias burguesas que son habituales en su cine. Aquí el acento se carga en la naturaleza mestiza del país a la que dan la espalda los porteños. La relación con el indígena está totalmente naturalizada, aunque siempre dejando claro cómo actúan los mecanismos de poder entre el imperio español y el oprimido.

Es una lucha de clases encarnizada y soterrada que el filme describe muy bien por su atento guion, que parece muy bien documentado históricamente, pero también por otros elementos como la dirección de arte. Sin ninguna intención de adaptarse a los gustos estéticos de 2017, los decorados y el vestuario reproducen con suntuosidad y todo lujo de detalles la época sin ser cartón piedra. Realmente son significantes en la puesta en escena y la trama.

Más allá de su virtuosismo técnico en todos los departamentos, Zama destaca por su marcado carácter existencialista, con Diego de Zama como compleja y contradictoria figura que intenta sobrevivir a su tiempo y mantenerse digno en el intento. La exploración del fuero interno del protagonista se ejecuta con uno de los elementos más definitorios del cine de Martel, ese fuera de campo que el espectador debe completar y que impregna sus historias de una bendita ambigüedad. Aquí ese ejercicio se traslada más que nunca al sonido, aspecto donde la película se muestra especialmente reveladora al trasladarnos todo un universo que se palpa y se huele. La respiración de Zama, cada murmullo de un espléndido Daniel Giménez Cacho, nos mete en su caja torácica, hace que le acompañemos anclados a su tórax. Y cómo se siente cada golpe.

Película pausada para degustar a fuego lento, experiencia táctil y espacial sin igual, Zama es sin duda uno de los títulos de la temporada.

el mar nos mira de lejosLa añada española

El mar nos mira de lejos (Manuel Muñoz Rivas, 2017) capitaneó la presencia española en la sección oficial tras su paso por la Berlinale. Ya allí comentamos que se trata de un trabajo muy sensorial sobre los últimos pobladores de una playa en pleno parque de Doñana. Con una aproximación entre lo etnográfico y lo poético, muy en la línea del cada vez más influyente Sensory Ethnography Lab, el filme destaca por una sobresaliente fotografía de Mauro Herce.

También competía Algo muy gordo (2017), experimento de Carlo Padial con Berto Romero de protagonista que les ha salido un tanto pretencioso. Imaginando que a Padial, adalid del cine low cost, le encargan una superproducción, el dúo realiza un falso making of sobre el fracaso a la hora de realizar esa película, una especie de comedia posapocalíptica cruce entre Phillip K. Dick y Muchachada Nui. El terreno meta no parece sentar muy bien a la pareja. Baste decir que es una comedia y no escuchamos una sola risa en la sala. No haremos más sangre.

De la Berlinale, en este caso fuera de concurso, provenía Helle Nächte (Bright Nights, Thomas Arsenal, 2017). De ella se destacó en el festival alemán la sobriedad de la propuesta, con un Georg Friedrich – premio a la mejor interpretación en Berlín – que da vida a un padre que intenta rehacer una relación complicada con su hijo. Sobria sin duda es, seca incluso. Tanto, que a nosotros no nos arrancó ninguna emoción.

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