LONDON FILM FESTIVAL 2014 (I / III): RETRATO DE ESTAS GUERRAS

23 LFF Opening Gala

El conflicto bélico, en sus distintas magnitudes, ha estado muy presente en la edición 2014 del London Film Festival. No es que este hecho nos sorprenda, puesto que el cine, en muchos casos, se convierte en una plataforma de denuncia y de representación de una realidad que por cuestiones geográficas, históricas, económicas o políticas no llega hasta nosotros. Este ha sido el caso, por ejemplo, del film ganador en la sección oficial documental, Silvered Water, Syria Self-Portrait (Ossama Mohammed & Wiam Simav Bedirxan, 2014), un crudo retrato sobre la guerra civil siria; o del magnífico western Loin des hommes (David Oelhoffen, 2014), que nos transporta a la Argelia de 1954, al inicio de su guerra de independencia; mientras que el documental The Green Prince (Nadav Schirman, 2014) mostraba un poco sútil acto de propaganda israelí en torno al conflicto palestino-israelí. Con todo, los conflictos protagonistas del certamen han sido las dos guerras mundiales que marcaron el rumbo histórico del siglo XX.

A la Primera Guerra Mundial se le han dedicado tres títulos: The Battles of Coronel and Falkland Islands (Walter Summers, 1927), Maudite soit la guerre (Alfred Machin, 1914) y Testament of Youth (James Kent, 2014). El primero, programada en la gala de la sección de archivo, es un documental sobre la Batalla de las Malvinas restaurado por el BFI National Archive con motivo del centenario de la Gran Guerra. El segundo, Maudite soit la guerre –también en la sección de archivo– ha sido restaurado por elKoninklijk Belgisch Filmarchief y se centra en la relación de dos amigos que se ven enfrentados en bandos contrarios. Por último, la tercera película consagrada a este convulso periodo, Testament of Youth, es una adaptación de las memorias superventas de la escritora inglesa Vera Brittain.

Las dos caras del bando aliado

La Segunda Guerra Mundial, no obstante, ha sido la absoluta estrella de London Film Festival, y no solo porque el certamen haya abierto su programación con la película inglesa más esperada del año, The Imitation Game (Morten Tyldum, 2014), sino porque ha clausurado su andadura con otro de los títulos que más expectación había despertado: Fury (David Ayer, 2014). Como dos caras de una misma moneda, estos dos largometrajes se complementan al reflejar dos realidades muy distintas de este devastador conflicto que, sin embargo, resultan indisolubles; dos representaciones que vienen firmadas además por dos de las tres grandes potencias aliadas: Reino Unido y Estados Unidos, respectivamente.

The Imitation Game (Morten Tyldum, 2014)

The Imitation Game (Morten Tyldum, 2014)

La sola realización de The Imitation Game, el gran biopic del certamen centrado en la figurada del matemático Alan Turing, es ya un hecho a celebrar en sí mismo. Ninguneado por la historia y maltratado por la rígida sociedad británica de la época, el papel que Turing desempeñó en la Segunda Guerra Mundial sigue siendo ignorado por el gran público, a pesar de los esfuerzos de algunos individuos que le han rendido un justísimo tributo a su persona, como el escritor Neal Stephenson en su novela Cryptonomicon (1999) o el documentalista Patrick Keiller en Robinson in Space (1997). Con esta nueva película se pretende reivindicar al ‘héroe no reconocido’ y ofrecerle así un merecido elogio.

A partir del guión de Graham Moore y con dirección del noruego Morten Tyldum –nominado a los premios BAFTA 2012 por Hodejegerne (2011)- The Imitation Game se perfila como una gran producción, solvente, muy cuidada y con un reparto de excepción. Sin embargo, para aquellos espectadores familiarizados con los avatares de la vida de Turing, el resultado les dejará un marcado poso de amargura y decepción; no solo porque el film altere o suavice determinados episodios de su trayectoria sino por la casi absoluta falta de crítica social. Con esto no queremos decir que la cinta falte a la verdad, pero sí que pasa de puntillas por el último tramo de la vida del matemático, despojando de emotividad toda la sucesión de acontecimientos que desembocó en el trágico desenlace de su vida.

