FRANCESCO ROSI, POETA DE LA VALENTÍA CÍVICA

APUNTAMENTOS SOBRE ‘LE MANI SULLA CITTÁ’, PEDRA ANGULAR DO CINEMA DE COMPROMISO ITALIANO ·

La verdad no es siempre revolucionaria”


La frase, como si de un epitafio se tratase, cierra Cadaveri eccellenti (1976), uno de los filmes más exigentes del napolitano Francesco Rosi, que utiliza en este caso el género policíaco para denunciar los maquiavélicos mecanismos del poder político y judicial. Es la conveniente respuesta de un compañero de partido comunista a otro, periodista, que se queja de la facilidad del pueblo para aceptar la versión de los hechos del gobierno en un oscuro caso de asesinato político.

Esta réplica podría resumir en gran medidala sensación amarga que dejan los filmes de Rosi, conocido como “el poeta de la valentía cívica”, gracias al libro de referencia (en inglés) del autor1, que no ha encontrado el mismo éxito crítico en castellano. Despachar en unas líneas su larga trayectoria de 17 largometrajes, a los que hay que sumar aquellos en los que trabajó como asistente de dirección (se estrenó con La terra trema, de Visconti, y siguió a las órdenes de Matarazzo, Emmer, Antonioni, Monicelli y Alessandrini); sería rendirle un flaco favor.

Hay un filme muy a inicios de su carrera, Le mani sulla città (1963), que contiene ya todos los elementos de su principal contribución al cine, la ‘cine-inchieste’, inaugurada un año antes con Salvatore Giuliano (1962). En palabras de Millicent Marcus, se trata de “investigaciones cinemáticas de casos que hilan relaciones de poder entre personajes carismáticos, corporaciones, organizaciones criminales y el Estado”2.

Esta marca autoral mezcla periodismo y ficción a partes iguales, adoptando modelos estéticos y procesales del reporterismo, incluso con estructuras narrativas propias del ensayo, pero con guiones claramente construidos con la vista puesta en las relaciones entre personajes. Heredero directo del neorrealismo, en el que se formó técnica y artísticamente, Rosi va más allá de la denuncia social, para erigirse en talentoso diseccionador de las relaciones entre la política, la policía, la magistratura, los empresarios y la mafia en la Italia de su tiempo; realizando así retratos tan demoledores del poder, que devienen en contundentes y universales obras de arte.

Excelente Rod Steiger en 'Le mani sulla città', donde interpretaba a un personaje que evidencia los vínculos entre corporación y Estado en la economía de mercado neoliberal

La realidad social y ambiental de Nápoles

Para entender bien la relevancia de su método, basta analizar Le mani sulla città, quizás su filme más emblemático, y ponerlo en relación con otras películas capitales en su trayectoria. La cinta, ganadora del León de Oro en Venecia en el 63, es una crítica sin concesiones a la especulación inmobiliaria en su natal Nápoles. Edoardo Nottola, interpretado por un sublime Rod Steiger, es un empresario de la construcción que llega a un trato con el alcalde (de su propio partido, el conservador) para que unos terrenos que compró por cuatro perras pasen a ser edificables. Uno de los líderes de la oposición, el comunista De Vitta3, se da cuenta de que ese proceso va contra el plan urbanístico aprobado en el ayuntamiento, y propone abrir una investigación para desenmascarar a los corruptos. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, el bloque de centro-derecha acepta crear una comisión a tales efectos, para dar un claro mensaje de transparencia democrática.

Esto le permite a Rosi estudiar el funcionamiento interno de la administración italiana, dejando al descubierto sus más grandes faltas. En concreto, mostrar “los mecanismos por medio de los cuales el poder dominante puede alterar los proyectos mismos, con el fin de conseguir un resultado, llegando hasta a modificar las reglas existentes que, al contrario, deberían haber sido elaboradas para mantener el respeto de una convivencia democrática y civil”4.

Es necesario destacar que el realizador no tomó un caso particular para escribir el guion, aunque sí buscó la inspiración en los periódicos para lograr “la realidad social y ambiental de la ciudad de Nápoles”5. Este tratamiento proporciona un alto grado de realismo, provocado por la manera en la que las escenas de la vida pública están rodadas.

Al inicio del filme, la demolición del edificio que origina la discordia está filmado cámara en mano, con panorámicas y zooms propios del reporterismo, que proporcionan dinamismo y veracidad a la secuencia. No obstante, la reconstrucción de los hechos, la planificación, no podría ser más cinematográfica. Con los primeros minutos que transcurren a tiempo real, las elipsis marcan después un ritmo más acelerado, que escenifica de forma mecánica y documental los procedimientos de los bomberos y la policía, al mismo tiempo que presenta algunos de los personajes que serán claves en la historia, y su posicionamiento acerca de lo que acaba de suceder.

La estructura narrativa del filme no tendrá después problemas para sumergirse en flashbacks y flashforwards, no necesariamente ligados cronológicamente, sino por conceptos que ayuden “en la búsqueda de la verdad, que deviene, en cierto modo, narración en sí misma”6. Esto es, las historias de Rosi procuran muy habitualmente hallar la verdad a través del cine, tarea que le resulta imposible al director, de ahí los finales abiertos, paulatinamente más acentuados con el paso de los años.

Este procedimiento no está lejos del ensayo, que liga conceptos de manera abstracta, o del reportaje periodístico, que ofrece siempre una interpretación de la realidad parcial e incompleta, por muy exigente que sea consigo mismo. El Rosi licenciado en Derecho, claro aficionado a estos géneros literarios, y consciente de sus posibilidades y limitaciones, decide incluirlos en su apuesta cinematográfica.

