FESTIVALES DE CINE: EL ESTADO DE LA CUESTIÓN (II)

Segunda Parte

Invitados, Actividades Paralelas y Publicaciones

Javier Angulo: Nosotros, en SEMINCI, distinguimos entre ‘participantes’ que vienen a hacer algo (presentar película, participar en mesas redondas, presentar libros, etc.), ‘invitados de la industria’ (actores, directores sin película, muchos distribuidores, instituciones tipo Filmoteca, ICAA, FAPAE, EGEDA, etc.), ‘invitados de prensa’ (prensa local, nacional e internacional) y finalmente ‘acreditados’, ya en general.

Entre participantes e invitados se crea lo que yo llamaría un ‘ambiente profesional’ en el festival, que no tiene que ver con el que se crea con el público en las salas o en la calle al terminar las proyecciones. Son gentes que se reúnen entre película y película, al terminar presentaciones o mesas redondas, o por la noche en hoteles y charlan relajadamente de cine, de la profesión, de proyectos propios o ajenos. Se hacen amigos, se tejen relaciones (sobre todo entre directores de cortometrajes). Esa atmósfera es básica en un festival. Este año, al restringir un poco la cifra de invitados, hemos notado un bajón de ambiente, y algunos periodistas en sus crónicas han coincidido en que se notaba el festival ‘un poco tristón’. Es decir, en invitados no hay que ahorrar porque son uno de los condimentos esenciales de un festival.

Respecto a las actividades paralelas son hoy casi un lujo, a la vista de la crisis y las rebajas en los presupuestos. Son actividades (conciertos, debates, exposiciones, proyecciones especiales, etc.) estupendas para arropar o ‘vestir’ a un festival y ‘llenarlo de cine’ en todos los sentidos y todas los artes posibles. Y claro está, son actividades que sirven para fidelizar al público, para ‘fijarlo’ y hacerle sentir que está en un mundo en el que sólo por unos días se respira cine por todas las esquinas y a través de todos los sentidos.

Àngel Sala: Totalmente de acuerdo con Angulo en el tema de invitados. Hay que crear ambiente, debate, circulación de tendencias y eso se consigue por la interacción de público, crítica, talento e industria. Este año hemos mezclado a todos los estamentos en puntos de encuentro y fiestas de formato pequeño y el éxito ha sido enorme, incluso mejorando la percepción de cantidad y calidad de talentos presentes.

Mientras, las actividades paralelas son cada vez más decisivas en Sitges y cualquier festival que se precie. Desde los post-screenings (mucho más ricos que las obsoletas o, directamente, muertas ruedas de prensa) hasta las clases magistrales, pasando por mesas redondas, los talleres, etc. Todas estas actividades complementan de manera perfecta un festival que, al ser de género fantástico, da un papel primordial al valor del making of. Llevamos dos años mejorando este apartado y los resultados son sorprendentes, la verdad.

Josetxo Cerdán: Estoy bastante de acuerdo con las respuestas de Javier y Àngel: Festival de Cine es un binomio terminológico en el que acostumbramos a centrarnos en el segundo término (cine), pero en el que se habla poco del primero (festival), es decir, la parte festiva, los encuentros, esas ‘vacaciones’ de las que habla Javier que muchos nos / se toman para ir a ciertos festivales porque disfrutan (y no solo, e incluso no siempre de lo que más, de las películas). Un festival es un acontecimiento social más allá del cine, un evento que mueve población, como las Fallas o los Sanfermines…

Cada festival intenta movilizar a sus públicos, y para eso las películas son un elemento importante, pero las ‘estrellas’ son otro, y también lo son las actividades paralelas, los espacios sociales que se abren para que el público participe de otras maneras en esa parte festival. Muchas veces utilizamos el parapeto cultural para defender los festivales y obviamos que estos también son, y eso es lo que al final los identifica, lugares de encuentro social: para el intercambio y la socialización, a veces profesional, pero a veces también para el puro cotilleo (en realidad yo creo que una cosa y la otra van muy de la mano).

Luego, como siempre, habría que diferenciar qué significan para cada uno de nosotros los conceptos ‘estrella’ o ‘evento paralelo’, porque seguro que tienen significados muy variopintos, un poco en la línea que ya apunté de que bajo una primera capa homogénea estamos hablando de cosas muy distintas. En todo caso, me parece que es importante plantear esa cuestión festiva del festival (y perdón por la redundancia), porque, aunque muchas veces digamos lo contrario, no sólo de películas se alimenta el público que va a un festival.