Por otra parte, la modificación de su relación con el personaje interpretado por Keira Knightley, la criptoanalista Joan Clarke, resulta indignante. El guión busca a través de la conexión entre estos dos personajes una puerta para entender la mente de Turing y empatizar con él ,pero para la que escribe estas líneas, este hecho no justifica que se merme y se desacredite el trabajo y la lucha de Clarke. Graham Moore construye el personaje como una mujer inteligente pero atada a las normas sociales de su época, que consigue trabajo en el proyecto Enigma porque Turing la recluta al presentarse en su casa y facilitar su acceso al equipo de trabajo. La realidad, bien distinta, fue que ella entró en Bletchley Park y pasó a formar parte del grupo dedicado a decodificar Enigma por sus propios méritos. La estrategia sirve pues para evitar, o más bien tratar de una forma romántica, la homosexualidad del criptógrafo inglés.

The Imitation Game, no obstante, tiene muchas virtudes, aunque estas se vean empañadas por lo anteriormente expuesto. Sin duda, lo más reseñable es la soberbia interpretación de Benedict Cumberbatch, quien desde que se pusiera en la piel de Sherlock Holmes se ha especializado en personajes excéntricos. La dirección de Morten Tyldum es destacable, que no sobresaliente, con un estilo sobrio y cuidado al detalle, mientras que la escritura de Moore consigue dar con el tono adecuado para combinar el dramatismo y el humor inherentes a las torpes interacciones sociales del protagonista. Por su parte, su estructura narrativa, el otro gran acierto del film, combina de forma desordenada tres tiempos narrativos de la vida de Turing (adolescencia, su trabajo en Bletchley Park y sus últimos días) y los ensambla como si se tratase de un crucigrama, como si al ir resolviendo los distintos acertijos el conjunto cobrara sentido. Si tenemos en cuenta que los crucigramas fueron el sistema utilizado por Turing para reclutar al equipo de trabajo, la propia estructura del relato alcanza niveles metalingüísticos.

Fury (David Ayer, 2014)

Fury (David Ayer, 2014)

Mientras que The Imitation Game muestra un retrato de la Segunda Guerra Mundial en la retaguardia mediante la semblanza del equipo encargado de descifrar el código de encriptación de las comunicaciones alemanas, Fury se ubica directamente en el corazón de la batalla, en Alemania, cuando el conflicto está tocando a su fin. Quizá porque las expectativas sobre el último film de David Ayer –guionista de Training Day (Antoine Fuqua, 2001)– eran muy elevadas, o porque la sombra de Inglourious Basterds (Quentin Tarantino, 2009) es muy alargada, Fury se convierte en una propuesta interesante pero no excepcional. El retrato de las miserias en el frente alemán de un grupo de soldados americanos destinados al tanque ‘Fury’ tiene momentos de gran lucidez que se apagan rápidamente para convertirse en un relato de héroes made in USA.

La premisa es sencilla: los tanques alemanes son muy superiores, y el equipo liderado por Brad Pitt tiene que luchar contra viento y marea por su supervivencia. En línea con películas como Saving Private Ryan (Steven Spielberg, 1998), que buscan reflejar la brutalidad de la Segunda Guerra Mundial sin desprenderse de un cierto halo de romanticismo, el largometraje de Ayer busca reflejar el lado más humano de sus protagonista, algo que se convierte en su mayor virtud –fundamentalmente en el interesante y complejo personaje de Pitt– pero también en su talón de Aquiles: como ejemplo podemos apuntar la larga secuencia con las dos alemanas y un poco creíble encuentro amoroso que hace que el conjunto pierda credibilidad. Tampoco ayuda la sobre-exposición musical que debe sufrir el espectador, con una banda sonora de Steven Price especialmente agotadora y prescindible en los ‘momentos dramáticos’. En comunión con esa narrativa clásica estadounidense de un grupo de hombres defendiendo el último bastión, la película se dirige irremisiblemente hacia un final más que previsible para sus héroes. A su favor hemos de decir que el tráiler promocional tampoco dejaba mucho espacio a la imaginación.

Entre sus aspectos más reseñables, la película cuenta con dos secuencias de acción espectaculares, sobre todo la de la coreografía de tanques, y un casting espléndido en el que destaca el joven actor Logan Lerman y unos más que solventes Brad Pitt y Shia LaBeouf. Fury, en resumidas cuentas, se queda a medio camino entre la realidad atroz y la mitificación del héroe soldado, una figura muy querida en la representación norteamericana que repite los patrones habituales. La suciedad de la guerra se presenta a medio gas, entre violines e historias de amor que nunca podrán ser. Si comparamos la cinta de David Ayer con la inglesa ’71 (Yann Demange, 2014) –una de las propuestas más interesantes del festival- el resultado es demoledor. Por más que esta ópera prima no transcurra en una guerra, sino en el convulso Belfast de 1971, su realismo y veracidad a la hora de representar una emboscada, un asedio, una huida o la atrocidad de un conflicto armado revelan la falta de credibilidad de Fury. Con todo, puesto a establecer comparaciones, y sin salir de la industria estadounidense, nos reafirmamos en que la serie Band of Brothers (2001) sigue siendo uno de los títulos más interesantes del país sobre la Segunda Guerra Mundial.

