Los indeseables, de Ladj Ly

Los indeseables, de Ladj Ly

Nada es fácil

Pocas cosas en este mundo son sencillas. Todo tiene varias capas o matices sobre los que poder reflexionar si se pone el empeño suficiente. Amor, amistad, pobreza, familia y, en una escala mucho menos trascendental, el cine.

Cada película puede ser interpretada de maneras muy distintas según los ojos que la miren. Este es el caso de Los indeseables, dirigida y coescrita por el francés Ladj Ly. Ahorraré tiempo a las personas que lean esta crítica: esta cinta trata sobre lo que su corazón les pida que trate. 

Hay una protagonista, Haby, una joven de los barrios marginales que intenta mejorar la vida de sus vecinos, y un antagonista, Pierre, un pediatra que acaba de ser nombrado alcalde por sorpresa. Los elementos de una historia tradicional están ahí. Ambos personajes tienen objetivos, dificultades, aliados y enemigos. Y puede que a una parte de los espectadores estos mecanismos les sean suficientes para sentarse a disfrutar y olvidarse del mundo durante algo menos de dos horas, lo cual puede ser una de las mejores maneras de ver cine.

Sin embargo, en este caso concreto, creo que ese no es nuestro barco. Para este crítico, esta película comienza y termina en el mejor plano de toda la cinta: el primero. La cámara sobrevuela un barrio decadente, sucio y en obras, a medida que se va cerrando sobre una de las ventanas, en las que comienza la historia. ¿En cuál se centra? Da igual. Sí, una de esas ventanas pertenece a Haby, y la seguiremos durante la mayor parte del tiempo, pero nunca perderemos de vista esas otras aberturas, cada una con su propia historia y sus propios personajes. Y hay cientos, si no miles de ellas.

Una familia numerosa al fondo, una señora mayor durmiendo la siesta o un grupo de hombres tratando de vivir de los restos de vehículos viejos. Mil detalles que se esconden en la película, siempre pasando inadvertidos mientras la cámara sigue a los personajes principales. Con todo, tanto estos personajes como los de las otras ventanas tienen algo en común. El verdadero núcleo central y protagonista de esta película: la desigualdad. No solo la económica, también la racial, la religiosa, la social e incluso la emocional. Desigualdad referida a dos aspectos que son diferentes, muchas veces casi contrarios: los que tienen algo y los que no. Y de eso aquí hay de sobra. Como dijimos al principio, nada en esta vida es sencillo, pero un problema como la creciente desigualdad que asola nuestra sociedad, menos.

Los indeseables, de Ladj Ly

Los indeseables trata de exponer ese problema con las mejores herramientas de las que dispone, contando una historia de corrupción política, desalojos sociales y pobreza, pero creo honestamente que en este ámbito se queda muy corta. Haby es un personaje idealista sacada de un cuento de hadas que pretende cambiar el mundo con una campaña de panfletos; Blaz, uno de sus amigos, se ve envuelto en una espiral de violencia forzada, repentina y sin demasiado impacto emocional, y Pierre parece más un villano de dibujos animados, con decisiones arbitrarias y tomadas en caliente, que un político real.

Las tramas de la película avanzan muy poco a poco, sin acabar de despegar ni ofrecer un calado emocional para estos personajes. Por momentos, parecen más títeres siendo arrastrados de escena en escena por una entidad superior, solo para que echemos otro vistazo a esos barrios marginales, para los que en realidad nunca ofrece una solución real.

Parece que la cinta no sabe bien lo que quiere contar a nivel argumental, y todo acabaría resumido en darle una vuelta al título. ¿Quiénes son realmente los indeseables aquí? Lo cierto es que está claro desde el principio, por lo que no es una perspectiva nueva ni sorprendente.

Es evidente que ninguna cinta aportará soluciones a un problema tan estructural y arraigado en la sociedad como este en menos de dos horas, no pedimos eso, pero sí que sea honesta consigo misma y con el tema que está tratando. Y lo pedimos porque sabemos que puede hacerse mejor. De hecho, la propia película lo hace.

Lo hace cuando permanece en silencio, olvida la trama principal y deja que el poder de la cámara refleje una realidad horrible, injusta y con mucha menor repercusión de la que debería. Lo hace con esos planos cerrados y claustrofóbicos dentro de los edificios casi en ruinas, lo hace con las comidas de barrio donde todo el mundo comparte, no como los individualistas políticos, y lo hace en planos cuidados con detalle como cuando los colores de un edificio en ruinas se mezclan con los del ataúd de una mujer que acaba de morir. Esos edificios y ese contexto simbolizan la muerte para aquellos que viven dentro. Lamentablemente, al igual que en un ataúd, no pueden salir. 

Los indeseables no es una película perfecta. Tiene fallos y virtudes. Como las propias personas. Y, aun así, es una cinta digna de aprecio, porque de todos las temáticas, problemas y situaciones complejas que existen en el mundo, decide atreverse a afrontar una de las más difíciles.

El hecho de que tenga el valor para contar estas historias, aunque no sea de la mejor manera, ya la convierte, o por lo menos según mi idea de lo que debería ser el cine, en una buena película. Porque ninguna propuesta que trate de reflejar las miserias sociales que asolan nuestro mundo será nunca una mala obra. El cine, y cualquier herramienta artística, debería estar al servicio del pueblo, para despertarlo de un estado de sueño que parece ser la norma hoy en día.

Deberían hacerse más cintas así, porque más películas implica que, aunque sea por pura estadística, tendremos mejores ejemplos, y con suerte alguna de esas, o la unión de varias, podrán cambiar un poco la situación.

Los indeseables, de Ladj Ly

Los indeseables, de Ladj Ly

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