Volontè hizo dos agudos retratos del poder encarnando a Enrico Mattei y a Lucky Luciano, en la foto

Rosi, reportero cinematográfico

El resultado es una suerte de periodismo fílmico de altura, que reflexiona sobre varias cuestiones capitales del poder. En primer lugar, la responsabilidad moral del político por salvaguardar los intereses democráticos por encima de los personales. En este sentido, Rosi parece dar la batalla por perdida, aunque reivindique la lucha. Si De Vitta intenta desenmascarar a los corruptos en Le mani sulla città sin éxito, en Cadaveri eccellenti, una década más tarde, el propio comunista opta por esconder la verdad por intereses partidistas.

Otro filme político de la época, Lettera aperta a un giornalle della sera (1970), contiene una frase, recuerda su director, Francesco Maselli, que puede venir al caso para definir el desencanto de muchos militantes de izquierdas en ese momento: “La verdad es que nosotros queríamos cambiar el mundo, y finalmente ha sido el mundo el que nos cambió”.

Como si de un gurú se tratase, Rosi ya auguró con este filme, y más profundamente en Il caso Mattei (1972), las similitudes entre corporaciones y estados en la economía de libre mercado neoliberal. Nottola es constructor, pero también miembro del partido. Mattei no fue ministro, pero llegó a ser más poderoso que cualquier político. Con un discurso culto, pero populista cuando debía serlo, el director de ENI (compañía estatal de energía) se movía entre el idealismo y el narcisismo. Profundamente nacionalista y práctico, frío y calculador, fue capaz de librar una batalla con los EE.UU. por el control del petróleo. Pensaba como un empresario, pero actuaba como un hombre de estado.

Fuera de la legalidad, pero con unos códigos éticos que escapan a la doble moral de los políticos, el mafioso Lucky Luciano (1973), interpretado soberbiamente, como Mattei, por Gian Maria Volontè, utilizaba similares mecanismos de control de su imperio.

Rosi atribuye el laxo sistema judicial, político y policial a una dependencia del contrabando a finales de la Segunda Guerra Mundial, integrándose éste en las instituciones legales desde su constitución. Es esta misma razón la que habría permitido a la mafia persistir en la Italia de la posguerra, hasta convertirse en un mal endémico. El comercio otorga el verdadero poder político.

Rosi dirige a Ventura en 'Cadaveri eccellenti', donde usa el policíaco para lanzar un ataque a la magistratura italiana

Volontè y Steiger, símbolos del poder

Los personajes de Rod Steiger y de Volontè en estos tres filmes son sobradamente carismáticos para justificar por sí solos la realización de las cintas, pero el interés de Rosi no es tanto explorar este carisma, como “intentar descubrir las redes sociales, políticas, legales e ilegales en las que estos individuos ejercen su poder y en las que, en cierta manera, están presos, y por las que son, finalmente, espachurrados”7. Un sistema hostil.

Un sistema hostil, que resiste también en cierta manera gracias a la desinformación. “La verdad no siempre es revolucionaria”. Mostrándose tan amante del periodismo, era de prever que Rosi radiografiase la relación de la prensa con la política. Los reporteros acuden en sus filmes a la llamada de los hombres de partido. Exigen a menudo “el pueblo debe saber”, pero no digieren.

Incluso cuando se deciden a investigar un poco, su agenda acaba marcada sin remedio por las instituciones, que manipulan los hechos. Esto es, el público nunca llega a conocer la verdad. Los periodistas son, en los filmes de Rosi, procuradores de misterios, no de certezas. En esto también el napolitano se muestra negativo, quizás, realista.

En resumen, Rosi ofrece, a partir de estas marcas, un demoledor retrato del poder, tanto fuera como dentro de la política. Su trayectoria a lo largo de cuatro décadas es buena prueba de esto, aunque la última etapa de su filmografía esté más centrada en adaptaciones literarias, siendo la más célebre y destacable Cristo si è fermato a Eboli (1979), tercer filme casi consecutivo con Volontè, que lleva a la pantalla con éxito la novela de Carlo Levi.

Con mayor o menor acierto, sus películas se revelan hoy fundamentales para entender el actual devenir socioeconómico de Occidente, apuntando vías de resistencia política aun válidas desde el cine. Francesco Rosi es, hoy más que nunca, ese necesario poeta de la valentía cívica.

__________

(1) TESTA, Carlo (ed.), Poet of Civic Courage: The Films of Francesco Rosi, Wiltshire, Inglaterra, Flicks Books, 1996

(2) MARCUS, Millicent, “Beyond cinema politico: family as political allegory in Three Brothers” en Poet of Civic Courage, p.116

(3) Carlo Fermariello, político en la vida real, dio vida a De Vitta de manera magistral. La inclusión de actores no profesionales es otra de las características de Francesco Rosi, que en esta ocasión acertó de lleno con su selección.

(4) Sacado de una entrevista al director en PRUDENZI, Angela e RESEGOTTI, Elisa (coord.), Cinema político italiano. Anos 60 e 70: Apreciaçao e crítica, São Paulo, Edições Mostra Internacional de Cinema / Cosac Naify, 2006, p. 64

(5) Ibídem. p. 66

(6) MOLITERNO, Gino, “Great Directors: Francesco Rosi” en Senses of Cinema, núm. 26 (mayo 2003)

(7) Ibídem

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