'71 (Yann Demange, 2014)

’71 (Yann Demange, 2014)

Después de las bombas…

La representación de la contienda en sí misma no ha sido el único homenaje a la Segunda Guerra Mundial, sino que también se han ofrecido propuestas en las que se mostraron sus consecuencias directas, producidas curiosamente por dos de las antiguas naciones que formaban el eje del mal: Alemania y Japón. El país germano cuenta con dos títulos ambientados en el Berlín de la posguerra. Deutschland bleiche Mutter (Helma Sanders-Brahms, 1980), un clásico sobre los avatares de una familia antes, durante y tras la Segunda Guerra Mundial, ha sido proyectado en una edición restaurada que cuenta con treinta minutos adicionales de metraje. Ya dentro de la producción de 2014, ha competido en la sección oficial el sugerente film Phoenix (Christian Petzold, 2014) – Premio FIPRESCI en el Festival de Cine de San Sebastián. A través de la historia de una cantante judía desfigurada que tras la guerra se ve obligada a recurrir a la cirugía para poder mostrar su cara, el cineasta alemán hace un retrato atractivo y atrayente sobre la culpa, el dolor y la miseria humana. Si uno es capaz de entrar en el juego que propone, se dejará llevar por sus poderosas imágenes y por la magnífica interpretación de la actriz Nina Hoss, que ya había trabajado con Petzold en Barbara (2012).

El demoledor cierre de Phoenix al son del clásico de jazz ‘Speak Low’ es especialmente brillante, al tratarse de una escena que contiene todos los rasgos significativos del juego de apariencias de Petzold. No obstante, en determinados momentos se hace difícil aceptar sus reglas: la trama gira en torno a Nelly Lenz, una cantante judío-alemana que vuelve del campo de concentración destrozada física y mentalmente con el único objetivo de reunirse con su marido. Este, un auténtico truhán que no la reconoce, le propone que se haga pasar por su difunta esposa para cobrar la herencia de esta. En un primer momento, debido a la operación estética, uno puede aceptar la premisa, pero a medida que va avanzando la historia se hace más y más difícil de mantener. Eso sí, si se consigue salvar este obstáculo, Phoenix se convierte en un bello y despiadado retrato sobre la guerra, la traición y la reconstrucción tanto individual como de la propia Alemania dividida entre víctimas y traidores.

Phoenix (Christian Petzold, 2014)

Phoenix (Christian Petzold, 2014)

ジョバンニの島 (Giovanni’s Island, Mizuho Nishikubo, 2014)

ジョバンニの島 (Giovanni’s Island, Mizuho Nishikubo, 2014)

El último título que cierra esta panorámica sobre los rigores de la Segunda Guerra Mundial es la cinta japonesa de animación ジョバンニの島 (Giovanni’s Island, Mizuho Nishikubo, 2014). El más reciente largometraje de Production IG ofrece una interesante propuesta en la que se entremezcla una historia ambientada las postrimerías de la guerra y un homenaje a uno de los hitos de la literatura infantil nipona: El tren nocturno de la via lactea de Kenji Miyazawa. Sin embargo, el film se mantiene firme en esa tendencia de esta cinematografía por esquivar la culpa y presentar un relato de víctimas –con la única salvedad reciente y tangencial de 風立ちぬ (The Wind Rises, Hayao Miyazaki, 2013). En esta ocasión la tensión se establece entre un grupo de isleños nativos que se enfrentan a la ocupación del ejército ruso. Con un precioso diseño de animación, donde sobresalen especialmente los fondos, Giovanni’s Island es un film interesante, irregular y muy previsible para aquellos que estén familiarizados con la novela de Miyazawa.

A través de todos estos títulos se reconstruye una visión caleidoscópica de ambas guerras que sigue recordándonos la importancia de no dejar caer en el olvido la barbarie vivida en la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, aunque la temática aquí expuesta ha sido la que más atención mediática ha recibido –como consecuencia directa de la programación de The Imitation Game y Fury como galas de inauguración y clausura- hubo otro gran conflicto que también protagonizó el festival: el enfrentamiento secular entre palestinos e israelís. Dado su peso y la extrema calidad de alguno de sus títulos, le dedicaremos una segunda crónica del London Film Festival 2014.

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