José Luis Cienfuegos: Una de las cosas más bonitas de un festival de cine es atraer no sólo al público local, sino también al público foráneo. Para ello considero imprescindible las actividades que van más allá de las proyecciones. En primer lugar, encuentros con el público y coloquios. Este ha sido el primer año que en Sevilla ha habido ese contacto directo entre los invitados y los espectadores y ha sido un éxito. Eso permite acercar el festival a los ciudadanos, que los invitados se vayan del festival con la idea de que han estado defendiendo su obra, trabajando en suma. Y si además, tras las proyecciones se organizan actividades donde medios de comunicación, invitados y público se encuentren, se relajen, discutan y debatan, mejor que mejor. Ahí cada uno le imprimirá, evidentemente, su propio sello. En mi caso, como bien sabéis, me gusta enriquecer el festival con actividades musicales, lo que permite, creo, dar una imagen un poquito más contemporánea y distendida al evento. Como ya se ha dicho, muchos son los aficionados que guardan unos días de vacaciones para acudir a un festival de cine. Si a la buena programación cinematográfica le añades coloquios, conciertos y una ciudad como Sevilla, creo que se convierte en un cóctel irresistible.

Y por cierto, creo que además de la ‘fiesta’, todos los que participamos en este debate hemos defendido en mayor o menor medida los contenidos académicos, el estudio y la reflexión. Bien con cursos en colaboración con la Universidad, bien con publicaciones o con ambas cosas. Reivindiquémonos pues en este sentido.

José Sánchez-Montes: Cines del Sur ha pasado de tener 150 invitados a no tener ninguno. En nuestra opinión era muy importante para situar el festival y que consiguiera un nombre. Ahora estamos sin opción alguna de tenerlos salvo que las circunstancias financieras cambien de forma espectacular, pero toda la inversión que hicimos en su momento ha tenido muchos frutos. Ahora las distribuidoras nos conocen y se fían de nosotros, así como muchos productores y directores, que nos sirven de aval ante otros desperdigados por todo el mundo. Por supuesto es algo que retomaremos en cuanto podamos.

Y con respecto a las actividades paralelas, sucede algo parecido. Quizás el conocimiento de Granada, donde he programado cultura durante más de 30 años, me permitía saber que era más útil invertir en actividades paralelas que en publicidad local. Yo también creo en que hay que fomentar el concepto de fiesta, de momento único. Eso sí, todo lo que hemos programado durante los años en que pudimos hacerlo tenía relación con el audiovisual y con la multiculturalidad: proyecciones en las calles, talleres, seminarios, concursos, música, la creación de una plataforma de festivales dedicados a las cinematografías periféricas, un programa educativo, la extensión del festival por la provincia, los hospitales y la cárcel…

Después, las publicaciones, no son una actividad paralela sino un legado que tiene mucho sentido. Nosotros hemos editado hasta el momento siete libros bilingües coincidiendo con las retrospectivas de cada una de las ediciones iniciales, algo de lo que nos sentimos realmente orgullosos a pesar de los problemas de distribución que todos conocéis.

Javier Angulo: Las publicaciones me parecen un complemento obligado de las retrospectivas, y en Valladolid lo hemos cuidado desde siempre, poniéndolas en mano de los mejores profesionales en cuanto a contenidos y forma (diseño, etc.). Tenemos unos fondos editoriales de un valor imponente, tal y como nos lo recordaba hace tres años Atom Egoyan en su última visita a Valladolid, un festival que conoce muy bien desde hace 22 años. Lástima que la crisis está haciendo cada vez más difícil poder mantenerlas. Nosotros hemos tenido que ayudarnos de patrocinadores para financiarlas sin perder calidad, aceptando algunos logos en la parte baja de portada y contraportada.

Josetxo Cerdán: La palabra académica nos queda un poco grande en términos generales, o si queréis, no se ajusta del todo a lo que hacemos, aunque, como siempre hay excepciones, y yo las he visto tanto en Gijón en los años de José Luis como en Málaga, en este caso en el entorno documental.

