Las etiquetas del cine también van y vienen

Santoalla, de Andrew Becker & Daniel Mehrer

Santoalla, de Andrew Becker & Daniel Mehrer

Texto elaborado para el ‘Seminario de crítica: Voces recuperadas y nuevos cánones’, organizado en colaboración con Play-Doc 2024.

En primavera llega siempre el Play-Doc, el festival de cine documental de Tui, que en esta edición cumplió 20 años de trabajo divulgativo incansable y con muchos momentos importantes e inolvidables, siempre muy cariñoso con el cine de no ficción hecho en el país y con sus equipos, que siguen concentrándose allí tanto para los estrenos como para revisar algunos de los ciclos propuestos.

Incluso tuvimos un momento para reflexionar sobre las etiquetas del cine gallego y del Novo Cinema Galego con algunos de los involucrados en establecer el canon de obras fílmicas que lo categorice definitivamente. ¿Cómo afrontamos la diversidad de circunstancias y combinaciones que ya se han dado y se siguen dando diariamente en el mundo del cine? ¿Hay que ser gallego para hacer una película gallega? ¿Tiene que estar rodada en el país? ¿Qué porcentaje de la financiación  tiene que ser de productoras  propias? ¿Puede estar rodada en otra lengua?

Recordemos Santoalla (2016), de Andrew Becker y Daniel Mehrer, el documental rodado en esa aldea homónima de Petín (Ourense) sobre la desaparición de un vecino holandés, en esos paisajes que ya habían tenido protagonismo cinematográfico, pues allá rodó Chano Piñeiro su primer largo Sempre Xonxa (1989), y la familia de los agresores había trabajado en la producción  de la misma. Los dos directores yanquis tuvieron ayuda de una productora local, Cris de la Torre, y se estrenó como cinta inaugural del OUFF en 2016.

Para otros, Todos vós sodes capitáns (2010), de Oliver Laxe, siempre estuvo en la voluntariedad de esa etiqueta que acabada de gestarse, aunque esta ópera prima había sido rodada en Tánger y con niños de la calle, pero fue también obra primitiva de la productora Zeitun Films (del hermano del director, Felipe Lage), que sigue involucrándose en los siguientes proyectos del primero y de otros creadores.

Cierto es que una etiqueta cumple una función de agregación y de marca, y puede ser temporal como referencia. De hecho, aquel “nuevo cine” ya no es tan nuevo, y aquellas primeras miradas vigorosas e intensas de los críticos que apadrinaron el primer lote de títulos bautizado de manera triunfal, crecieron y hoy son mucho más inclusivas.

Hay que tener en cuenta que fuimos la primera autonomía en tener ley propia del audiovisual (Ley 6/1999), aunque las primeras ayudas a la producción empezaron en 1990, y que tenemos Academia Galega do Audiovisual desde 2002, y que dos tesis doctorales iniciales sobre esta cuestión vieron la luz en 2015: las de Beli Martínez (O cine de non ficción no Novo Cinema Galego en la UVIGO) y Xan Gómez Venías (Do amateur ao militante: implicacións políticas e estéticas do cinema en formato non profesional na Galiza dos anos 70, en la USC).

Todos vós sodes capitáns, de Óliver Laxe

Todos vós sodes capitáns, de Óliver Laxe

¿Y qué pasa con las plataformas online? Pues Filmin, por ejemplo, tiene en su catálogo 52 títulos con la referencia de los premios Mestre Mateo, y 41 con la de Novo Cinema Galego.

No quisiera desaprovechar esta oportunidad para escribir algo sobre Salvaxe Salvaxe (2024), de Emilio Fonseca, el documental que llegó a Tui de la mano de su director y guionista junto con la productora Xiana do Teixeiro. Tras recibir la Biznaga de Plata en Málaga “por repensar la categoría de ‘salvaje’ desde nuestro apocalipsis climático, reinventando una sensibilidad híbrida entre ojo y oído, que se vuelve en parte animal, en parte humana y en parte técnica, para invitarnos a reeducar nuestra capacidad de asombro, ternura y conciencia interespecie”, se fue de Tui con el premio de la Sección Galicia por “su capacidad de sugerencia , a través de un abordaje inmersivo con un inolvidable diseño sonoro, donde lo telúrico, lo poético, lo antropológico y lo político convergen con fluidez, ofreciendo una película que reflexiona sobre uno de los motivos centrales de nuestro tiempo y revisa el concepto de salvaje”, según los jurados de ambos encuentros.

Cierto es que podemos considerarlo un verdadero regalo compartido en horizontal en el océano de la humanidad: ese complejo o síndrome que nos enfrenta realmente a lo que olvidamos hace décadas, y de lo que tantos y tantos documentales artificialmente espectaculares contribuyeron a apartarnos en una idiocia voyerista de sofá: la naturaleza salvaje intenta sobrevivir frente a nosotros con las únicas herramientas de la evolución, escapando, ocultándose, huyendo.

El trabajo que hacen in situ los investigadores y naturalistas profesionales queda perfectamente demostrado, en la observación discreta con los tiempos del bosque, con el orden de la sierra, con el impacto nulo en el entorno sonoro y en los caminos, confiando en minúsculos aparatos tecnológicos el fugaz testimonio de la vida que corre apartándose de nosotros. Y el director y su  perrita (rescatada del abandono en un día de rodaje) aprendiendo la etiqueta de ser y estar en el monte, renunciando a violentar, a fantasear  con el paraíso galaico-minhoto, a oler, a escuchar y no ver animales en condiciones olímpicas.

Quedo muy agradecido al director, guionista y producción  por llevar a cabo un proyecto que superando los obstáculos propios de un primer largometraje, es consecuente hasta el final, renunciando incluso a una narración oral, para que sea el ritmo de la lectura el que vaya acercándonos a ser nuevamente “otro” salvaje.

Salvaxe Salvaxe, de Emilio Fonseca

Salvaxe Salvaxe, de Emilio Fonseca

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