ON THE BEACH AT NIGHT ALONE, de Hong Sang-soo

Uno de los textos más hermosos que he podido leer este año sobre crítica de cine es la transcripción del discurso que Roland Barthes le dedicó a Antonioni durante el homenaje realizado al cineasta en la ciudad de Bolonia. En él, Barthes señalaba las características que hacen a un cineasta moderno y, en consecuencia, enumeraba tres virtudes que caracterizan a un verdadero artista: “la vigilancia, la sabiduría y la más paradójica de todas, la fragilidad”. Aunque el discurso iba dirigido a Antonioni, al leerlo no puedo dejar de pensar en como anticipa también las características de otro autor, imposible de definir mejor que como un cineasta de la fragilidad.

Y es que Hong Sang-soo es el creador que mejor ha utilizado el cine para hablarnos de la fragilidad de las relaciones humanas en nuestra sociedad contemporánea. Unas relaciones intermitentes y marcadas por la torpeza y el azar, donde situaciones y personas se suceden casi como variaciones imperceptibles de las demás y donde una conversación significativa o un instante de empatía son fruto de un conjunto de factores tan complejo que casi se escapa de nuestro control. Unas relaciones que se ven enmarcadas, en el caso del su cine, dentro de un juego formal cuya principal característica es la fragilidad de la continuidad narrativa, sucediéndose atractivos bucles de repeticiones, variaciones y temas e imperceptibles cambios de intérprete, tiempo y espacio.

2. vagabundeo

¿Qué hace entonces tan especial a On the beach at night alone, dentro de una trayectoria que tiende a la repetición temática y a la fragilidad y dentro de un año tan fecundo para el director, en el cual ha estrenado otras dos películas? Su grandeza se encuentra en que en esta, más que nunca en su filmografía, las barreras que separan realidad y ficción son frágiles y porosas, dejando que lo narrado se sienta real y desgarrado en su sentido más apegado a la vida.

Por todos es conocida la problemática relación que Hong y Kim Min-hee, protagonista de la película, entablaron durante el rodaje de Right now, wrong then (2015), e indisoluble es ya del acoso mediático que la pareja sufrió por parte de la prensa coreana. Estos hechos terminan reflejándose en el tratamiento argumental de On the beach at night alone, donde Younghee, alter ego de Kim Min-hee, es una actriz que decide viajar a Hamburgo para cerrar las heridas abiertas por una tormentosa relación con un director de cine casado.

Así, cuando la mejor producción audiovisual del año 2017, la tercera temporada de Twin Peaks (David Lynch y Mark Frost, 2017), trataba de introducirse en la cabeza de una muerta y saber qué piensa, la película de Hong parece hecha para saber qué ha sentido el amante y qué queda de ello en la actualidad. Filmar se convierte en un registro del deseo de ver, de escrutar el rostro y el gesto de la amada, como Rossellini en Stromboli, terra di Dio (1950), o como la paradigmática escena de cama de Lost highway (David Lynch, 1997) que Žižek analizó en The Pervert’s Guide to Cinema (Sophie Fiennes, 2006).

Una forma de diálogo indirecto entre actriz y director emplazada en el lugar de rodaje, donde cuesta no imaginar a Hong siguiendo su ya mitificado método de rodaje: escribiendo hasta altas horas de la noche el siguiente diálogo para Kim Min-hee y observando desde la distancia sus reacciones y sus pequeños cambios gestuales, tratando de desentrañar los itinerarios emocionales de un amor ya de por sí en constante escrutinio por el espectador. El resultado es una película imperfecta sí, pero que se siente auténtica, una celebración del cine como espacio donde la frontera entre realidad y ficción, entre lo íntimo y lo imaginado, se nos muestra deliveradamente demolida.

Superada esa faceta voyeurista, la película se presenta como un film dificil de asir, resistente a una categorízación única y cerrada. Como recordaba Borges “La obra que perdura es siempre capaz de una infinita y plástica ambigüedad: es todo para todos, […] un espejo que declara los rasgos del lector y es también un mapa del mundo”. A una película frágil solo le puede corresponder un texto frágil y por ello, a la hora de analizarla se impone el eco, el reflejo de alguna de las muchas ideas que en ella aparecen.

manos

Uno de estos ecos es el interés que Hong Sang-soo muestra por las potencialidades plásticas del gesto. En un tema que atraviesa su filmografía, pero que en On the beach at night alone adquiere un enigmático atractivo, Hong nos muestra una sucesión de primeros planos de manos en principio desconectados del conjunto narrativo de la película. Pueden ser gestos anecdóticos, como Kim Min-hee acariciando delicadamente una flor o uno de los secundarios separando legumbres en lo que parece una metáfora de todo su cine, pero siempre poseen una belleza singular; manos activas y bressonianas que buscan la belleza o tratan de aprehender y reordenar el mundo sensible.

