Curtocircuíto 2023: Planeta GZ

Non te vexo, de Xacio Baño

Non te vexo, de Xacio Baño

La sección Planeta GZ regresa un año más, acercando al público de Curtocircuíto las propuestas más arriesgadas del cine gallego actual. Este año, como casi siempre, contamos con una selección muy variada y heterogénea, llena de contrastes, aunque varias de las piezas tienen algún nexo en común, como cierto intimismo dominante en el audiovisual gallego contemporáneo y su apego a la tierra, estableciendo una profunda conexión con ella.

Ruovesi es una obra delicada, natural y sensible que adolece de un ritmo descompasado, fruto de los abruptos, aunque sugerentes, cambios de escenario, así como por su insistencia en entrelazar distintos planos temporales poco contextualizados. Andrea Zapata-Girau articula una obra que crece por momentos, pero que en su conjunto acaba por sentirse muy poco consistente. Hay un núcleo fuerte y esa idea familiar sobre la maternidad que recorre el relato, que lo vertebra y lo hace humano, que es líquido como un río atravesando un valle, pero existe cierto hermetismo a la hora de presentar las situaciones que impide acceder y ser partícipe.

Alicia fai cousas, de Ángel Santos, forma parte de ese tipo de piezas que logran hacer mucho con muy poco, que crean con lo mínimo indispensable pequeños universos llenos de vida, dignificando la obra y haciendo que destaque por encima de otras semejantes. En su aparente sencillez, de un minimalismo incendiario, esconde su mayor secreto, al igual que ocurre en el cine social francés o en el británico de autores como Ken Loach: un retrato directo de la vida y la fuerte empatía que desprenden sus personajes. Grabar en localizaciones reconocibles ayuda, el hecho de tratar temas y preocupaciones actuales, aparentemente banales, también. Una obra muy sólida, con muchas capas, a la que no se le ven las costuras. Es cierto que no asume riesgos, tampoco lo necesita, le basta con centrarse en conseguir una buena interpretación principal y apoyarse en un guion que sabe jugar bien sus cartas. Que la protagonista sea actriz en la ficción no es algo para nada azaroso, todo tiene intencionalidad y nada es gratuito en esta pequeña gran obra generacional.

Jugar con los espacios y con los cuerpos es algo que Anxos Fazáns sabe hacer muy bien, dio muestras de ello en su primer largometraje, A estación violenta, pero en Habitar va más allá, consiguiendo desdibujar ciertas fronteras y tender puentes que ya deberían estar erguidos (pero no, así somos). Una pieza comprometida, emocional y llena de vida. Tiene algo físico y una naturalidad desbordante que nos hace conectar de forma sencilla con ella. Una reflexión necesaria y bienvenida, de una autora que parece tener claro su camino.

La marcada personalidad de Borja Santomé es una gozada para los sentidos. Ante sus piezas solo queda vaciarse y dejarse llevar, no existe otra acción u opción posible. Alguén me chamou serpe negra quizás sea de las obras más personales del autor, de las más “descifrables” incluso, pero la necesidad de fluir con ella vuelve a ser la tónica dominante. La pieza, adornada de imágenes evocativas como la del centollo con el cigarro, es toda una suerte de irreverente galimatías audiovisual que puede tanto agradar como expulsarnos de ese universo, rico y lleno de matices, pero también excesivo, neurótico y cegado por una tormenta psicodélica multitonal que a veces resta más que suma.

Alguén me chamou serpe negra, de Borja Santomé

Alguén me chamou serpe negra, de Borja Santomé

Devocións es una obra frágil, confusa y compleja, por lo menos para este crítico, que funciona mejor internamente, en su discurso autoral, en la lectura que sacas tras un coloquio o reflexión posterior, más que por lo que puede recibir el espectador medio durante su visionado. La pieza de María Serna y Ángel Montero es una obra encapsulada, fría y distante que responde más a una experimentación formal que a una búsqueda narrativa concreta, y ahí es donde descansa su interesante apuesta por fragmentar la imagen, retorcerla, y ver qué nos puede ofrecer al llevarla hasta ciertos puntos, para descubrir qué tipo de poética podemos construir desde allí.

Fragmentar las imágenes, dudar de ellas y cuestionar sus significados es algo a lo que Xacio Baño ya nos tiene acostumbrados. En Non te vexo, su nueva pieza corta, ganadora de la sección Planeta GZ, encontramos ciertas manías recurrentes en su filmografía. En ella, el director, partiendo de una base que ya había establecido en su cortometraje anterior, Augas abisais (2020), trabaja con conceptos como el pasado y la historia, para hablar de la forma en la que construimos nuestra memoria, mediante una contraposición con la fotografía en un hermoso retrato de apariencias, secretos y realidades, donde no todo es lo que parece.

En múltiples campos y haciendo uso de una gran cantidad de material audiovisual, Enar de Dios compone su nuevo ensayo audiovisual, Ecotone, una obra de raigambre científica, densa y algo farragosa, pero que consigue hacer reflexionar sobre el control que ejercemos sobre los diferentes espacios en los que vivimos o por los que a veces transitamos, esa aparente necesidad humana de organizar y limitar todo.

Ulises, la obra dirigida por Félix Brixel, y producida por Gaitafilmes, hace de la tierra un espacio inhóspito y árido, un personaje más que es la absoluta protagonista de esta historia telúrica que trabaja muy bien con los silencios y concede todo el poder a la imagen. Es una pieza compleja de disfrutar, pero admirable desde su retrato paisajístico y la deriva constante de sus personajes fundidos en los montes y prisioneros de esa espesa niebla donde viven, convirtiéndolos en fantasmas desnortados. Hay una caligrafía visual (su gran punto fuerte) muy bien definida que empuja el relato hacia delante, a pesar de ese ritmo pausado (que no lento) del metraje. Se trata de una obra muy sensorial ante la cual es mejor abandonarse que intentar descifrarla. Un trabajo muy completo que funciona en casi todos sus frentes.

El paisaje como razón y fundamento narrativo lo volvemos a encontrar en Bloom, el nuevo cortometraje de Helena Girón y Samuel Delgado. En esta propuesta, los ecos de sus obras anteriores resuenan con mucha fuerza y las imágenes están bien tratas y ayudan a revelar la naturaleza fantasmagórica de la escurridiza isla de San Borondón, que finalmente fue encontrada en las profundidades del mar, pero es el tratamiento sonoro lo que permite seguir la pieza hasta el final sin perder la atención. Un aire místico envuelve el relato. No pudimos sino advertir ciertos paralelismos con Ulises en esa representación de los personajes diminutos, casi fundidos en el paisaje, en contraposición con esa naturaleza implacable y cargada de presencia.

Bloom, de Helena Girón & Samuel M. Delgado

Bloom, de Helena Girón & Samuel M. Delgado

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