JAN ŠVANKMAJER, EL SACERDOTE DE LOS OBJETOS

Director, artista gráfico, escultor, poeta y embajador del surrealismo, Jan Svankmajer nació en el año 1934 y ha producido hasta la fecha una ingente cantidad de obras audiovisuales que involucran diversas técnicas de animación. Se formó en el Colegio de Artes aplicadas de Praga y luego en el Departamento de Marionetas de la Academia de Artes Escénicas de Praga. Si bien sus primeras obras datan de la década del sesenta, no fue conocido en el mundo occidental hasta mediados de los ochenta. Fue entonces cuando pasó a convertirse en un referente obligado para animadores y artistas plásticos de todo el mundo. Entre sus adeptos, cabe mencionar a los Hermanos Quay, quienes citan al maestro en un compendio de diez cortometrajes, titulado The Cabinet of Jan Svankmajer (1987).

La aproximación de Jan Svankmajer al cine es, a todas luces, excéntrica. Va desde la periferia hacia el centro, desde los fotogramas a la unidad del movimiento. En sus películas la ilusión no quiere ocultar el artificio mecánico que la hace posible, antes bien se impone la limitación de revelarlo, de atrasar el movimiento fluido y en sus intersticios mostrarnos lo siniestro, lo grotesco; lo que continuamente se escapa a las tinieblas de la imaginación.

En aquella primitiva distinción de Bazin entre los cineastas de la realidad y los de la imagen (Bazin, 1958), Svankmajer sin duda pertenece a este último grupo, situando al espectador en un abismo del montaje. Todo en su filmografía es artificio, ilusión interrumpida. Vemos en sus primeros trabajos, del cual Picknic mit Weissmann (1968) es un ejemplo emérito, una voluntad de dar vida a lo inanimado. Los muebles, la vestimenta, los artefactos humanos, también hacen excursiones al campo cuando no nos ocupamos de ellos, y en algunos casos excepcionales, son capaces de una rebeldía peligrosa, como queda demostrado en The apartment (Byt, 1968) filme en el que toda una habitación conspira contra su dueño.

Como dice el verbo animar, se trata de “dar alma” a los objetos inertes, hechizarlos como el aprendiz de mago en Fantasía (1940). Aunque Svankmajer, no se conforma con crear un mundo de fantasía complaciente, donde se realizarían todos nuestros deseos infantiles. Su cine es también una denuncia, una interrupción abrupta del sueño sin despertar; eso que Freud caracterizó tan agudamente como una pesadilla. Y es que el espectáculo de variedades (El último truco, 1964) deviene en su exceso un desmembramiento. El amor apasionado (Posibilidades del diálogo, 1983) en el que se funden los seres, es también el lugar donde se aniquilan mutuamente. De la risa pasamos inadvertidamente al llanto1.

Posibilidades de diálogo (Moznosti dialogu, 1982)

Es que el reverso de lo cómico, tal como Henri Bergson lo entiende en su ensayo sobre La Risa (1899), es lo ominoso. El cuerpo, que debiese ser lo más familiar –heimlich, utilizando la terminología freudiana (1919)– padece de ciertos automatismos involuntarios que nos harán reír cuando los observamos con distancia, pero basta que los experimentemos en carne propia para que la angustia se desborde. Así pues, el cine de Svankmajer nos enfrenta con esta doble condición: a la vez que espectadores de cuerpos en movimiento, somos nosotros mismos un cuerpo, un mecanismo susceptible de fallos. De ahí que el esfuerzo del autor sea, en este sentido, profundamente manierista, revelando aspectos de la imagen que van más allá de la mímesis clásica, hacia una alquimia de naturaleza y artefacto.