También es una película que reflexiona sobre las posibilidades sanadoras del viaje. Uno de los pilares sobre los que se sustenta buena parte del cine de la modernidad es el viaje de autodescubrimiento involuntario de una pareja en crisis a través de Italia. Pero aunque Viaggio in Italia (Roberto Rossellini, 1955) resulte familiar (también en su unión entre cine y vida) es distinta a la película de Hong Sang-soo: pese a su pesimismo, todavía deja entreabierta la posibilidad de un viaje como elemento transformador. Sin embargo, en On the beach at night alone este ha sido sustituído por una noción de viaje más cercana al vagabundeo tal y como lo entiende Deleuze. Como los personajes de Gus Van Sant, Pedro Costa o Chantal Akerman, Kim Min-hee recorre Corea y Alemania, playas y ciudades, exteriores e interiores, como un ser incapacitado para la acción, reducido a la pasividad y que asiste a una sucesión de personas y territorios de paso ajenos a la memoria y carentes de centro.

2. no reconoce

Este vagabundeo, como en el caso de La dolce vita (Federico Fellini, 1960), acaba siempre cerca del mar. Como el propio nombre de la película indica, la playa tiene un significado especial en On the beach at night alone, así como en el conjunto de la obra de Hong Sang-soo. No es este el lugar indicado para profundizar en la importancia de este espacio a lo largo de toda su obra, pero aquí la playa es el lugar del cenit amoroso, un espacio donde se sublima el deseo y se dirime el futuro sentimental de la protagonista. O un lugar para la fantasía y la elucubración, ya sea de la memoria colectiva o la imaginación personal. Lugares donde (intentar) cerrar las heridas y donde realizar el auténtico viaje: el interior.

En la playa es donde se dan los reencuentros (reales o imaginados) con el amante ausente, presente en un (casi) permanente fuera de campo. Estos reencuentros, que suceden en un espacio real o solo en la cabeza de la protagonista, son los que permiten que la rabia y la culpa afloren en ese ejercicio de exorcismo vital que dota de sentido a la película. Así, playa y lugar de conversación alcoholizada, quizás los espacios más característicos del cine de Hong Sang-soo, se juntan mediante el cuerpo femenino: fisicamente real y vaciado de significado, uno imaginado y catárquico otro, son el lugar en que desemboca el filme. Su secuencia final, con Kim Min-hee deambulando por la playa después de despertar, parece querer llevar de nuevo a las imágenes al terreno de lo íntimo. Como el rostro de Giulietta Masina al final de Le notti di Cabiria (Federico Fellini, 1957), el rostro y el cuerpo femenino vuelven a ser un a incógnita sobre el valor de lo experimentado. ¿Han conseguido Hong Sang-soo y Kim Min-hee cerrar sus heridas o queda solo un vagar continuo, una resaca después del amor vivido en el pasado?

3. durmiente exterior

En cualquiera de los dos casos es necesario revindicar películas como On the beach at night alone, abiertas en canal a la vida y escritas desde la más cercana experiencia de lo íntimo. Películas que pese al dolor que implica realizarlas y quizás incluso más, mostrarlas al público, escogen para ello el lenguaje del respeto y lo sensible, escapando del exhibicionismo y lo afectado. Películas que revindican el hecho de rodar como una peregrinaje de pareja para intentar exortizar los fantasmas que nos acechan.

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One Response to “ON THE BEACH AT NIGHT ALONE, de Hong Sang-soo”
  1. Alex Hunter dice:

    Li cerca de uma dezena de criticas sobre os filmes de Hong Sang-Soo de este ano. Muitas delas em espaços bem mais mediáticos do que esta modesta cuarta parede. No entanto, esta foi, sem dúvida, a critica melhor escrita e mais bonita que li, podendo apenas haver sido escrita por um verdadeiro amante do cinema do coreano.