Yo, que he sido editor y autor en varias publicaciones en diferentes festivales, siempre he sido muy crítico con ellas, básicamente porque me parece que los ejemplares no salen de las cajas y se quedan en almacenes cogiendo polvo… Pero también porque muchas veces se han hecho libros inútiles, no nos engañemos: hay muchos libros de festivales que han tenido procesos de producción acelerados o que sus textos son innecesarios. Y ahí están. Me parece que muchas veces ha faltado un criterio serio a la hora de hacer esos libros debido a la urgencia con la que se trabaja: el ciclo anual del festival queda recortado a poco más de seis meses para la producción de los libros, y eso queda patente en el resultado.

Y pese a todo, desde mi llegada a Punto de Vista como director artístico he insistido en mantener la publicación anual. Hemos intentado simplificar la producción, pensar los libros en términos diferentes a los habituales, introducir nuevos puntos de vista a la hora de hacer las ediciones… Creo que hemos acertado algunas veces y nos hemos equivocado en otras, pero sigo teniendo la impresión de que los libros de festival necesitan una revisión urgente en cuanto a su modelo de producción, que es lo mismo que plantearse de nuevo cuáles son sus objetivos, parafraseando lo que decían José y Javier antes: ¿para qué sirven los libros de festival?

Àngel Sala: Los libros han sido siempre una prioridad en los equipos que he dirigido. Creo que son fundamentales para mantener la vigencia en el tiempo de un certamen y crear tendencias. No siempre es fácil, pues la necesidad de las publicaciones no es entendida por instituciones ni gerentes, siendo siempre un gasto a eliminar. Así que, con muchos sudores, en Sitges hemos conseguido sacar adelante a veces estupendas ediciones, otras veces no tanto, e incluso años con varias publicaciones. Tenemos la suerte que algunas se han convertido en clásicos y referentes (Imágenes para la sospecha: Falsos documentales y otras piruetas de la no-ficción, de Josep Lluis Fecé, o Fantípodas. Una Aproximación Al Cine Fantástico Australiano y Neozelandés, de Sergi Sánchez) y de haber tenido socios como Nuer, Calamar, Valdemar, Sci-fi o Paidós. La última experiencia con el volumen colectivo Neoculto. El Libro definitivo sobre el cine de culto ha sido un éxito y un referente casi instantáneo. Seguiremos así.

Javier Angulo: Es verdad, como dice Josetxo, que a veces los libros sobre retrospectivas, una vez acabada la edición del festival, se quedan en las cajas y sin salida. Nosotros tuvimos un contrato con una distribuidora de libros que, año a año ha ido vendiendo por catálogo algunos ejemplares de las ediciones del año y de anteriores. Estamos en conversaciones con superficies como la FNAC o El Corte Inglés para poner a su disposición los libros de cada edición y, si quieren, todo el catálogo o al menos los títulos que les interesen (hay libros referidos a directores, a tendencias, escuelas de cine, etc.). Otra forma de ventas (aunque de momento algo corta) se produce a través de las webs de los festivales y sus tiendas.

Respecto a la importancia de las publicaciones, estoy con Àngel en que marcan la vigencia en el tiempo de un certamen y ayudan a crear tendencias. Yo creo, además, que esas publicaciones vienen a ser algo así como la memoria (literaria, periodística y reflexiva) de un festival en un tiempo en el que para hablar de cine se echa mano continuamente de textos venidos de Google o Wikipedia. Para mí es importante que al acabar una retrospectiva, sobre todo si no es de un sólo director, quede recogido el contenido de la misma, pero también el sentido, el objetivo y la razón de esa selección en una publicación, para guardar, para leer o volver sobre ella de vez en cuando.

Internet, además, facilita el ahorro en los gastos de papel e impresión, ya que se puede colgar el libro en la red. Nosotros, sin ir más lejos, llevamos tres años colgando el libro que cada año editábamos en papel sobre los Encuentros de Nuevos Realizadores que cada año se han celebrado en SEMINCI. Es una fórmula para no dejar de producir textos de reflexión, análisis o información sobre el trabajo de directores y nuevas tendencias que son necesarios.

José Luis Cienfuegos: Todos tenéis un poco la razón. Libros escritos en poco tiempo, mala distribución… pero a la vez quedan como testimonio, y en ocasiones sirven de anzuelo para los directores a los que haces una retrospectiva.

Mi último años en Gijón colgamos en internet buena parte de las publicaciones y este año estoy muy contento con el catálogo: hay artículos de encargo, entrevistas en exclusiva y sinopsis escritas para la ocasión por críticos que SÍ se habían visto las películas (ovación).

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