Si durante el renacimiento la materia homogénea y las divinas proporciones servían al ideal de belleza, Giuseppe Arcimboldo supo encontrar en la heterogeneidad y espontaneidad de la naturaleza salvaje su aliento creativo. Sus pinturas son arte y manifiesto teórico a un tiempo. Así mismo, Svankmajer, quien es un declarado admirador del pintor milanés, halla en los objetos desgastados por el uso, en el desorden caótico de la producción industrial, una forma profundamente humana. Cuando el director declara no ser un artista, creo que está afirmando que lo suyo no es la belleza apolínea, sino precisamente el material sobrante, la basura del artista. Negada tal vez, relegada al taller, a la oscuridad de los sótanos o los armarios, pero testimonio legítimo de nuestros deseos y obsesiones.

Izq. Giuseppe Arcimboldo: Acqua (1566) / Der. Jan Svankamjer: Posibilidades de diálgo (1982)

No es casualidad que el maestro se haya interesado por el relato de Lewis Carroll. En Alice, (1988) Svankmajer nos da su propia versión de lo que hay en la madriguera del conejo. Allí los personajes no han salido de ningún país de las maravillas; son objetos familiares que han devenido siniestros, por una extraña voluntad de asediar al inocente. Antes que un país de las maravillas se trata, citando a Enrique Lihn, de un país de las pesadillas.

Algunos han querido ver en las metáforas y símbolos de la filmografía de Svankmajer exclusivamente denuncias políticas, y tienen a su disposición evidencias históricas que respaldan esta tesis (La muerte del estalinismo en Bohemia, 1990). Pero ésta es, a nuestro modo de ver, una interpretación que pierde de vista lo esencial. La dialéctica entre la vida y el mecanismo nunca se resuelve en Svankmajer. Cada problema que se plantea el autor origina una reproducción incesante, un desborde de asociaciones inconscientes, donde los seres inanimados comienzan a hablar su propio lenguaje. Esto es lo que deliberadamente ha intentado el maestro con sus trabajos, una suerte de idolatría, de sacralización fetichista (Conspiradores del placer, 1996) de los objetos para que ellos nos revelen aspectos de nosotros mismos que desconocíamos, o teníamos en la profundidad de nuestro inconsciente.

Sobrevivir a la vida (Surviving Life. Theory and Practice, 2010)

En su último filme estrenado Sobrevivir a la vida (teoría y práctica) (2010), Jan Svankmajer incorpora con gran maestría, sus intuiciones teóricas más agudas con décadas de práctica en el campo de la animación. El resultado es un género que él mismo denomina “comedia psicoanalítica”, advirtiendo desde un comienzo al espectador que no encontrará en el filme demasiada ocasión para reírse. Evzen, su protagonista, sueña con una mujer ideal, una morena vestida de rojo dispuesta a cumplir todos sus deseos. Pero cada vez que se acerca al objeto de sus aspiraciones, el sueño acaba abruptamente (un recurso del que ya hemos hablado). Evzen quiere continuar su sueño, vivir en él, una suerte de vida paralela. Con tal propósito visita a una psicoanalista, se sumerge en el estudio de los sueños y el modo en cómo pueden ser manipulados. Pero mientras más comprende la naturaleza del sueño (su mecanismo), más se aproxima a una verdad intolerable, una verdad que es a la vez lo más extraño y lo más familiar. Se trata de otro tipo de comedia, una que reflexiona sobre el material del que estamos hechos. “We are such stuff as dreams are made on; and our little life is rounded with a sleep”2.

Actualmente Svankmajer trabaja en Hmyz (Insectos), su nuevo largometraje a estrenarse en el 2015. A estas alturas de su carrera, con un objeto tan bien definido por décadas de trabajo, sólo cabe esperar del árbol sus mejores frutos.

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1 Cómo no mencionar de paso Muertos de Risa de Alex de la iglesia, en cuya escena final, los comediantes se disparan ante un público que no sabe si celebrar o llorar el horrible espectáculo.

2 “Estamos tejidos de idéntica tela que los sueños, y nuestra corta vida se cierra con un sueño”” . (Shakespeare, The Tempest, Act 4, scene 1)

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